martes, 21 de diciembre de 2010

A Tamara...

NOTA.- Publicado en la víspera de la fecha a que se refiere
Escudo de la realeza de Georgia

“Tamara, reina de Georgia, vino al mundo a fines de junio de 1159, siendo miembro de la casa real de los Bagrationi. Tamara era la hija del rey Gregorio III, monarca de Georgia, y por ende nieta del gran soberano David II Bagrationi, apodado «El Restaurador.» La niñez de Tamara transcurrió entre los lujos que gozaban las princesas y una educación severa, ya que se esperaba que algún día asumiera el trono. Aficionada a la cetrería, la cacería y excelente amazona, Tamara al llegar a la adolescencia dio muestras de ser una rara combinación de belleza, astucia y erudición. Gregorio, su padre, estaba tan orgulloso de ella que la hizo coronar co-regente en 1178, cuando le faltaba poco para cumplir 19 años.
Al lado de su padre, Tamara aprendió a conducir batallas y a reinar, por lo tanto cuando su papá murió en 1184 ella estaba más que lista para tomar las riendas de la monarquía en sus manos.
Para poner las cosas en orden, Tamara se hizo re-coronar en aparatosa ceremonia por el arzobispo de Kutaisi.
Sin embargo, Tamara al ascender al trono tuvo que colocarse bajo la tutela de su tía (hermana de su padre) Rusudani. Fue esta autoritaria tía la que le eligió el primero de los maridos que tendría Tamara.
En aquel entonces no era usual que una doncella llegara a los veinticinco años sin casarse, ya que las condiciones de vida -aún las de los nobles- envejecían a las mujeres antes de tiempo. No era inusual que las chicas a los catorce años ya estuvieran matrimoniadas, y con un hijo ya nacido.
Guapo, zalamero y adulador, Jorge Bobolyuski era el hijo del Gran Príncipe Andrés de Kiev, y conocía el exilio desde chico. Era tres años menor que Tamara. Jorge renegó afirmando que le casaban con una mujer que podría no ser fértil por su «avanzada edad».
Jorge resultó ser un dolor de cabeza para Tamara. Ella era seria, disciplinada, austera y muy ordenada, y él era un juerguista habitual, ya que pasaba días enteros bebiendo, comiendo y en orgías con los esclavos y sus concubinas. Jorge, de vez en cuando, en medio de sus juergas, le reprochaba a Tamara que ella no tuviera hijos con él, pero no mencionaba las pocas veces que él compartía lecho con ella...
A los dos años de estar aguantando a su insoportable marido, Tamara puso fin a la historia, permitiéndole a fines de 1189 que se fuera al exilio, sin ella pero con una buena pensión. Poco después de librarse de Jorge, Tamara se casó nuevamente, esta vez con David Sosland, un príncipe osencio que descendía de un medio hermano de un ex monarca de la dinastía Bagrationi.
Cuando le llegó la información a Jorge de que su ex mujer andaba estrenando nuevo consorte, la ira del joven fue tan grande que reunió a muchos georgianos descontentos para armar una revuelta apoyado por el sultán seljuk Erzerum. La rebelión falló, pero Tamara pasó duros momentos ganando dos batallas. Jorge se arrodilló ante su ex mujer con lágrimas de cocodrilo, y ésta le perdonó para dejarle retirarse a Bizancio, donde siguió con su vida disoluta
Tamara intentó expandir al máximo su monarquía y, siguiendo los consejos de su tía Rusudani, contentó a la nobleza dando puestos de gobernadores de provincias a generales y a nobles prominentes.
La Tsaritsa Tamara, guerrera
En 1194 Tamara parió a un hijo llamado Gregorio y un año más tarde, tuvo a su hija Rusudani. A pesar de estar recién parida su hija, Tamara montó a lomos de su corcel y con sus huestes derrotó a unos rebeldes de las montañas de Samlzkhe. Pocos años después, su necio ex marido Jorge asomó de nuevo la cabeza, en 1200 para ser exactos, tratando de apoderarse del trono de Georgia, pero nuevamente fue derrotado a pesar de contar nuevamente con la ayuda de los seljuks.
Cuando Bizancio fue conquistada en 1204, Tamara mandó tropas a Trebizond y Kerasund en apoyo de su pariente, Alexis Comnenus, quien sería emperador bizantino en 1205. Tamara nuevamente marchó a la cabeza de las tropas y expulsó a los turcos en la batalla de Basiani en 1205.
Tamara envió a su hijo Gregorio como gobernador, y acabó recibiendo tributo de varios protectorados musulmanes y provincias rusas. En 1209 el emir de Ardabil atacó Georgia, matando a doce mil georgianos y llevándose como esclavos a muchos más. Un año más tarde, Tamara, muy enojada, se vengó al atacar al emir por sorpresa, logrando matar al propio mandamás y a más de doce mil pobladores. Como una advertencia, Tamara también atacó el norte de Persia, dejando un rastro de sangre que forma parte de su leyenda como guerrera insaciable.
Grabado de la reina Tamara de Georgia
Tras veinticuatro años de reinar, Tamara murió el 8 de enero de 1212, y fue sepultada con gran boato en la tumba de sus ancestros en Gelati. Tamara fue sucedida en el trono por su incapaz hijo Gregorio, quien apenas tenía 18 años al subir al trono. Gregorio resultó ser un pusilánime sin un ápice de la voluntad férrea o disciplina de madre. Era dominado por sus concubinas y murió dejando solamente un hijo bastardo. Al morir Gregorio en 1236, la hija de Tamara, Rusudani, quien ya era una guapa cuarentona, sucedió al pobre debilucho de su hermano, pero su reino fue muy breve debido a que poco después de ceñirse la corona como monarca indiscutible, los pavorosos invasores mongoles cayeron sobre Georgia.
La leyenda de Tamara la reina de Georgia sigue viva en la poesía, el canto y el teatro de la región, y muchas feministas han nombrado Tamara a sus hijas recordando las valientes hazañas de esta hermosa reina georgiana de la Edad Media.
(De Wikipedia y otras fuentes)

El lector me dispensará por el hecho de que hoy, 22 de diciembre, cuando ya la próxima celebración de la Navidad nos está envolviendo, distraiga mi y su atención y me ocupe de un cumpleaños muy especial, de alguien muy especial, de otra Tamara.
Tal vez podría ser una descendiente de aquella brava y sabia reina (Tsaritsa) de Georgia, porque muchas de sus cualidades semeja haberlas heredado de ella, aunque adornándolas con bondad, paciencia y rectitud.
Era allá por el año 2.002 cuando celebré su cumpleaños una vez más junto a ella y la familia, y “se me escapó” este poema:


La blanca nieve y el trigo de los campos;
El tenue sol de invierno en la mañana;
El día veintidós, Diciembre, Ucrania:
Un día plata y oro, al mundo orlando.

Lugar de Kremenchuk, el Dniéper, blanco;
Hielo invernal, imagen ucraniana.
Viento susurra, sinfonía enamorada:
Nueva estrella, naciendo al cielo manto.

Cincuenta soles adornan ya a Tamara,
Medio siglo de luz, trigo espigado,
Ojos verdes, luz, nieve, amor, en alba cara...

Fundidos en tu ser, Tamara amada,
Trigo en oro, sol en verde, estrella en plata.
Tú fulges entre nos al sol de España.



Y hoy, varios años más tarde, muchos acontecimientos después, con menos cabellos y más blancos, no solamente repito y publico para todos aquel poema, con motivo de un nuevo aniversario,  sino que quiero glosar que esta Tamara, española pero de hondas raíces ucranianas y rusas, es alguien a quien las crónicas recordarán porque hizo honor a la etimología de su nombre, que viene de “thamar”, "palmera", como una variante rusa del hebreo "tamar", y nombre frecuente en Rusia y en países vecinos, como, por ejemplo, la reina o tsaritsa que gobernó Georgia en la Edad Media (véase el relato precedente).
En Europa occidental el nombre de Tamara comenzó a divulgarse como consecuencia de los exiliados rusos que se instalaban en esta zona del continente, y se dice que quienes así se llaman suelen ser personas emotivas, adaptables, gentiles, vivaces, amigables, que aman las proporciones, de ánimo alegre y con visión hacia lo que está más allá de la superficie de los seres y de las cosas. Doy fe de que todo ello adorna a esta especial Tamara a quien hoy se dedica este post.
Esta Tamara que hoy gloso no es alguien que se prodigue en las notas de sociedad ni en las revistas del corazón. Se trata de una esposa, madre de familia, profesional de la medicina, que, llegada desde la querida tierra ucraniana, adorna España con su inteligencia, bondad, belleza, profesionalidad y sentido del deber.
La "española" tsaritsa Tamara inspirando al violinista zíngaro
Más de uno me preguntará, ¿quién es esta Tamara?.
Respondo que es alguien tan próximo, tan entrañable, tan mío, que, en su cumpleaños –que no puedo menos que compartir y celebrar con ella— quiero que se sepa que hoy brilla especialmente su estrella, y por ello, como aportación personal, le parafraseo estas bellas palabras del genial literato portugués Fernando Pessoa (1888-1935):
“Amo como ama el amor. No conozco otra razón para amar que amarte. ¿Qué quieres que te diga además de que te amo, si lo que quiero decirte es que te amo?”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

1 comentario:

  1. Muchas felicidades para una de las mejores personas que conozco!!! Amparo (tu enfermera y amiga)

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