martes, 20 de junio de 2017

Al borde del verano: Calores que matan y ardores que destrozan.- Mientras Portugal se calcina, la vida política española se enciende

Nadie, ni español ni extranjero, residente o no en España, podrá negar que el presente anticipo del solsticio de verano que llega mañana está siendo difícilmente soportable, con “olas de calor” que sobrepasan por doquier los cuarenta grados Celsius, y con problemas de supervivencia vital, en medio de una sequía preocupante.
Si a ello se une la justificada psicosis de riesgo que genera el terrorífico incendio en la zona centro de Portugal, el panorama no puede ser más desalentador.
A raíz de lo de Portugal, país que bien conocí y conozco,--porque me acogió solícito durante más de dos lustros (¡qué buenas amistades quedaron y siguen aun por allí!)--, no basta con decir que la naturaleza es incontrolable y que frente a su fuerza ingente poco puede hacerse, porque el incendio de Pedrogâo Grande y comarca (hoy ya extendido a varias freguesías de los vecinos distritos –provincias- de Coimbra y Castelo Branco) pudo ser muy difícil de predecir y paliar, pero por encima de sus espantosos resultados flota un cheiro (aire, tufo, aroma, olor,  en portugués) a imprevisión;  a pocas diligencias, lentas coordinaciones y falta de agilidad.
No se olvide que en Portugal, y más en su centro, la dispersión poblacional en diminutas aldeas es tradicional, y la buena disposición ciudadana mediante la elogiable institución de los “bombeiros voluntarios”, o sea, no profesionales, aunque ejemplares y bien bravos, frente a los “bombeiros sapadores” (profesionales) no ha sido capaz ni suficiente para paliar la catástrofe de tantas dimensiones como la que está aconteciendo.
Si a ello se añade (como en España ocurre también) la falta de limpieza “preventiva” de los bosques, el “cocktail” estaba preparado. Y a fe que resultó explosivo y mortal. Porque "lo que tenía que pasar...pasó"
Reparaba yo mismo ayer en la profesionalidad denotada y demostrada por la brigada de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias de España, que, con sus doscientos efectivos y abundantes medios materiales, se ha situado en las zonas de conflicto y ha establecido los adecuados parámetros de actuación, que sin duda llevarán a la solución de la catástrofe . (Buenas muestras de ello ha comprobado quien esto escribe en los encuentros y convivencia junto con los veteranos compañeros de las Milicias Universitarias con los integrantes de la U.M.E., en su cuartel general de Madrid y en varios de sus batallones de intervención en emergencias, BIEM).
En fin, ya veremos cuándo se alcanza por fin la estabilización y el control del “infierno” portugués.
Y estemos avisados de que en esta España nuestra corremos los mismos peligros, bien que parece que existen mejores sistemas y esquemas de defensa frente a estas catástrofes.
Ahora bien, en lo que parece que ni estamos preparados ni queremos estarlo, es en cuanto a los “incendios” y catástrofes políticos que se están anunciando, porque después de la entronización de Pedro Sánchez como el “Papa de la izquierda”, "el Mr. Proper de la política española2, las palabras (y los hechos, que es peor) de este imbuido de soberbia y trufado de ánimos de venganza solamente anuncian contorsiones, crisis, fuegos.
Bien puede entenderse que proclame y pregone que él lidera la izquierda (¡para que lo haga “P(j)odemos” casi es mejor así!); y también llegaríamos a resignarnos para que estableciera su unidireccional odio hacia el partido gobernante, haciendo guiños a los “morados” para integrar la “zurdería” o zurdez política.
Pero ya es más que suspecta la doblez rayana en la insensata imprudencia que implica esa teoría del estado único pero plurinacional, que denota el uso de un trabalenguas y de medias verdades para lograr el objetivo principal. Que él, Pedro Sánchez, "apóstol" apócrifo del izquierdismo, sea el líder que limpie España y la conduzca a que finalmente nuestra nación sea “zurda de las dos manos”, manteniendo una Cataluña siempre pugnaz con el estado y la nación española, y unos dirigentes (los catalanes pro independentistas) a quienes se debió negar hace mucho tiempo el pan y la sal, inhabilitándoles por su aviesa traición a las esencias de España.
Y al nuevo aunque viejo líder de ese partido socialista que se autoproclama como regenerado (dice que va a consolidar su formación política para que saque a España del corrupto ambiente actual), la verdad es que no da mucha fiabilidad la “purga” soterrada que ya está llevando a cabo, él (tan evangélico y tan poco espiritual y religioso), con aquello de que “quien no está conmigo está contra mí…”
Mientras tanto, Don Tancredo, léase, Mariano “el pontevedrés”, sigue anclado en la mitad de la escalera, sin que se sepa si sube o si baja, porque en realidad no hace ni lo uno ni lo otro, y deja que los “incendios” de sus adversarios le eviten perder lo que
mal está conservando.
Calor, incendios, fuegos, catástrofes, al inicio del verano.
¿Soportaremos tantos sofocones y tantas imprudentes impericias?
De momento, me consuelo bebiendo una buena horchata de chufa de Alboraya, porque al menos me palía la sed y el ardor mental y evita que como fruto del fuego yo suelte más “chispas” de descontento.
¡Refrésquense, amigos, que viene “el fuego que quema”!
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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