sábado, 22 de diciembre de 2018

A Tamara, Edelweiss de leyenda


La flor “Edelweiss” , con el nombre científico “Leontopodium alpinum”  (que proviene del griego y significa “pie de león en los Alpes”), es de tamaño variable y aparente fragilidad, porque es increíblemente resistente y capaz de sobrevivir a más de tres mil metros de altitud, soportando las temperaturas extremas de las montañas alpinas.
En realidad, ésas son las condiciones adecuadas para su desarrollo, ya que sólo crece de forma natural por encima de los 1.500 metros, en paredes y pendientes calcáreas o sobre rocas, en aquellas hendiduras que reciben una pequeña dosis de luz solar. Una fibra vegetal la protege de las heladas y las radiaciones ultravioleta. Florece entre julio y septiembre y sus hojas pueden ser de color blanco, grisáceo o ligeramente amarillento. Es una especie oriunda de las regiones montañosas europeas, su hábitat se extiende desde los Cárpatos hasta los Pirineos, aunque abunda especialmente en los Alpes austriacos y suizos.
Se puede encontrar en España, en la parte centro-occidental de los Pirineos, desde el alto Aragón hasta Cataluña. También es posible hallarla en algunas cordilleras asiáticas muy elevadas como la del Himalaya.
El solo hecho de tener que escalar montañas, y alcanzar difíciles recovecos para conseguir un ejemplar, casi justifica por sí sólo las múltiples historias y leyendas que se han generado en torno a Edelweiss.
Pero aún hay más.
Edelweiss vive camuflada. Se esconde bajo la apariencia de una sola flor, cuando en realidad es un conjunto de diminutas florecillas que han evolucionado y crecen agrupadas para sobrevivir.
Como el amor, la flor Edelweiss espera en algún lugar recóndito y prácticamente inaccesible a que alguien la descubra para llevársela. Aunque son tantos los que la persiguen, que corre el riesgo de extinguirse y ha tenido que ser declarada especie protegida. Su belleza y fortaleza han alimentado una leyenda viva que esconde ciertos misterios.
Hoy y ahora, 22 de diciembre, ofrezco al lector una de esas leyendas, mi leyenda:
Tamara, la Edelweiss
Una noche, una estrella le confesó a la luna que sentía envidia de todo aquello que vivía en la tierra y que deseaba abandonar el firmamento para convertirse en flor. La luna, despechada y enfadada, decidió vengarse enviándola a una de las montañas más altas de la tierra.
Allí, la estrella, bañada por el manto blanco de la
nieve, se transformó en una de las flores más bellas, con pétalos del color de la luna. 
Pero no sabía que su destino era permanecer siempre sola, casi imperceptible para la gente, en lo más alto de las montañas.
Cuentan que un joven apuesto se hallaba enamorado de una mujer de una belleza comparable a la de la pureza de la nieve que cubría las altas montañas, de cabellos rubios/blancos, ojos verdes y rasgos finos y suaves… de una tez muy albina, extremadamente hermosa, de nombre Edelweiss.
Un día el apuesto joven le cogió de las manos y titubeando se declaró: 
–  No podía demorar más tiempo, amada mía, en confesarte lo que por ti siento. Sufro día y noche de dolor por dentro, cada instante en que cierro los ojos, tanto que ni una tempestad podría llevarse un solo ápice de mi afecto. Ni siquiera toda la nieve de las altas montañas sería capaz de apagar el fuego que hace latir mi corazón. Vengo a deciros, mi bella Edelweiss, que os amo con todo mi ser.

Sorprendida, pero halagada, la mujer apartó sus manos, recorrió su rostro silenciosamente, y con una tierna sonrisa le habló: 
 Amado mío, abrumada me hallo ante tus hermosas palabras y el dulce mensaje con el que las proclamas. ¿Pero no te parece que una declaración de amor debe ir confirmada por una gran hazaña?

El joven abrió los ojos aturdido, y con firmeza volvió a apresar sus manos entre las suyas, mientras decía convencido, cuenta la leyenda de: 
–  Hermosa Edelweiss, ¿Qué es lo que queréis? Porque os aseguro que conseguiré todo aquello que deseéis; si así logro demostraros el amor que os profeso.

–  Enamorado mío, os tomo la palabra. – replicó ella.- Éste es el momento de que os vayáis, porque el reto que os vengo a proponer no está al alcance de 

miedosos ni cobardes… Cuenta una leyenda que una estrella a la tierra llegó, convirtiéndose en la más bella flor que habita donde el hielo y las nieves esculpen las altas montañas
“Si es verdad que por mi mueras, allá a buscar esa flor fueras… y ya te aviso, que si no la consiguieras, tampoco mi amor obtuvieras”

El joven palideció ante tal reto, sus mejillas se encendieron y apretando los puños juró:
–  Por tu amor, Edelweiss, yo traeré esa flor.
Y se marchó con un firme caminar.

Dicen que pasaron muchos, muchos días, y que el apuesto joven nunca regresaba. También dicen que, aunque ella reía todas las mañanas, cuando las estrellas cubrían el firmamento, si nadie la veía, lloraba, y rogaba que él volviera junto a ella.
Parece, aunque no es nada seguro, que la pena acabó una de esas frías y largas noches de invierno, en la que según cuentan generación tras generación los vecinos del lugar, a las montañas salió totalmente desnuda a buscarle, gritando su nombre hasta desgarrarse la voz, y nunca más se la volvió a ver.
Pero por lo que yo se, el final de la leyenda no es cierto:
Aquel hombre, ya no tan joven, volvió finalmente de lo alto de la montaña, portando el Edelweis allí obtenido, y halló todavía, esperándole, a “su” Edelweiss, que se había refugiado aguardándole en Ucrania; hay quien dice que en los Cárpatos, allá por el monte Goverla; y otros creen que más bien en las llanuras de Kremenchug, cerca de río Dniéper.
Mas lo cierto es que, juntos ya, él entregó la flor conquistada, que se mantenía lozana, como prenda y prueba eterna de un amor que ambos habían
consagrado hasta el fin de los tiempos, y reanudaron envueltos en blanca túnica de nieve el viaje de la vida como pareja enamorada e inseparable.
No se ha sabido mucho más, excepto que se dice, y casi todos lo creen, que se les ha visto por las costas del mar mediterráneo, no muy lejos de la bella y florida ciudad de Valencia, la “tierra de las flores, de la luz y del amor”. Y que ese especial Edelweiss, pese a estar bajo el cálido sol mediterráneo, cada día luce con más hermosura y lozanía para general sorpresa. Unos lo atribuyen al amor, otros a la pureza de los sentimientos. 
¡Esas son las esencias del Edelweiss!
No he conseguido saber con certeza cómo se llamaba  la Edelweiss de la leyenda, tal vez Tsaritsa (la reina), pero no creo ser demasiado indiscreto si confío al lector  que en la historia y vida real, existe; y se llama, TAMARA
¡Y afirmo que esa flor de mujer, esa leyenda viva, sigue lozana y eterna, ahora por y para siempre con su enamorado, rememorando aquel joven que antaño fue a buscar  para ella el Edelweiss!
Y cuyo enamorado le envía esta felicitación porque un año más la bella esencia de su amada le honra a él, al tiempo que honra a las gentes y a la humanidad.
¡FELIZ ANIVERSARIO, TAMARA, EDELWEISS!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

2 comentarios:

  1. Felicitats als dos, Tamara i Àngel, per la tendresa i bellesa del text. I molt bones Festes.
    Tere i Marc

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  2. Larga vida de Dios a los enamorados.

    Un abrazo, amigo.

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