martes, 10 de enero de 2017

Año Nuevo, problemas de siempre…¿y ánimos de resolverlos?


Ya han pasado bastantes días desde las doce campanadas que anunciaron el cambio de año, de manera que hemos tenido tiempo de sobra para cerciorarnos de que ha cambiado el último dígito.
Ya han quedado atrás las últimas celebraciones, especialmente la festividad de la Epifanía (transformada por adulteración comercial solamente en la fiesta de los Reyes Magos), y parece que poco a poco los hábitos de trabajo van desperezándose y no hay más remedio que volver a las rutinas laborales.
Todo eso está muy bien, y mejor lo es que por fin se haya terminado esa ristra de celebraciones festivas y parafestivas que aletargan la vida productiva de nuestra nación desde la última decena de diciembre hasta después de la primera de enero.
Y héte aquí que al reanudarse con cierta intensidad la actividad diaria tomamos conciencia de que aquella máxima de “año nuevo, vida nueva” es más bien un tópico, porque siguen existiendo, seguimos padeciendo, los mismos problemas que al extinguirse el pasado año.
Y es que el cambio de dígito no es más que eso; y dígase lo que se diga no está suponiendo nada más.
No pretendo liarme la manta a la cabeza y comenzar una enumeración (sería casi interminable) de temas heredados del previo año, pero no me sustraigo a decir que en aquello de la economía, el paro, pese a la mejoría temporal de diciembre, sigue siendo un quebradero de cabeza, pues son muchos los millones de personas que en nuestro país carecen de empleo.
Y hablo de empleo, porque si le añadimos el adjetivo calificativo “estable”, o el de “duradero”, el problema se revela todavía mayor, y por tanto, más irresoluto.
En lo de la economía, continúa el levantamiento del velo de los enormes y continuos abusos de la banca, y ha hecho ha hecho falta que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea resuelva con su proverbial lentitud (Justicia lenta no es Justicia) que las cláusulas suelo de las hipotecas eran y son un notorio abuso de la banca, para que algunos jueces españoles salgan de su timidez y se atrevan a seguir el mismo criterio, e inclusive a fallar que los gastos de las hipotecas que los bancos hacían pagar a los clientes eran también otro atropello.
Aunque ha aparecido el “papá” Gobierno y se ha metido a componedor con poca fortuna, tratando de evitar que se le colapsen aún más los órganos de la Justicia mediante una nueva avalancha de procesos, pero intentando evitarlo no con la dotación económica y humana adecuada de los tribunales, sino con el intento de establecer unas normas imperativas para la resolución del gran conflicto creado por los dos temas citados, que eviten las vías judiciales y parcheen la convulsión económica para los bancos, que, según dice un simpático amigo mío, “son tan usureros que parecen nacidos en Santa María del Puño, provincia del Agarre”.
Hasta aquí en los económico, pero, ¿y en lo social?
¿Qué decir de la violencia, machista o no, que sigue instaurada en sectores de nuestro país, con mujeres maltratadas y personas agrediéndose las unas a las otras?
¿Y la violencia en el ámbito escolar?
¿Y la violencia que implica la corrupción en muchos sectores de la administración pública, que no otra cosa es distraer los impuestos a bolsillos de unos cuantos listillos?
¿Y la unidad de España, cuestionada por unos caballeretes del nordeste, que se creen paridos por el dios de la auto-independencia?
En fin; que si uno se pone a cavilar va hallando por doquier señales de que el dígito del año ha cambiado, pero los problemas en modo alguno.
Habrá que hacer como el eremita: marcharse a lo alto de la montaña, recoger la mente, apretar el cilicio de la comodidad y el conformismo y regresar al “cada día” con la voluntad fortalecida y renovada para, por lo menos, no ir hacia atrás.
Por eso, querido lector, queridos amigos (aunque no me leáis, o aunque discrepéis), os felicito con retraso, no ya solamente el comienzo del año, sino la voluntad –que os supongo y deseo— de reinstaurar ideas nuevas y frescas, regadas con
la decisión de la mejoría.
Iba a decir “amén”, pero por aquello de una posible connotación religiosa, que tanta alergia causa a los politiquillos de la zona zurda e iconoclasta, me limitaré a decir, “que así sea”.
¡Y que todos lo veamos y aprovechemos!

"Todos estamos en la cloaca, pero algunos estamos mirando a las estrellas" Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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