jueves, 26 de octubre de 2017

Esta España nuestra: Cataluña invadida por los trileros y demás sinvergüenzas, para esconder la corrupción de sus gobernantes

“Acabar con el ‘procés’
El programa de Puigdemont ha sido utilizar la autonomía para acabar con la autonomía
Tal nivel de perversión ha introducido el procés en nuestra vida democrática que los analistas especulan con toda naturalidad sobre lo que pasaría si
Puigdemont convocara elecciones legales. Sí, legales. Lo que implica que nos creemos la posibilidad de que convoque elecciones ilegales, esto es, plebiscitarias, referendarias, de desconexión, de transitoriedad o de algún nuevo tipo que alumbre el arsenal surrealista del procés.
En los países normales no es preciso añadir legales a elecciones: se da por hecho. En España, hasta hace unos años, tampoco lo era. Pero ahora, como hablamos de alguien que ya convocó un referéndum
ilegal y que se ha instalado en la ilegalidad y la desobediencia estructural a la Constitución, la aclaración es obligada.
No sabemos qué dirán los historiadores del procés. Pero para los politólogos solo se puede definir como “la utilización fraudulenta de las instituciones del autogobierno para lograr la independencia”. El programa político de Puigdemont, Junqueras, Forcadell y compañía ha sido y es utilizar la autonomía para acabar con la autonomía. Así de simple. Por eso está justificada la aplicación del 155. Al fin y al cabo, ¿qué otra cosa puede significar restaurar la legalidad constitucional que no sea impedir que nadie se sirva de la Constitución para acabar con ella?
No se trata, entiéndase bien, de acabar con el independentismo. Como idea, como proyecto político,
como aspiración, sentimiento o lo que se quiera, el independentismo es legal y legítimo, y los partidos que defienden la independencia, también. Lo que no lo es es utilizar el Govern, el Parlament, los Mossos, los medios públicos, los funcionarios y los impuestos de los catalanes para, ilegalmente, acabar con el autogobierno.
En una democracia, todas las elecciones son, por definición, legales. Sirven para elegir un Gobierno que gestione el autogobierno —con sus carreteras, escuelas y hospitales—, no una manera de ganar tiempo, salvar los muebles y seguir alimentando el procés.
Desde el inicio, el procés ha sido un gigantesco fraude de ley. Además de acabar con el Estado de derecho en Cataluña, ha roto la convivencia, dividido a la sociedad, acabado con el catalanismo, puesto en fuga a las empresas y cosechado el rechazo de toda Europa. ¿Alguna razón para dejarlo continuar? @jitorreblanca"

Mientras escribo este comentario hemos podido asistir esta misma tarde al espectáculo grotesco-histriónico-falsario del “trilero mayor de la nonnata república catalana”, ese caballerete que, con su cebollón de pelo tipo escoba, se ha convertido en la marioneta de sí mismo y de varios grupos ácratas, antisistema y radicales que moran en Cataluña, mal consentidos por el “seny” y la bondad ciudadana intrínseca de las gentes de bien, que son mayoría. Los estafados.
Lo acontecido ha semejado ser como en “La Parrala”: Ahora convoco elecciones; ahora espero que el gobierno de la nación me asegure lo que me da a cambio ("garantía de que me liberará de la prisión por capitanear la rebelión independentista y me permitirá seguir mangoneando"). Y al final, después de demostrar la variabilidad e indecisión, hacer lo menos aconsejable...
Y a punto, casi, casi, ha estado el gobierno de Rajoy de caer en el fraude ese trilero, especialmente porque los del Psoe (“como no eres ni frío ni caliente te vomitaré de mi boca”, dice el Apocalipsis), ya han comenzado a introducir matices y pegas, aunque parece que el gobierno de España -malo o bueno, según las gentes--  ya se ha percatado del veneno que entraña  cualquier propuesta o petición del caballero del cepellón en la cabeza, con el de los ojos “vizcondes” al lado (¡vaya falso!), Junqueras arriba, Junqueras abajo.
¿Solución? Como no se ha caído en la trampa el “bondadoso” Puig y mont” ha vuelto a las andadas del absolutismo, la represión, el atropello del estado central, con el cinismo de proclamar sus “mandatos" absolutamente ilegales y revestidos de falacias
(Lo más curioso, a la vez que indignante, es que niega al Tribunal Constitucional, al que desobedece, pero sin embargo recurre ante él, tratando de anularlos, los acuerdos sobre aplicación del artículo 155 de la Constitución)
Aún no se ha proclamado, pero, lo vaticino, en unos minutos u horas, como máximo: Se declarará la independencia de Cataluña, pero por el Parlament, y el del cebollón de pelo dirá que él no ha sido, sino que lo ha hecho el citado “parlament”. Además de falso e inútil, cobardón...
Ante ello, bienvenida sea la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española, para que por fin se neutralice e ingresen en prisión los trileros de la rebelión, y se levanten las alfombras de la autonomía catalana, para depurar los despilfarros, los sobornos, las corrupciones, de los últimos cuarenta años. 
Y si hay que emplear la fuerza pública, los jueces sabrán moderar su uso, en defensa de la legalidad constitucional. 
Valgan estas reflexiones a vuela pluma, que no hacen sino confirmar lo que todos los ciudadanos con sentido común conocen: En Cataluña gobierna una pandilla de tramposos y bandoleros. 
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

1 comentario:

  1. José Lagarto Fernández27 de octubre de 2017, 10:49

    Muy bueno el artículo de TORREBLANCA
    Y muy buenas tus reflexiones.

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