lunes, 14 de febrero de 2011

A propósito de Egipto y Túnez: Los faraones modernos

"Una revolución es el triunfo de los ambiciosos de abajo sobre los medrosos de arriba".- Santiago Rusiñol i Prats (1861-1931) Pintor y escritor español.


“El gran juego empieza ahora, cuando el espantajo de Mubarak sale de escena y los focos iluminan a sus sucesores”
(Por GABRIEL ALBIAC, “ABC”, 14/02/2011)
“La clave del dominio está en hacer que aparezca como evidencia lo contrario exacto de lo que sucede. La política es el arte de tejer ficciones con las cuales suplir la realidad. Fábrica de espejismos, que son único suelo firme sobre el cual se alza el glacial palacio de espejos de la sumisión. Egipto ahora. Como último laboratorio del álgebra del golpe de Estado, que teorizó Gabriel Naudé, en 1639, para dar razón de una toma del poder tan vertiginosa «como el rayo que aniquila antes de que el trueno pueda ser escuchado».

La esfinge y la pirámide, simbolos
de un Egipto anclado en el pasado
 “Un dictador asienta su estabilidad sobre el control absoluto de aparatos represivos que no pueden permitirse flaquezas. Ese control puede ejercerlo él, o bien delegarlo en un fiel vicario. La primera hipótesis entraña una fuerte erosión de esa imagen de padre severo pero justo sobre la cual se asienta la leyenda dictatorial. La segunda trae consigo riesgos difíciles de acotar: el poder que, bajo una tiranía, acumulan la policía política y los servicios de inteligencia es ilimitado. Y la tentación de —como el Iznogoud del cómic de Goscinny— «ser Califa en lugar del Califa», late siempre en el hombre que sabe todo de todos y puede con todos hacer lo que le venga en gana: prisión, como tortura, como muerte. En el plazo largo, hay sólo dos opciones: o el dictador va decapitando a sus sucesivos hombres de las alcantarillas, o el hombre de las alcantarillas acaba por asaltar los salones de palacio, con todas las posibilidades de éxito que el material de engaño acumulado pone a su alcance.
“Un militar —el cuarto desde la independencia de Egipto— ha caído; estaba políticamente muerto desde hace cuatro semanas. Un militar —el quinto desde la independencia de Egipto—, el señor de las sombras, el control y la tortura, Omar Suleiman, ha dado jaque a Mubarak: refriega entre generales. De los jóvenes a los que torturó, encarceló, asesinó durante dos decenios, ha hecho instrumento de su ascenso. No se le puede negar astucia. Pero el gran juego empieza ahora, cuando el espantajo de Mubarak sale de escena y los focos iluminan a sus sucesores. De momento, les bastará con una convencional retórica, hecha de palabrería populista y garantías internacionales. Muy pronto, sin embargo —y eso Suleiman lo sabe mejor que nadie—, llegará la hora de la verdad: la recomposición de un nuevo régimen que no ponga en riesgo los básicos privilegios de la casta armada.
“Egipto no es El Cairo. Como no era Argelia Argel en el no tan lejano año 1991 que vio ganar al islamista FIS las elecciones y desencadenar una guerra civil entre religiosos y militares, cuyo rebote temen ahora los argelinos. Suleiman debe saber —o sospechar, al menos— qué dirían las urnas del Egipto profundo en unas elecciones libres. Y cuáles serían los costes de una victoria de los Hermanos Musulmanes y de sus periferias más extremas: desde la pérdida de las inmensas ventajas que la corrupción generalizada otorga a los militares, hasta el riesgo bélico que la ruptura del tratado de paz con Israel arrastraría.
“El gran juego no ha hecho más que comenzar. Pueden vencer militares o clérigos: los que poseen armas y medios organizativos. La población, en esta partida, es rehén y envite. Sacrificable.”

He preferido silenciar mis comentarios y opiniones mientras la crisis de Túnez iba “madurando”, al igual que me ha parecido lo más conveniente que se produjera el desenlace de la crisis política egipcia.
Especialmente, porque una cosa es lo que se difunde por los medios de comunicación y otra bien distinta, en la mayoría de ocasiones, lo que acontece y sus raíces, No se trata de que los informadores desfiguren o cambien la realidad, sino que ésta ya es presentada con ribetes distintos a la verdad desde los propios poderes gobernantes.
No cabe duda de que tanto en Egipto como en Túnez, y en cierta medida en Argelia, el pueblo ha salido a las calles y ha reclamado mayor democracia y libertad y ha pretendido el cese de los gobernantes, especialmente de las cabezas del poder, que lo mantienen durante lustros y décadas.
Alguno ya ha caído,
otros "están a remojo"...
No es tampoco objetable que tanto en Egipto como en Túnez, como también en Argelia, una mordaza (a veces sutil) controla la libertad de expresión y el ejercicio de los derechos ciudadanos, no digamos siquiera los derechos democráticos, sino los derechos humanos. Y ése es el común denominador en la mayoría de países árabes que nos aparecen con una vida política estable, como Marruecos, o Jordania, o Siria, o Yemen.
Se trata de pueblos anclados en tiempos y formas de vida arcaicos y ancestrales, en gran parte fruto de la religión dominante, y en otra parte víctimas del absolutismo de sus gobernantes.
Sin embargo, esos países, sus gobernantes, han sido no solamente soportados, sino apoyados desde los gobiernos del llamado Occidente, y no exclusivamente de la Unión Europea, sino los Estados Unidos de América y sus aliados de acullá.
Puro interés económico… por salvaguardar la deuda contraída por esas naciones árabes y por continuar disfrutando de los productos energéticos (petróleo, gas natural) que son los principales suministros para muchas economías industriales modernas.

Los nuevos faraones español

Así, los intereses económicos fuerzan a mantener los regímenes imperantes, con olvido de si sojuzgan o no a sus pueblos, porque money is money. Mejor mirar hacia otra parte…
Y resulta que España, que siempre se ha autoproclamado “hermana” de los países árabes, se está manteniendo en esa postura de absoluta tibieza que caracteriza a las cancillerías de Occidente, con un punto más de desatención, con esa política errática que inició el “desatinos” de Moratinos, y esa “inutilidad” de Trinidad, a quien algunos consideran ministra, de apellido Jiménez. Se ha dicho desear se respeten los derechos humanos y se dirija la política en esos países hacia la democracia, de manera pacífica y sin violencias, pero ello se ha ido diciendo a medida que se ha ido comprobando que los sátrapas, los faraones modernos, los líderes absolutistas, han ido perdiendo soporte, y las algaradas callejeras iban triunfando. Claro que, probablemente por ineficacia o incapacidad, no se ha reparado en que “ a río revuelto, ganancia de pescadores”, es decir, en el vacío creado por los abandonos de los dictadores pueden estar “colándose” otros más peligrosos, como los fundamentalistas teocráticos de la rama iraní, o los “hermanos musulmanes” (sugerentes de todo menos de la hermandad), o cualesquiera radicales, tipo Al-Qaeda.
Poderoso caballero es don dinero...
Ando yo cavilando sobre estas cosas cuando al socaire del recuerdo de los faraones, me vienen a la mente los “virreyes” de España, esos líderes de las autonomías, nacionalidades o regiones, que no solamente se dedican a derrochar en delegaciones en el extranjero sino en negocios cada vez más irregulares, al peor estilo de la derecha y de la izquierda, que cojos de cada una de dichas extremidades tenemos en España. Esos presidentes de autonomías que, amparados en el servilismo errático del mequetrefe que dice presidir el gobierno, cada vez venden más caros sus votos para mantener en un efímero y dañino poder al zapatero más remendón que España ha soportado en los últimos años, en esta última treintena de años democráticos.
Son cual modernos faraones, aparentemente liderados por el Tutankhamon mayor, que bajo las formas democráticas, impone la dictadura de los “regalos” estatutarios y de prebendas, panal de rica miel al que espero ver que algún día renuncie o deje de acudir cualquier gobernante autonómico.
Que no falte el humor...
Yo haría un tripartito de gobierno, integrado por el zapatero mayor, sus ministros, los presidentes autonómicos, y una centena de alcaldes, e impondría que se fueran escardar cebollinos, levantando así la economía agrícola, tan depauperada, mientras que los parados, los mileuristas, los que ya no tienen ni subsidio de supervivencia, organizaran el gobierno de la nación bajo el mandato de algún entrenador de fútbol, de los pocos que hay sensatos, como por ejemplo el Josep Guardiola, para que a base del “tiqui-taca” se fuera armando una economía real y no ficticia ni de derroche, para que, una vez controlada la “pasta”, se pudiera volver a elegir un gobierno sin faraones y con buenos administradores.
Soñar, amigos míos, no cuesta dinero… Y menos en el “día de los enamorados”…
"Allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia".- Platón (427 AC-347 AC) Filósofo griego
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

No hay comentarios:

Publicar un comentario