martes, 2 de enero de 2018

Carta a los Reyes Magos 2018: Para que se cumplan nuestros deseos, previsiones y propósitos


Queridos Reyes Magos de Oriente:

Permitidme el tuteo, ya casi impuesto en nuestra sociedad, y que me dirija a vosotros como “reyes” masculinos (y no como “reinas magas” que algunos raros políticos iconoclastas y anti-sistema han introducido en capitales como Madrid y Valencia).

Me decido a escribiros desde la costumbre y la tradición de toda la vida, porque ya en la más tierna infancia se nos instruyó que vosotros, por un mensaje desconocido, seguisteis una estrella que os condujo por todo el Oriente hasta la humilde cueva-pesebre que para nosotros era, fue, y para
muchos sigue siendo, el lugar en que Dios se hizo Hombre.

Al margen de bastantes majaderías de unos gobernantes resentidos y rompedores sin motivo, y especialmente ineptos e incultos (los "Herodes" del siglo XXI), todavía quedamos bastantes –mayores y más jóvenes— que seguimos creyendo y confiando en la edificante historia de los Reyes Magos de Oriente, que se postraron ante el Jesús recién nacido en el portal de Belén, para ofrecerle oro, incienso y mirra.

Y por eso, queridos Reyes, en estas vísperas de vuestra fiesta en España, pese a la enorme competencia artificial originada por el comercio con la figura de Santa Claus o Papá Noël (que no son sino la réplica de origen anglosajón a la fiesta cristiana y tradicional de siempre), me dirijo una vez más a vosotros, queridos Magos de Oriente, si bien con la peculiaridad de que me atrevo a hacerlo mediante esta carta que quiero se publique en las redes sociales, para que no quede ordenador, tablet, móvil o cualquier otro ingenio similar, que no pueda recibirla, y así se conciten adhesiones o (tal vez no) rechazos.

Ya es demasiado largo este introito, y por eso debo comenzar a pediros cosas y a formularos deseos, para que vosotros, que fuisteis capaces de peregrinar tras una estrella en busca de la verdadera luz, y después, con vuestras ofrendas  marcasteis a la humanidad el camino de la petición, llevéis nuestras necesidades  y anhelos ante Quien todo lo puede y seáis mediadores  con vuestras aportaciones, de regalarnos lo pedido y lo ansiado.

¿Lo primero? Amor. Pero no ese “love” de las revistas y programas del corazón, sino ese concepto infinito y eterno del amor entre los humanos y para todo lo que les rodea, a la imagen y semejanza del que vosotros buscasteis en el portal de Belén.

Ese Amor entre los esposos, los padres con los hijos, los hermanos entre sí, los familiares, los vecinos, los ciudadanos, los de una u otra tendencia social y política, los ricos con los pobres y viceversa, las naciones, el universo.

Ese Amor que implique, transporte consigo, la Paz. Entre todos y todo, como la mejor forma de armonía y entrañando los propósitos de conductas comprensivas, generosas, tolerantes, nunca de fuerza ni de violencia.

Ese Amor que permitirá superar los individualismos, egoísmos, corrupciones, mentiras, y que deberá conducir a la mayor armonía entre todos nosotros.

Bien que os diréis, cuando leáis (como espero) esta carta, que os pido muchas cosas bonitas y generales, pero que tal vez esos conceptos superan la concreción a la que vosotros estáis obligados por la tradición que os ha nombrado los “reyes” de los regalos, y por eso, más que incluiros una lista de peticiones, al modo de los infantes que todavía se
acuestan pronto en la “noche de Reyes”, para estar dormidos cuando visitéis su casa, os pido que continuéis siendo los “Reyes” de siempre, y por tanto vayáis a casa de todos los políticos (incluidos los fugados a Bélgica y lo que están en prisión, por sus “geniales ideas”) y les dejéis, no el carbón que tradicionalmente se dejaba como castigo a los niños que se habían portado mal, sino el oro de la generosidad, el incienso del amor a los semejantes y la mirra de los remedios curativos de los males sociales.

Ya que dejaréis esas cosas a los gobernantes, no hagáis menos con los gobernados, y hacedles llegar en sus sueños la paz, el amor y el ansia de verdad que vosotros buscasteis, porque de esta forma, la Navidad tomará en la humanidad la justa dimensión de la armonía entre la materia y el espíritu, y, pasadas las fiestas navideñas, todos podamos ser un poco mejores.

¡Ah! Y si tenéis relación con las “reinas magas” (que seguro no os quedarán lejos; aunque de diferente sexo son de la misma especie) o con “Santa Claus o Papá Noël (otros colegas vuestros no ajenos a la Navidad), informadles, como compañeros más que
competidores que son, de esta mi carta, que nunca se sabe por ”mano” de quien llegan los bienes o las bondades a este mundo nuestro.

En la confianza de que los nuevos “carteros reales” que son las redes sociales os hagan llegar esta carta, ya os digo que no merece respuesta escrita, sino consecuencia generosa por vuestra parte.

Éste que fue, y quisiera seguir siéndolo, niño…

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA


"Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día cada uno pueda encontrar la suya"
Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) Escritor francés

1 comentario:

  1. José Lagarto Fernández3 de enero de 2018, 18:20

    FELIZ AÑO NUEVO 2018, TE DESEO QUE SE CUMPLAN TODOS TUS ANHELOS.

    Como me haces "disfrutar", con tus escritos, no dejes de hacerlo NUNCA.

    ResponderEliminar