lunes, 27 de junio de 2016

Esta España nuestra: Tras las elecciones generales del 26J, el azul del PP elimina el rojo socialista y el morado de P(j)odemos.- La democracia del pueblo no paga ni las baladronadas ni los viajes a lo desconocido

“Después de Rajoy, Rajoy
La repetición de los comicios ha devuelto la vida al bipartidismo, hasta el extremo de que el 26-J reconoce la victoria holgada de Rajoy
El fracaso de Pablo Iglesias en la ambición del sorpasso y el embarazoso retroceso de Ciudadanos demuestra que las fuerzas del cambio han perdido su batalla contra los partidos tradicionales en apenas seis meses de retórica y de expectativa.
La repetición de los comicios ha devuelto la vida al bipartidismo, hasta el extremo de que el 26-J reconoce la victoria holgada de Mariano Rajoy y otorga a Pedro Sánchez el derecho a perseverar como timonel del Partido Socialista.
El problema es que semejantes evidencias no aportan claridad al conflicto de la investidura. Los números no alcanzan a una coalición de izquierdas. Y la tercera victoria consecutiva de Rajoy le ha dado razones para aferrarse a la Moncloa. Más aún considerando que la ventaja sobre el PSOE redondea los 52 diputados o teniendo en cuenta la mayoría absoluta de los populares en el Senado.
El bipartidismo ha ganado las elecciones, el bipartidismo tiene que resolver el galimatías de la investidura. La forma menos traumática se antoja la abstención de los socialistas. Sánchez asumiría el liderazgo de la oposición. Un papel ingrato si no fuera porque Iglesias pensaba arrebatárselo. Y porque le
consiente serenar su liderazgo entre los socialistas, vigilando como un gendarme la legislatura de Mariano Rajoy.
Ha superado Sánchez el porcentaje de votos respecto al 20D. Ha malogrado el sorpasso. Ha sobrepasado el trauma de la refundación que auguraban las encuestas. Ha neutralizado el sabotaje de las baronías. De hecho, la victoria del PP en Andalucía contradice que Susana Díaz pretenda ahora cruzar el Manzanares.
Sánchez ha sobrepasado una crisis existencial del socialismo. No porque haya resistido el empuje del PP, sino porque ha descarrilado el antagonismo de Iglesias. El líder de Podemos ha ganado la campaña electoral y ha perdido las elecciones.
¿Hasta dónde llegará ahora la autocrítica de Iglesias? ¿Será tan exigente consigo mismo como acostumbra a serlo con los demás? No le ha funcionado a Iglesias la absorción de IU. Le han funcionado todavía menos su papel transformista, sus incongruencias ideológicas, su dimensión providencial de socialdemócrata.
Queda constreñido ahora a convertirse en el costalero de Pedro Sánchez. Llevarlo a hombros a la Moncloa, aunque la hipótesis de un acuerdo parece
escasamente verosímil. Por la aritmética. Por el chantaje soberanista. Por la cal viva. Y porque Mariano Rajoy ha obtenido un resultado incontestable.
No cabe mayor escarmiento a las elecciones del cambio. La noche que iba a acabar con Rajoy y con Sánchez, ha sido la del crepúsculo de Iglesias y de Rivera.
(Rubén Amón, en “El País”, 27/06/2016)

Cuando en la tarde/noche de ayer las televisiones y emisoras de radio comenzaron a desgranar y a comentar los resultados de las encuestas de las diversas consultorías de análisis electoral, tuve el convencimiento de que, por lo que vaticinaban los sondeos, iba más o menos a repetirse el desequilibrado “equilibrio” electoral del 20D.
Y me equivoqué, como la mayoría de españoles y casi la totalidad de los comentaristas que se consideran expertos en la cosa de las urnas.
Conforme iba avanzando la noche, ocurría algo inesperado: subían los escaños para el PP, se mantenían los del PSOE, se reducían los de “P(j)odemos” y se derrumbaban los de Ciudadanos.
Parecía irreal e imposible, pero no lo era, hasta tal punto que cuando semejaba que el PP iba a superar en un poquito sus anteriores resultados, se dispararon las noticias de que subía en votos y logros, hasta alcanzar 14 escaños más que en la anterior convocatoria electoral.
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Y al final resultó lo que la tendencia de los votos escrutados iba anticipando: Que el PSOE volvía a estamparse por causa de su falta de esencia, y perdía aún más escaños, bien que siempre por encima de su ”enemigo atávico”, los podemitas.
Que “P(j)odemos” comenzaba a experimentar las hieles de la falta de aceptación social, reduciendo sus votantes, bien que maquillando su resultado final por la agregación de una Izquierda Unida moribunda que en nada le ha ayudado.
Y los Ciudadanos, acababan quedándose en esa tierra de nadie, limbo político, que es perder escaños y resultar mucho menos transcendentes, especialmente por su tibieza política, queriendo ser de centro pero apoyando a la pseudo-izquierda decrépita (léase PSOE).
En conclusión: Ganó Rajoy; ganó el PP, contra pronóstico y contra encuestas; se hundió un poquito más el PSOE; mermaron los podemitas; y se quedaron en tierra de nadie los del “niño vacío” que es Albert Rivera.
Los resultados no es que me sorprendieran; es que sorprendieron hasta al más avezado analista político.
¿Por qué?
La razón es bien simple: Todos hemos querido convertirnos en oráculos del devenir político español y muy pocos hemos parado mientes en la realidad de lo que acontece, que es lo que percibe hasta el pueblo más llano. Ahí es nada que el líder socialista se dedique a las baladronadas y a decir que aspira a ser presidente del Gobierno, cuando está carente de apoyos, con una suficiencia falsa y provocativa y la manipuladora “sultana de Andalucía”, la folklórica Susanita Díaz, no desaproveche ocasión para darle un buen corte de pelo… y de otras cosas.
En sus nervios, Pedrito Sánchez se dedica a llamar a
todos los que puede corruptos e inútiles, vetar a su gusto y conveniencia, sin reparar en que es el artífice de que su partido (corruptor oficial y judicial en Andalucía) pierda escaños como aceite un motor un coche averiado.
Los de “P(j)odemos” han tenido al menos la pseudo decencia, con orígenes populistas, de aceptar su fracaso (ellos lo llaman “falta de éxito) y de reconocerse defraudados, en claro ejercicio de demagogia  neo-comunista.
Ciudadanos se ha dado un nuevo tortazo, porque había venido jugando a no ser frío ni caliente y, cual dice el refrán , encendieron “una vela a Dios y otra al diablo”; y al final, se les apagaron las velas y se quedaron a oscuras, con el veinte por ciento de escaños menos y con una faz entre abobada y sorprendida.
No querían a Rajoy, y prometieron no apoyarle nunca; ahora simplemente dicen que “Habrá que hablar”.
Así pues, todos y cada uno de nosotros acabamos de recibir una sabia lección, inesperada lección, de las urnas: Es mejor ser coherente con uno mismo y con las propias ideas, a pesar de los defectos y fallos, que pretender crecimientos sin sentido y basados solamente en la descalificación y en el revanchismo.
Pedro Sánchez juró, por así decirlo, “odio eterno” al PP y a Rajoy. Y mucho me temo que sus propios congéneres le darán una “patada en el culo”.
He leído en las redes sociales que algunos ciudadanos simplones y populistas de bastante pacotilla se lamentan de que vuelven los corruptos, creyendo que los podemitas encarnan la redención. No lo creo, pero menos lo justifica que otros iguales o  peores se hallen ya instalados en el poder municipal y autonómico  los iconoclastas de los Compromís, Mareas, En Comú (“meona” Aída Colau incluida), con el apoyo, narcisista por demás, de los niños el “niñito” Rivera, que, por no ser ni frío ni caliente” será vomitado del mapa político, si parafraseamos el Apocalipsis.
Ahora, pues, a esperar esa liturgia interminable, pero necesaria, de las consultas del Rey, de las declaraciones variopintas de unos y de otros, de las convocatorias del Parlamento, de los votos sesgados, de esa “antigua farsa” benaventiana que es la política española.
Por el momento, la conclusión queda indicada al principio: Después de Rajoy, más Rajoy. 
Y el mapa de España, como la muñequita de la canción, “vestido de azul”.
Con perdón de ilusos y de los amantes de lo utópico, que siguen abundando.
“La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás”.- Winston Churchill (1874-1965) Político británico.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

2 comentarios:

  1. Veo trazas de resignación y pequeñas alegrías escondidas en este texto con una buena intención objetiva de fondo. Muy buen repaso de lo que ayer fue... ¿una de las mayores sorpresas electorales jamás prevista? Yo no lo creo.
    El pueblo ha hablado en clave de miedo. PODEMOS no es creíble al 100%, Ciudadanos se ha visto castigado por el voto inútil y por encima de todo, la abstención cuando la hay es, casi siempre por no decir siempre, de izquierdas. Resultado para mí esperado, en parte también por los malos augurios de organismos económicos internacionales, véase el FMI, UE o el Banco Mundial, que hacían temblar los cimientos del "Establishment", y del devenir económico, cuando pensaban en la posibilidad de un gobierno podemita.
    Ahora, todos los que apoyamos la regeneración democrática quedamos en Stand-by por no decir, muy decepcionados. Sin embargo, soy el primer consciente de que la regeneración con las opciones existentes daba y da un poco de miedo. PODEMOS debe ganarse el voto desde la oposición para llegar a ser creíble. Sin embargo, el primer líder de la oposición ha salido Pedro Sanchez, lo que le permitirá, si es inteligente, coger ese último tren que le queda para ser alguien y hacer algo por su país.
    Esta es mi reflexión a lo visto hasta ahora.
    Un saludo.

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    1. Agradezco mucho el reflexivo comentario, aunque discrepo con matices, porque ni el miedo ha sido tan determinante (tanto PSOE como Podemos han mantenido posturas poco admisibles y muy "en contra de todo") ni la abstención es de izquierdas, sino que es del votante y precisamente las izquierdas son las que menos se abstienen.
      Qué duda cabe de que es necesaria la regeneración democrática, pero eso no es lo que ha hecho el chulito líder socialista, y los líderes de Podemos, casi sin mandar aún, ya comienzan a apestar a chanchullo.
      Lo mejor que puede hacer Pedro Sánchez, que no puede sustraerse a ese estilo "Zapatero" pero en malo, es irse a casa y desde allí decir siempre que no a todo. Hasta a sí mismo.

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