viernes, 3 de febrero de 2017

Esta España nuestra: Cuando los socios de un Club de Fútbol boicotean el fichaje de un jugador ucraniano por supuesto nazismo. ¿Casualidad? ¿Falso puritanismo? ¿Retorno al bolchevismo? ¿Qué y quién hay detrás?


"Vallekas' contra todos: Zozulya tiene el apoyo de Tebas, AFE, Betis y Ucrania
Los organismos del fútbol español garantizan la seguridad del ucraniano; él decidirá si juega en el Rayo"
(A. L. Menéndez / Agencias 03.02.2017, en “Voz Populi”)
Luis Rubiales, presidente de la Asociación de Futbolistas Españoles (AFE), declaró este jueves que desde el sindicato y LaLiga se garantiza la "seguridad plena" para que Roman Zozulya pueda jugar en el Rayo, una decisión que el futbolista ucraniano decidirá el lunes "libremente" si la acepta o vuelve al Betis, aunque no podría jugar con el club andaluz lo que resta de temporada.
Zozulya llegó al Rayo al cierre del mercado de invierno, cedido por el Betis, pero apenas unas horas después decidió regresar a Sevilla ante las protestas de gran parte de la afición rayista, que lo acusa de tener ideas neonazis.
El jugador, cuando acudió en su primer día a las oficinas de la Ciudad Deportiva del Rayo, fue recibido con insultos por parte de algunos aficionados, que
también portaron pancartas en contra del ucraniano.
Ante la gravedad del caso, Javier Tebas, presidente de LaLiga; Raúl Martín Presa, presidente del Rayo; Luis Rubiales, presidente de AFE y dos abogados, uno del departamento de integración del sindicato, se reunieron este jueves para abordar el tema.
"No ceder a la presión"
"Todos hemos estado juntos, sobre todo con la intención de no ceder ante la presión y apoyar al jugador. La Liga garantiza la seguridad plena al jugador si quiere ejercer su derecho al trabajo y el lunes él decidirá libremente qué quiere hacer, algo que AFE respetará", dijo Rubiales.
El presidente del sindicato declaró que Zozulya "pertenece" a todos los efectos al Rayo y "puede desarrollar su trabajo" en el equipo madrileño.
"Si decide lo contrario se podrá entender, pero para eso hay que esperar hasta el lunes. Él tiene contrato con el Rayo y es jugador a todos los efectos. Lo que ha pedido es tiempo y hay que respetar lo que decida. Lo importante es estar juntos y no ceder", confesó.
"Tenemos que rebajar el nivel de tensión y entender que hay entidades a las que debemos respetar. A las aficiones también, pero no podemos ceder ante la presión. Todos vamos a apoyar al jugador", apuntó Rubiales, que desveló que la AFE ha puesto a disposición del jugador el servicio de asesoría jurídica.
Todos menos los aficionados del Rayo, que están mayoritariamente en contra. Lo dejó bien claro la Agrupación de Peñas del Rayo Vallecano en un comunicado emitido este jueves:
Indignación en su país
El caso Zozulya ha traspasado fronteras, nunca mejor dicho. Y en su país, Ucrania, las manifestaciones de apoyo al futbolista han sido unánimes y contundentes por parte de personalidades de todos los ámbitos.
En el plano político, el embajador ucraniano en España, Anatoliy Scherba, mostró su "honda preocupación por las injustas acusaciones contra el futbolista, un patriota que apoya al ejército en su lucha contra el agresor (Rusia) por la integridad territorial de nuestro país".
En el marco de esa guerra entre Rusia y Ucrania, Scherba manifestó sus sospechas sobre el origen de esta "situación". Según el embajador, "esto no ha surgido de la nada. Esto es parte de la guerra híbrida que lleva a cabo Rusia. Estoy seguro de que ha sido planeado. De pronto salió todo en España: el vídeo de su conflicto cuando estuvo en el Dnipro, capturas de
pantalla con comentarios, imágenes... Tratan de desacreditar a Ucrania y al futbolista y tenemos que apoyarlo".
Quizás el embajador debería visitar la cuenta de Twitter de Zozulya, donde el jugador ha publicado numerosos mensajes y fotos sobre sus andanzas fuera de los campos de fútbol.
"Rehén de una intriga política"
Andrei Shevchenko, mítico exjugador y hoy seleccionador de Ucrania, se manifestó en idéntica línea. Emitió un comunicado de apoyo a su jugador internacional en el que se lee: "Nosotros, los jugadores y entrenadores del equipo nacional de Ucrania, estamos indignados con la situación que se ha desarrollado en torno a nuestro compañero y amigo Roman Zozulya".
"Roman ha sido siempre y es un profesional, un patriota y una persona maravillosa. Las acusaciones contra él son ofensivas, todos luchamos por la protección de los intereses de Ucrania. Roman ha sido tomado como rehén de una intriga política, y eso es
inaceptable teniendo en cuenta las reglas del fútbol internacional", añade.
Andriy Pavelko, presidente de la Federación Ucraniana, rechazó la actuación de la afición rayista y anunció una apelación ante la FIFA y la RFEF si finalmente Zozulya se queda sin jugar los próximos meses.
Otro deportista ucraniano, Sergiy Stakhovsky, tenista (número 111 de la ATP) escribió en su cuenta de Twitter lo siguiente: "Queridos ultras del Rayo Vallecano: parecéis personas sin educación, de mentalidad estrecha. Vuestro club no merece un jugador como Zozulya".
Bien conocido es, y mucho me acuerdo de ello desde mis tiempos de vivencias en Galicia, que hablando de las meigas se dice que “nadie las vió, pero haberlas, haylas”.
Pues algo está pasando en el caso de este futbolista ucraniano, que ha sido rechazado de una manera masiva, brutal e inadmisible por la hinchada y los socios del club madrileño Rayo Vallecano, con la motivación de que pertenece a un movimiento nazi y ultranacionalista en Ucrania y que como tal se ha manifestado.
Ya llama la atención que esa hinchada haya alcanzado tal grado de purismo democrático y de conciencia ciudadana que ahora, cual el Senado USA con los altos cargos de su administración, mira con lupa a los jugadores que van a ser fichados, por aquello de que no sean suspectos de cualquier tendencia antidemocrática.
¡Qué lejos llega el deporte cuando supedita la calidad de las patadas a un balón en función de las ideas políticas!
Y llama la atención más aún cuando esa reacción adversa, aparentemente multitudinaria y que llega a situaciones de violencia, se produce entre gentes de un barrio humilde, de predominancia obrera y que más
debería ocuparse de cuestiones deportivas (porque son seguidores de un equipo de fútbol) y hasta de reivindicaciones sociales, que convertirse en “martillo de herejes”, censurando por su pureza democrática a los integrantes del equipo de fútbol.
Más sorprende aun que el propio embajador de Ucrania haya tenido que salir a la palestra para censurar y rechazar esa estentórea reacción de “preservación democrática”, respecto de un futbolista de nacionalidad ucraniana, que, como tantos otros jóvenes de su país, se ha visto envuelto en la vorágine de esa descerebrada disputa que sobre el este de Ucrania mantienen y reavivan el estado soberano de Ucrania y la propia Rusia, bien que ésta “escondida” bajo la piel de cordero de unos supuestos independentistas.
Y es que la realidad no es la que se presenta a simple vista.
Cierto es que en Ucrania el conflicto con Rusia ha exacerbado las tendencias nacionalistas, pues, como en tantos otros países y ocasiones, la propaganda gubernamental impulsa hacia patriotismos que pueden semejar exagerados, mientras la realidad socio-económica de la nación empeora cada vez más.
Bien es verdad que en el conflicto de Ucrania juegan intereses de Occidente, especialmente de la Unión Europea, y (hasta la llegada del infumable Trump) de los Estados Unidos de América, quienes financiaron y apoyaron la rebelión de tendencia nacionalista frente a un criminal, ladrón y corrupto tan grande como el que fue presidente, Yanukóvich, amparado por Putin y el Kremlin.
Por tanto, se mire por donde se mire, el conflicto del este de Ucrania, que se muestra irresoluble hasta ahora, ofrece diferentes perspectivas, y es muy
opinable, pues, como diría mi querido amigo y colega en lo literario, Rafael González Crespo, es Occidente quien no está haciendo bien las cosas, aunque Putin se aproveche de ello.
Pero dejémonos de disquisiciones.
Lo que repugna, sorprende y exige repulsa es que un grupo de hinchas y socios de origen humilde de un club de fútbol de una barriada casi marginal de Madrid, se adentren en el terreno de la crítica política, rechazando el fichaje de un deportista que, en su país, no aquí, pudo ser más o menos afortunado en sus expresiones pro-nacionalistas, y hasta usó simbología nazi. Pero aquí está solamente para jugar al fútbol.
Porque, tristemente, en esta España nuestra hemos pasado de denostar la hoz y el martillo a censurar la cruz gamada, para al final tratar de eliminar la cruz cristiana. 
Los símbolos rojos y nazis deben ser definitivamente enterrados y eliminados, y más todavía las ideologías y doctrinas que representan, pero no a costa de populismos  o extremismos manipulados, o reacciones estentóreas tan absurdos como el que origina este comentario.
No lo olvidemos: Las “meigas” del extremismo, del populismo, del anti-todo, parece que no se ven, PERO HABERLAS, HAYLAS…
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

No hay comentarios:

Publicar un comentario