martes, 12 de enero de 2016

Después del esperpento de Cataluña: ¿Nuevo gobierno español en el Puerto de Arrebatacapas?

“España hace tiempo que se desvanece
El llamado consenso de la Transición alumbró un marco institucional perverso y disfuncional, marcado por la arbitrariedad y la corrupción. Un sistema que, carente de unas reglas del juego correctas y de los más elementales mecanismos de control que garantizasen el funcionamiento neutral de las instituciones, devino rápidamente en el latrocinio y el caciquismo. Dentro de este despropósito, el modelo territorial jamás desentonó. Se concibió como un modelo caótico, donde la descentralización carecía de límites y cualquier competencia era susceptible de ser transferida a la administración local de turno. Característica que sirvió como moneda de cambio a la hora de negociar pactos de gobierno entre las fuerzas políticas estatales y los partidos nacionalistas, lo que ha dado lugar a una descentralización tan extraordinaria que la nación española se ha diluido dentro de sus propias fronteras.
Las castas locales han tomado buena nota de la mera virtualidad de las instituciones españolas, de la ductilidad de la Ley y de la debilidad e inconsistencia temporal de los sucesivos gobiernos
Aunque ciertamente sea en Cataluña donde la usurpación territorial está en trance de consumarse, hace tiempo que otras regiones avanzan en la misma dirección. La lógica del sistema así lo propicia. Ocurre que las castas locales han tomado buena nota de la mera virtualidad de las instituciones españolas, de la ductilidad de la Ley y de la debilidad e inconsistencia temporal de los sucesivos gobiernos. En la Comunidad Valenciana, por ejemplo, el pancatalanismo lleva tiempo progresando sin impedimento alguno gracias a la desidia de nuestros gobernantes, a la partidización de las instituciones, a la consiguiente corrupción y a los dineros provenientes de la Generalitat de Cataluña, que trabaja para extender su ámbito de influencia con la
mirada puesta en futuras anexiones territoriales.
Lo mismo sucede en otras regiones, en las que cada día que pasa la identidad española se vuelve más testimonial. Los organismos oficiales, administraciones e instituciones son estrictamente locales, sin rastro alguno de su vinculación con el Estado español. El discurso en numerosas universidades y otros estamentos culturales es de naturaleza claramente regionalista cuando no nacionalista. Se va relegando el castellano como idioma oficial y surge, instigado por las castas locales, un sentimiento de rechazo hacía la idea de España.
Para deshacer lo andado, una reforma territorial de corte federalista no sirve. Ésta sólo significaría un afloramiento del statu quo alcanzado por las castas locales y, muy posiblemente, no sólo no frenaría el proceso de disgregación sino que actuaría como incentivo. El mal va más allá del modelo territorial consagrado en la Constitución: está en la raíz misma de un modelo político, donde el control del Poder se limita a la celebración elecciones cada cuatro años, donde los partidos son estructuras cerradas que sirven a sus propios intereses, donde la ley electoral impide a los ciudadanos elegir de forma directa a sus representantes, donde la separación de poderes no existe, donde la Ley es papel mojado y la jurisdicción territorial mera entelequia.
Se hace necesario un proceso de refundación, una catarsis, que arranque desde la misma base constitucional y defina un nuevo sistema institucional neutral.
La solución pasa por la voluntad política de revertir, mediante una serie de profundas reformas en cascada, un marco político perverso donde casi nada funciona correctamente. Se hace necesario un proceso de refundación, una catarsis, que arranque desde la misma base constitucional y defina un nuevo sistema institucional neutral e impersonal dotado de los imprescindibles controles y contrapesos. Un proceso reformista que cambie las expectativas de las personas trasladando la convicción al conjunto de la sociedad de que el cambio es verdadero, rompiendo así la perversa inercia. Se trataría, en definitiva, de la instauración de una democracia completa, con las imprescindibles salvaguardas, que garantice la libertad, la prosperidad y la unidad territorial y, sobre todo, devuelva a los españoles –- y no a los territorios–- las competencias que siempre debieron pertenecerles. Difícil, muy difícil, sí. Pero en absoluto imposible. Pese a toda apariencia, pese a toda degradación real o imaginaria, la España real sigue estando ahí, bastante más entera de lo que sus numerosos enemigos piensan”
(De “Voz Populi”, 12/01/2016)
Después del espectáculo que ha supuesto la designación e investidura, por “digitalina” (de forma “dedocrática” por si alguien no alcanza a entenderlo) del Presidente de la Generalitat de Cataluña, la capacidad de sorpresa de muchas gentes, entre las que me incluyo, ya ha quedado consumida.
Resulta que los de la CUP, feroces antisistema, anárquicos. anti todo y mucho más, de repente, a veinticuatro horas de la expiración del plazo para una nueva convocatoria de elecciones autonómicas, se presentan renunciando a todo lo que llevaban más de tres meses proclamando, y “prestan” ocho de sus diez diputados para la investidura de un President gris y desconocido `para la mayoría, salido del “dedazo” del cacareado enemigo acérrimo e inadmisible de la CUP: Artur Mas.
Y este Artur Mas, que había proclamado con sonrisa hierática de paranoico y soberbio cacique, que él no
iba a plegarse a las presiones de la CUP, pues va y se aparta de todo el proceso de investidura y designa a un anodino independentista de Girona para que se presente a la elección, con el programa (cortar y pegar) que no le había sido admitido previamente.
Esperpento, puro esperpento.
Doblez y falta de honradez y de vergüenza de unos y otros.
Así, desde luego, ni se sustenta Cataluña, ni puede continuar esta España nuestra, tan atractiva y pero tan poco cuidada.
Sirve Cataluña de piedra de toque para una España que cada vez más se abroquela en dos grandes núcleos: la izquierda “anti todo”; y la derecha “menguante”; con algún que otro partido, color naranja, que zascandilea por ahí, repartiendo sus votos entre unos dioses y otros diablos.
¡Así no hay país que aguante!
Si han de gobernar las izquierdas, que lo hagan, pero en virtud de legitimidad democrática de las urnas; si han de mantenerse las derechas, que acepten su derecho los otros. Pero estos marasmos de ajuntarse y desajuntarse, de violentar los resultados electorales con pactos "anti natura", y driblar las verdades con frases más o menos ingeniosas pero carentes de base real, solo conducen al desmembramiento y a la desintegración.
El nuevo líder catalán se lanza a desdeñar al gobierno “en funciones”, como si él ya “funcionara”; y tratará de imponer por encima de todo --saltándose “a la torera” lo que le perturbe--, una independencia cocinada con “avecrem” del malo, porque ni siquiera se puede elaborar con buenas materias primas provinientes de buenas piezas democráticas.
Y ahora vamos  a asistir a situaciones “border line”, que parecen legales pero que vulneran la legalidad, a las que es dudoso que un timorato gobierno español como el que está en funciones aunque funciona poco, aplique soluciones contundentes de orden legal y judicial, porque priva más el futuro electoral que el bien de la nación.
¿Obedecerá la policía catalana las órdenes del gobierno de España? ¿Y el funcionariado, qué hará?
¿Se atreverá el gobierno español a suspender o limitar la autonomía de Cataluña?
¿Apoyarán los partidos no gobernantes las medidas del gobierno en funciones?
Es más fácil adivinar el “gordo” de la lotería que responder con acierto a esos interrogantes.
Estoy escribiendo en este blog desde hace bastante tiempo, con diferentes gobiernos al frente de la nación, que es necesaria una “refundación” democrática de nuestro país, basada en la negociación y el consenso.
Ello, empero, semeja inalcanzable cuando los azules se decoloran; los rojos se hacen más bermellones; los naranjas pierden su color; los morados expanden su tinte y dejan al descubierto neocomunismo a lo bolivariano; y la sociedad, harta de falsedades, dobleces y carencias, se escapa y adopta una postura de evasión, de abstencionismo.
Tal vez el problema resida en que no se han operado adecuadamente los cambios generacionales, y además los grupos sociales llamados a efectuarlos son tan descafeinados y están revestidos de tanto deseo de revanchismo, de tanto hartazgo, que falta la serenidad y la generosidad del entendimiento.
¿Ya ha llegado el lobo y va a comerse las ovejas?
Unos dicen que sí; otros mantienen que no pasa nada.
Mientras tanto, en Cataluña, un tal Puigdemont se esconde tras un flequillo alborotado para presumir de determinaciones independentistas; él que al menos en su familia es tan “integracionista” como que está casado con una rumana. Europa para todos y Cataluña solamente pera ella misma... ¡Vaya desvarío!
¡Que tiemble Rumanía! El día menos pensado Cataluña y Puigdemont le exportarán la independencia de Timisoara o de alguna otra zona.
Y en España, en la España nuestra de cada vez más de pandereta y castañuela, “los unos por los otros y la casa sin barrer”.
Propongo crear un gobierno que se instale en el Puerto de Arrebatacapas…
Allí los vientos soplan de veras y quien sobrevive sí que es fuerte y perdurable…como quisiéramos que fuera la actual democracia en nuestra nación.
Y además no hay tufos del hedor de la corrupción...
“Gobernar es pactar; pactar no es ceder” Gustave Le Bon (1841-1931) Psicólogo francés.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

2 comentarios:

  1. JOSÉ LAGARTO FERNÁNDEZ13 de enero de 2016, 10:54

    Después de leer, tus dos articulos el de ayer y éste, no deja de sorprenderme tu facilidad para escribir, entonar y acertar en tus comentarios.
    Sigue así, que por lo menos a mí me sirve, y mucho.
    Muchas gracias.

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    1. Agradezco, querido Pepe, tus comentarios.
      El mérito y las gracias hay que darlos a quienes lo leen, no a quien lo escribe, quien al fin y al cabo lanza una propuesta que debe ser aceptada por el lector.
      Un abrazo,

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