lunes, 8 de noviembre de 2010

La visita del Papa a España: Ausencias, contradicciones, vergüenzas y conclusiones

“Cuando la lucha entre facciones es intensa, el político se interesa, no por todo el pueblo, sino por el sector a que él pertenece. Los demás son, a su juicio, extranjeros, enemigos, incluso piratas”.- Thomas Macaulay (1800-1859) Historiador y político británico
“La actitud sabia del copresidente Rubalcaba al recibir al Santo Padre a su llegada a España contrasta con el sectarismo de Zapatero que se ha inventado un viaje a Afganistán, flanqueado por sus marionetas Carmina y Trinidad, para eludir lo que el sentido común le exigía.
Lo de menos es si el Papa viene o no en viaje de Estado. Lo de más es que representa la religión abrumadamente mayoritaria en España. Y el presidente del Gobierno si quiere ser el presidente de todos, como es su obligación, debió abandonar esa ideología panfletaria de preuniversitario que le caracteriza y esperar al Santo Padre a su llegada a España.
En la despedida...
No lo ha hecho. Es un desplante para la galería excluyente como aquella sentada absurda al paso de la bandera de los Estados Unidos de América. El pueblo español, claro, no se ha solidarizado con su presidente sectario y ha arropado al Santo Padre con simpatía y fervor.
Benedicto XVI es el líder espiritual del mundo. Nadie discute hoy seriamente esa circunstancia que caracteriza al Sumo Pontífice del Vaticano. El desplante zapatético, dulcificado por la presencia del copresidente Rubalcaba, es una mamarrachada impropia de un político responsable. El think tank monclovita tal vez le diga a Zapatero que con gestos semejantes cultiva al electorado radical. Pero se equivocan sus asesores. Son muchos más los socialistas católicos que no pueden justificar el aspaviento de su líder”
(Luis María Anson en “El Imparcial”, 08/11/2010)

Tanto se ha escrito, y tanto queda por escribir, sobre la visita a España que ha efectuado Benedicto XVI, que nada más lejos de mi ánimo que abordar un análisis de lo acontecido. El tiempo y experimentados comentaristas se ocuparán de esclarecer todos los detalles e intríngulis de este, al menos, interesante acontecimiento.
Me ha llamado la atención, pero no demasiado, que la participación del pueblo en los eventos y ceremonias presididos por el pontífice, no haya sido masiva en exceso. No tan masiva como se anunció. Ni tan exigüa como algunos medios “manipuladores” (¿la Cuatro y la Sexta?) repitieron y destacaron.
Frente a las predicciones de más de doscientas mil personas en Santiago de Compostela y más de quinientas mil en Barcelona, la más objetiva apreciación ha reducido esas presencias y asistencias a unos setenta u ochenta mil en Santiago (como mucho) y a unas doscientas mil personas en Barcelona.
Ello me hace pensar que la sociedad española actual es mucho menos “oficialmente” y realmente religiosa y católica, pero con mayor autenticidad en quienes lo son.
De aquella “católica” España que antaño se proclamaba por doquier se ha pasado a la “democrática y sin embargo católica”, que se insinúa por los medios de comunicación.
El Papa, en uno de sus comentarios (creo que a los periodistas, en el vuelo de venida a España) indicó que el laicismo se había apoderado de España, o algo así. Y no le faltaba algo de razón, no en cuanto al “apoderarse” sino en lo referente a que la aconfesionalidad y la relajación en la práctica religiosa se han instalado en nuestro país.
Ello es fruto, sin duda, de estos tiempos nuevos, supermaterialistas y superconomicistas, que se han instaurado en la cultura occidental, pero también es consecuencia de un enfoque social, desde los políticos, absolutamente materialista, con mucho sectarismo, y buscando apartar de la vida diaria todo atisbo de tradición y práctica religiosa.
Hoy están bastante superados ciertos criterios algo arcanos sobre la continencia sexual, el aborto, la homosexualidad, la generación de la vida humana, la práctica religiosa, y tantas otras cosas.
No me atrevo a opinar si ello es positivo (en unos aspectos tal vez, pero en otros, no), pero sí considero que requiere análisis y atención.
Implantar o conservar determinados valores éticos a una vida y a una sociedad sin vivencias y dependencias religiosas equivale a tronchar la esencia misma de la vibración y de la evolución positiva y constructiva en la sociedad.
Así, gestos como que el presidente del gobierno, el Shoemaker que seguimos soportando, hubiera “necesariamente” de marcharse, precisamente en ese día y a esas horas, a visitar las tropas españolas en Afganistán, acompañado de las dos “chiquitas” rubias que son “MinisTrini” y la Chacón, se presenta como mínimo como una descortesía, o como un signo de incompetente desprecio.
¿Tan interesante fue el viaje a Afganistán?
Bien está que el millar de soldados españoles que sufren en Afganistán las consecuencias de una guerra que se presenta como una misión de paz, reciban la visita y el apoyo del presidente de su gobierno, pero ¿cómo es admisible que los cientos de miles de españoles, presentes y no presentes, que sintieron la visita del Papa, no pudieran contar con la representativa presencia ante el pontífice del presidente del gobierno?
¿Por qué Shoemaker no estuvo a la llegada y sí en la despedida?
No bastaba con enviar ministros. Había que estar allí…
Y una vez más el presidente se escondió, tal vez por pánico a esas pitadas y abucheos que cada vez se gana con más merecimiento.
Si la razón de su ausencia fue que España es estado aconfesional, ¿por qué envió a sus ministros? Y ello sin analizar que aconfesional no implica que España deba de ser un país “ajeno” a lo católico…
No me sustraigo a la contradicción que implica que tantos y tantos políticos, nada religiosos, se hayan “apuntado” a la celebración alrededor del Papa, cuando ellos son impulsores de la instauración de un materialismo corrosivo y d e una ética de los sentidos y no de los valores. ¿Qué puede pensarse viendo al Carod Rovira junto a “doble-cara” Montilla en el acto de consagración de la Sagrada Familia de Barcelona como basílica?
No me parece tampoco demasiado ortodoxo que los consejeros del pontífice viajero le hayan impulsado a decir que el laicismo español se asemeja al de tiempos pasados (refiriéndose sin duda al de los tristes sucesos en los inicios de los años treinta) porque felizmente en la actualidad no se ha instalado la barbarie, el anticlericalismo, la anti-religión, que destrozó nuestra nación en aquellos tiempos.
Un ápice más de precisión no hubiera estado de más.
De todas maneras, opino que la visita del Papa a España ha sido un evento que ha producido y traerá muy buenos frutos, tanto despertando la conciencia moral y ética de las gentes, como perfilando los valores que cada cual cree practicar, como sirviendo de reflexión para corregir desviaciones y faltas de coherencia en los unos y en los otros. ¡Y descubriendo una vez más lo falso que y poco “sociable” que es el cabeza del ejecutivo!

Todo ello, además de que la visita de Benedicto XVI ha servido para que contemplaramos bellos momentos, magníficos monumentos, bellas imágenes, conmovedoras situaciones, instructivos mensajes y especialmente una exaltación de los valores del espíritu, de los que cada vez está más carente la sociedad española, y no digamos la mayor parte de sus dirigentes.
El último adiós en Barcelona
En resumen, hasta la venida del Papa le ha venido bien a Zapatero, porque en ese tiempo se ha hablado menos de la crisis que él no es capaz de resolver y se ha discutido más, nunca mejor dicho, sobre “lo divino y lo humano”.
Viene como anillo al dedo la expresión popular “Dios nos pille confesados”.
Ante lo que se nos avecina…
Porque habituados a todo este malestar general ya estamos…
“En las religiones es preciso ser sinceros; verdaderos paganos, verdaderos judíos, verdaderos cristianos”.- Blaise Pascal (1623-1662) Científico, filósofo y escritor francés.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA 

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