viernes, 28 de diciembre de 2018

2018: El año que se marcha con tareas inacabadas

Las postreras horas del año presente están consumiéndose, entre resúmenes de lo acontecido previsiones de lo que vendrá y esperanzas e ilusiones que, vaya usted a saber, podrán cumplirse o no. 
La gran verdad es que el tiempo pasa veloz (“tempus fugit”, reza el aforismo) y cada vez las hojas del calendario caen más deprisa. El signo de los años, cuando uno va alcanzando edades en las que todas las gentes le respetan, no se sabe si por las canas, por las arrugas, o por el perímetro ventral. 
Y en ese devenir, este año como casi siempre me ha dado por hacer inventario de aquello que en mi
opinión ha quedado por terminar. Tantas y tantas cosas, tantos y tantos proyectos. tantos y tantos deseos…
Mas de todo lo pendiente me deja con especial desazón la falta de vigencia de un auténtico espíritu ético en la vida, en la familia, en la política, en el gobierno, en la economía; que, como ha dicho la egregia y premiada profesora Adela Cortina, “no hay que hablar de 'fake news' sino de bulos, que siempre son interesados y viejos como el mundo. Lo que ha cambiado es la potencia del transmisor”
La “aporofobia”, vocablo y concepto acuñados por la ilustre filósofa valenciana, ha quedado como un atentado palmario contra la dignidad humana en personas vulnerables. Y está llegando al punto

de producir una escisión en la Unión Europea y en la
humanidad, marcada por la actitud hacia los inmigrantes y los refugiados. La línea divisoria no es ya izquierda/derecha, sino acogida/rechazo, hospitalidad/hostilidad”.
¿Solo inmigrantes y refugiados?, me pregunto…
Y he ahí una de las principales tareas no concluidas y que habrá que afrontar, es ineludible, en el ya casi
entrante año 2019. 
Para el que deseo a todos los seguidores, lectores, amigos, y sus familias, la facilidad que sin duda merecen, especialmente si con sus rectos procederes erradican la “aporofobia”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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