sábado, 30 de marzo de 2019

TIEMPOS REVUELTOS EN EL MUNDO: Venezuela, en la encrucijada; El Reino Unido con y sin “brexit”; y esta España nuestra, cerca de elecciones de resultado incierto y manipulado


Varios asiduos lectores de este blog me han reprochado amablemente que ya llevo demasiado tiempo sin escribir sobre los muchos y apasionantes (a la vez que poco gratos) acontecimientos que baten el mundo.
No les falta razón, aunque debe comprenderse que este “juntaletras” tiene más ocupaciones de las deseables, y debe alternar sus escarceos literarios con sus trabajos profesionales y de enseñanza a varios universitarios foráneos. 
Sea como fuere, llegado es el momento en que proclame que nada me gusta cómo están evolucionando las cosas en este mundo nuestro.
Si comenzamos por lo más preocupante y doloroso, además del ya cronificado problema de la inmigración legal e ilegal (que saca a la luz las falacias y falsedades de los gobiernos y las sociedades), se viene destacando la brutal crisis económica, política y
social de Venezuela, país riquísimo en recursos y que ha esquilmado hasta la mayor pobreza un espécimen
con maneras de primate llamado Maduro (apellido apropiado para quien debería estar igual para ser defenestrado), y que ha propiciado la irrupción de un presidente que se llama “encargado” (¿de qué?), que carece de poder fáctico y que se limita a ejercer de “mosca cojonera” (¡con perdón!) del sátrapa en el poder y sus acólitos, no se sabe si más ladrones o más aprovechados.
La verdad es que por el momento ni con Maduro ni con Guaidó han tenido remedio las penas y problemas de Venezuela, y las ayudas humanitarias a
una población convertida en tercermundista han sido
secuestradas por los genocidas gobernantes. 
Ya veremos en qué acaba el problema, porque lo extraño es que ni Maduro se atreve a eliminar a Guaidó, ni éste consigue que los supuestos aliados que dicen apoyarle, borren de un golpetazo al “gorilesco” dictador castrista y por tanto bolivariano comunista.
Pero si mal están las cosas en Venezuela, en Europa se está viviendo el espectáculo bochornoso que protagoniza el Reino Unido a propósito del Brexit. 
Tremendo error fue el de Cameron convocando temerariamente un referéndum sobre el tema, que le resultó al revés de lo que pretendía, forzándole a su fulminación política.  

Tremendo error ha sido también que su sucesora, Teresa May, ”más terca que las mulas romeras”, se obcecase en mantener el Brexit como manera de afincarse más en el poder, llegando a irritar a sus hasta ahora socios de la Unión Europea, y creando en la política británica una atomización que ha llevado a aquello de que “ni contigo ni sin ti (brexit) tienen mis males remedio”, porque el parlamento vota y repite votaciones y nada positivo resulta, mientras la poco efectiva dirección de la European Union trata de capear el temporal que se le avecina por la prevista, aunque no se sabe si posible, salida del Reino Unido.


Ya veremos en qué acaba todo, aunque es de temer que, como ya auspiciaba el borracho, “al final nos subirán el vino”.

Y por si por los andurriales externos a nuestro país no hubiera bastante inestabilidad y confusión, en esta España nuestra (bueno, que “era” nuestra, porque ahora parece pertenecer de ese Sánchez desvergonzado que goza de “nuestro” Falcon y se aprovecha las argucias de los Decretos-Ley para engordar su propaganda electoral con promesas
imposibles), en esta España que tiempo atrás fue de los ciudadanos, repito, el desalmado Sánchez, ha tardado muchos meses en convocar las elecciones que había prometido celebrar inmediatamente para organizar su posible perpetuación en el poder, mediante pactar con felonía con los infumables independentistas catalanes. convocadas que han sido las elecciones, se ha puesto de manifiesto una atomización partidista que nada bueno presagia, porque si mala es en la izquierda, al menos se sabe que los de ese lado al final se arrejuntan en coaliciones, aunque sean casi anti natura. Pero las derechas, o centro derechas, como se les quiera denominar, también aparecen troceadas, peleándose entre ellas, negando lo innegable y asumiendo lo inasumible, ya que ni unos son tan extremistas como se quiere mostrar, ni son tan desiguales que como nos quieren exhibir.

Así, es casi inevitable que después de las elecciones solamente sea viable un gobierno de coalición, bien de las izquierdas, bien de las derechas, con lo que ello implicará de debilidad en las acciones de gobierno. 

Estamos asistiendo, pues, al “tinglado de la antigua farsa”, y acabaremos como los personajes de “los intereses creados” del genial don Jacinto Benavente. 

Y quien esto escribe va camino de incrementar su fe en los “milagros de Lourdes”, como aquél del chiste, implorando: “¡Virgencita, virgencita, que me quede como estoy!”. 

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA




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