lunes, 3 de octubre de 2016

Esta España nuestra: Elegía (en prosa) por un dirigente político que ni alcanzó la gloria ni redimió a su partido.- ¿Quo vadis PSOE?


“La elegía es un subgénero de la poesía lírica que designa por lo general a todo poema de lamento. La actitud elegíaca consiste en lamentar cualquier cosa que se pierde: la ilusión, la vida, el tiempo, un ser querido, un sentimiento, etc. La elegía funeral (también llamada endecha o planto en la Edad Media) adopta la forma de un poema de duelo por la muerte de un personaje público o un ser querido, y no ha de confundirse con el epitafio o epicedio, que son inscripciones ingeniosas y lapidarias que se grababan en los monumentos funerarios, más emparentados con el epigrama, otro género lírico” (De Wikipedia)

“NO HACER LEÑA DEL ÁRBOL CAÍDO
No, no seré yo el que haga leña del árbol caído. Pedro Sánchez ha demostrado a lo largo de los últimos años dedicación y esfuerzo. Ha trabajado de forma intensa, ha cosechado aciertos y ha cometido errores. Se equivocó al no dimitir el 20-D tras la derrota del PSOE en las elecciones generales. Acertó el sábado en sus palabras de despedida. Habló con serenidad y con sinceridad. No estalló en improperios contra los que le habían destituido de forma abrupta y se mostró orgulloso de pertenecer al centenario Partido Socialista. Demostró nobleza y buen sentido al despedirse.

He manifestado mi desacuerdo en esta sección de El Imparcial con la política de Sánchez en muy numerosas ocasiones. Tras su dimisión o su destitución prefiero subrayar sus aspectos positivos en lugar de cebarme en sus errores como están haciendo incluso no pocos de los que le elogiaban y se regocijaban con la fórmula de un Gobierno de la izquierda radical.
La política es una larga paciencia, un largo, largo saber esperar. Pedro Sánchez es joven y tal vez las circunstancias le proporcionen nuevas ocasiones de saltar al primer plano de la vida nacional. Se merece, en todo caso, el respeto y la consideración por mucho que de sus posiciones se pueda discrepar. Al enfrentarse con Felipe González no midió bien sus fuerzas porque el expresidente, además de una vasta experiencia, conserva autoridad sólida en su partido y en los foros nacionales e internacionales. Cumplida su hora, cabe esperar del buen
sentido de Sánchez
serenidad en su posición de reserva ante la nueva etapa del PSOE que se inicia ahora con graves dificultades pero alentadoras esperanzas, bajo la dirección de Fernández y Susana Díaz.
(Luis María ANSON, de la Real Academia Española (”El Imparcial”, 3/10/2016)
Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
campos de soledad, mustio collado,
fueron un tiempo Itálica famosa.
Aquí de Cipión la vencedora
colonia fue; por tierra derribado
yace el temido honor de la espantosa
muralla, y lastimosa
reliquia es solamente
de su invencible gente.
Sólo quedan memorias funerales
donde erraron ya sombras de alto ejemplo
este llano fue plaza, allí fue templo;
de todo apenas quedan las señales.
Del gimnasio y las termas regaladas
leves vuelan cenizas desdichadas;
las torres que desprecio al aire fueron
a su gran pesadumbre se rindieron.
Este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo, representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago!"

Este poema de Rodrigo Caro viene “como pedrada en ojo de boticario” a la situación que vivimos el pasado sábado, día 1 de Octubre (antaño celebración del “Santo Ángel Custodio del Reino de España", y a quien tal vez habría que volver a invocar), en cuya fecha los integrantes de la Comisión Ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español (PSOE, por abreviar, y creo que ya sobra la “O” de “obrero”) ofrecieron a sus militantes y a los ciudadanos de esta España
que se convulsiona pretendiendo ser todavía la “nuestra”, un espectáculo entre infantil, marrullero y malicioso, de “patio de colegio”, tratando, unos, de conservar la “bola” (entiéndase sillón o poltrona política) y los otros, de arrebatársela, pero procurando que no se notara demasiado. Ni Valle Inclán hubiera podido imaginar esperpento mayor.
Lo anecdótico  y no tanto (gritos, peleas, recesos, secuaces gritando en la calle, filtraciones de lo que era secreto,
propuestas sin ton ni son, urnas piratas, dimes y diretes) casi encubrió lo principal: El PSOE se halla en estado agónico, o casi catatónico, por mor de un dirigente (Pedro Sánchez) y sus acólitos, que han pretendido perpetuar su poder desde el negativismo, frente a otros –los llamados críticos— que han tratado de aprovechar la situación para defenestrar al “chulito” e insensato líder, al tiempo que aupar a los suyos a un poder con el que no saben qué hacer. Ni pueden.
Así, desde “el no es no” (¡vaya perogrullada!) hasta el no querer terceras elecciones consecutivas, se ha ido tejiendo en las penumbras políticas de la izquierda, un pacto incomprensible e inadmisible de los defenestrados con los podemitas, sujetos ambos (para completar el “guiso”) por independentistas catalanes y por alguna otra inaceptable tendencia, para aupar a la presidencia de un “gobierno  mosaico”, por lo atomizado y colorista, a “ése”, al líder, al que lloran los que estaban bajo sus faldas, y que después de aquel “zapatero” de los brotes verdes es la estrambótica expresión de la doblez y marrullería.
Suele usarse la forma literaria de elegía, para lamentarse de manera poética y poner en evidencia el dolor que se siente por alguien o algo.
En esta ocasión prefiero que sea elegía “a modo de”, y por eso la escribo prosaica, aunque con el lamento de que un partido –el socialista— que pese a sus errores, contribuyó en tiempos antañones al desarrollo y gobernabilidad de esta España nuestra, se haya quedado moviéndose “como un pollo sin cabeza”, de aquí para allí, entre “noes” y “síes”, pleno de
vaciedades; en resumen, falto de auténticos líderes, tanto en su dirigencia como en su oposición, dando la penosa impresión de que poco a poco va desintegrándose.
¿Quo vadis, PSOE?
Esto, en España, ¡ay dolor!, ni se sabe ni se espera saberlo.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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