lunes, 21 de diciembre de 2015

Las elecciones generales en España: “Imposible lo dejasteis para vos y para mí”

“España tumba el bipartidismo y deja en el aire el gobierno
  • PP y PSOE pierden más de 5 millones de votos y los emergentes superan los 8 millones
  • El desgaste 'popular' y el frenazo de Ciudadanos dejan al centro derecha sin mayoría absoluta
  • Rajoy: 'Quiero intentar formar un Gobierno estable'
Los españoles decidieron ayer dar por muerto y enterrado el bipartidismo en torno al que ha venido girando nuestro sistema político desde 1977. El PP y el PSOE perdieron en conjunto 5,4 millones de votos respecto al resultado mientras que, enfrente, surgieron dos grandes alternativas de poder, Podemos y Ciudadanos, que sumaron más de ocho millones. La fuerza más votada fue el PP de Mariano Rajoy, que obtuvo 123 diputados pero tendrá muy difícil gobernar, puesto que ni siquiera un acuerdo con los 40 parlamentarios de Albert sería suficiente. Los socialistas mantuvieron el segundo puesto pese a romper su suelo y caer hasta los 90 escaños, y Podemos irrumpió con ímpetu arrollador hasta los 69.
Tal y como se ha venido perfilando a lo largo de toda la campaña, se abre una nueva etapa política que no tiene referente en ninguno de los procesos electorales de la democracia española. El bipartidismo que ha sobrevivido durante casi cuatro décadas, llega ahora a su fin.
  El país entra en una dinámica marcada fundamentalmente por el empuje de las nuevas generaciones que siempre han vivido en un régimen de libertades y que no votaron la Constitución.
Ahora, España se asoma a un paisaje político en el que, por el momento, no se ve con claridad la fórmula para garantizar la gobernabilidad. El color y las hechuras del futuro Ejecutivo están en el aire.
El Partido Popular ha ganado las elecciones pero precariamente. Ha conseguido 123 escaños, a años luz de los 186 que logró en 2011. En estos cuatro años se ha dejado más de tres millones y medio de votos.
El PSOE, por su parte, se ha mantenido como segunda fuerza aunque perdiendo más de un millón y medio de votantes y situándose, con 90 escaños, por debajo del listón psicológico de los 100 diputados. Los socialistas han cerrado las urnas sintiendo el aliento en la nuca de un nuevo partido: Podemos, que ha logrado un espectacular resultado, aunque yendo en coalición con fuerzas menores en Valencia, Cataluña y Galicia. El partido liderado por Pablo Iglesias y sus compañeros de comicios (En Marea, Compromís y En Comú Podem) han conseguido entrar en el poder legislativo con 69 escaños.
La otra fuerza emergente, Ciudadanos, se ha desinflado llamativamente respecto a los resultados que le llegaron a vaticinar las encuestas. El partido encabezado por Albert Rivera finalmente ha logrado 40 escaños. Teniendo en cuenta que se estrenaba en
el teatro nacional, su entrada en el Congreso también puede calificarse como muy importante.
En estos comicios, las dos fuerzas tradicionales -PP y PSOE- que se han turnado durante casi cuatro décadas en el poder, han perdido en conjunto más de cinco millones de votos. En 2011 un total de 17,8 millones de españoles escogieron o la papeleta popular o la papeleta socialista. Ayer sólo lo hicieron 12,6 millones. En el otro lado de la balanza, los dos partidos nuevos -Podemos y Ciudadanos- han conseguido atraer en su primera actuación en unos comicios generales, el sufragio de ocho millones y medio de españoles.
Las dos fuerzas nuevas no sólo han robado voluntades políticas a manos llenas a populares y socialistas, sino que también han atraído al nuevo votante y han conseguido laminar a partidos que hasta bien entrada la legislatura tenían excelentes perspectivas, como Izquierda Unida o UPyD.
IU, encabezada por Alberto Garzón, apenas ha obtenido dos escaños por Madrid. En tanto que la formación magenta, liderada en estos comicios por Andrés Herzog, no ha logrado ni un solo puesto en el Parlamento.
¿Un Gobierno pentapartito?
El panorama que se dibuja ahora con la vista puesta en la gobernación es, de partida, muy difícil. En principio, atendiendo a la dicotomía derecha-izquierda, el bloque formado por Partido Popular y Ciudadanos suma un total de 163 escaños, insuficiente para constituir un Gobierno con manos libres, e insuficiente también para sacar adelante sólo
con sus votos la investidura del líder del PP como nuevo presidente del Gobierno. Lo mismo sucede con el tándem Podemos-PSOE que juntos sumarían 159 escaños.
No obstante, esta segunda fórmula, podría llegar a contar con el respaldo de otros partidos menores más radicales e incluso nacionalistas. Resulta difícil imaginar un Gobierno pentapartito -que evidentemente marginaría al PP que ha sido la fuerza más votada-, pero quizá no lo sea tanto a la hora de sacar adelante la investidura de un líder de izquierdas. Ahora bien ¿cuál?
En este bloque, el PSOE es la fuerza más votada, pero su candidato Pedro Sánchez ha conseguido el peor resultado de la historia para su formación y su posición interna no es precisamente de gran fortaleza.
No es el caso de Pablo Iglesias, al frente de Podemos. Su liderazgo, con los excelentes resultados logrados se consolida, pero no hay que olvidar que buena parte de sus escaños han sido obtenidos por fuerzas con las que se presentaba coaligado en comunidades autónomas en las que no contaba con suficiente red propia y que en el Congreso de los Diputados previsiblemente se dividirán en varios grupos parlamentarios.
Existe una tercera posibilidad, experimentada en otras naciones europeas -el caso alemán es el paradigma-, pero jamás en España. Se trata de la gran coalición que implicaría ver un Gobierno en el que vayan de la mano PP y PSOE. Un experimento así sería visto de inmediato como un intento, último quizá, de las dos fuerzas tradicionales por seguir manteniéndose, contra viento y marea, en el poder.
No hay duda de que un acuerdo de este tipo supera los números tanto para investir a un presidente como para gobernar. Sin embargo, si lo que se pone sobre la mesa son programas concretos, las diferencias entre las dos formaciones parecen demasiado grandes como para lograr un pacto tan estrecho. De hecho, es esta una fórmula que, según las encuestas que se han realizado antes y durante la campaña, no gusta a los ciudadanos.
Anoche, el líder socialista, Pedro Sánchez, afirmó que, por su parte, permitirá que sea el candidato de la fuerza más votada, es decir, Mariano Rajoy, quien abra la ronda de negociaciones y contactos para intentar conseguir un acuerdo que permita formar Gobierno.
En cualquier caso, resulta necesario tener en cuenta que para gobernar no es imprescindible contar con el respaldo de una mayoría absoluta. Un Ejecutivo sin el apoyo continuo de 176 diputados es posible aunque se ve lógicamente obligado a negociar cada paso con fuerzas muy diferentes. El Parlamento gana en viveza, pero también, si la división del Hemiciclo es excesiva, sufre de inestabilidad.
Las fuerzas emergentes que han dado un vuelco al panorama político quieren cambio, quieren tomar las riendas de un nuevo futuro. Y ya están aquí. Estas han sido las elecciones de la catarsis y como tales dan paso a un periodo inicial de inevitable confusión que exige altura de miras para evitar los riesgos evidentes del caos.
El próximo 13 de enero, a las 10.00 horas se abrirá la sesión constitutiva del nuevo Parlamento. El Congreso será una cámara multicolor que a partir de ahora tendrá que regirse por una norma insoslayable, la de la negociación.
La regla del pacto empezará a explorarse de manera inmediata con los contactos entre líderes, dirigidos en principio por el más votado. Mariano Rajoy intentará buscar apoyos, en el mejor de los casos para alcanzar un pacto de gobernabilidad que asegure, como él repite, una legislatura estable y, en el peor, para lograr su investidura como nuevo presidente y formar un Ejecutivo dispuesto a caminar el máximo tiempo posible pero sobre la cuerda floja. En este último escenario es muy posible que la legislatura no llegue a durar los cuatro años que en principio marca la ley.
La situación es tan incierta que no resulta
descabellado plantear la hipótesis de una repetición de elecciones si finalmente nadie consigue los apoyos suficientes como para formar Gobierno.
Las investiduras en España nunca se han aplazado más allá de mes y medio a contar desde la cita con las urnas. Sin embargo en esta ocasión las cosas son distintas. Tras un intento de investidura fracasado se abre un plazo de dos meses para seguir celebrando intentos de votación. Cumplidas esas ocho semanas, si no hay éxito, el Rey, con el refrendo del presidente del Congreso, procede a la convocatoria de nuevas elecciones generales.
(De “El Mundo”, 21/12/2015)

No es que la obra teatral “Don Juan Tenorio”, de José Zorrilla, sea un prodigio de métrica y de arte poético, pero ciertamente contiene una serie de expresiones que, tomadas de la vida diaria, nos sirven de “muletilla” ante diferentes situaciones de la vida y de la realidad.
Por tanto, la sentencia “Imposible la dejasteis para vos y para mí”, viene como anillo al dedo (“como pedrada en ojo de boticario” diría algún castizo) a lo que ha acontecido en España en las elecciones legislativas o generales del día 20 de Diciembre.
Vaya por delante que el pueblo español ha dado una enorme lección de madurez ciudadana y democrática, votando en importante afluencia y en orden y paz, como no podía ser menos después de casi cuarenta años de vida del actual sistema.
Cierto también que el pueblo español ha dado otra gran lección con sus votos, pues ha establecido a quién prefiere, cómo lo prefiere y con quienes quiere que se integre en la vida política.
Pero no puede negarse que del resultado de las elecciones del día 20 de Diciembre resulta en principio un enorme lío, ya que el partido gobernante (el PP) ha sido el más votado –dícese que “ha ganado” las elecciones”— pero ha perdido un montón
de escaños y ha quedado en una minoría mayoritaria.
El otro partido hasta ahora bastante predominante (alternando entre gobierno y oposición), el PSOE, ha quedado en límites mínimos insospechados, y aunque a nivel nacional está en segundo lugar, ha sido superado por otro de los llamados partidos emergentes. Contando además con su tradicional falta de conciencia.
El primer emergente es P(j)odemos –lo siento, pero sigo sin renunciar a insertar la “j” en su denominación— que es un conglomerado de grupos en forma de partidos, de etiología filocomunista de la no homologada, tendencias reaccionarias a la izquierda y apariencias constitucionalistas, que en su oferta de ruptura de formas y rebeldía frente a los apretones del poder establecido, ha seducido
principalmente a la gente joven (importante mayoría) y se ha aproximado mucho al segundo puesto en número de votos.
El cuarto partido en liza, novato también, el denominado “Ciudadanos”, ha aportado bisoñez y acogimiento de un añorado e irrepetible centro político, que ni siquiera el irrepetible Adolfo Suárez pudo consolidar.
Así que el mapa político semeja un arco iris, una pléyade de colores, que esencialmente pone de manifiesto que algo (mucho) está cambiando en esta España nuestra.
Aquello de las derechas y de las izquierdas creo que ha sido superado por lo que significa “lo nuevo” y “lo viejo”.
Recuerdo la anécdota que me refirió el catedrático Don Adolfo Miaja de la Muela, uno de mis maestros, quien me distinguió dirigiendo mi tesis doctoral, cuando me contó que en otra tesis que hubo de soportar escuchó de un colega que lo sometido a control por el doctorando tenía “cosas muy originales” y “cosas muy buenas”.
La respuesta del Profesor Miaja fue, como él mismo, de excelsa inteligencia y aguda visión: “Sí; pero lo original no es bueno; y lo bueno no es original…”.
Gran verdad, que resulta aplicable a lo acontecido en
estos comicios, en los que el pueblo español ha tenido miedo a desasirse del pasado y pánico a dejarse arrastrar por su natural ansia de progreso.
Aquí, en España, nadie quiere perder lo que ya ha conseguido en materia de bienestar diario, de precios contenidos, de abundancia de bienes, de estilo de vida confortable; pero ansía mejorar sus pensiones, a encontrar mejor trabajo, a incrementar sus retribuciones. En una palabra, a ir hacia adelante sin posibilidad de retroceso.
Y me parece que eso es lo complicado.
Porque los que arriban como nuevos no hacen sino re-editar arcanas fórmulas, y los que permanecen se han anclado en si historia sin evolución comprobable.
Así las cosas, si trata de gobernar la derecha, malo, porque se opondrá la “supuesta” izquierda del PSOE, que hasta llegaría a soportar a los iconoclastas del “P(j)odemos”; y también a los otros de la izquierda comunista. Y como el PSOE tiene ascendiente
hermafrodita, hasta sería capaz de aliarse con “Ciudadanos” contra natura, con tal de mandar.
Y, si trata de gobernar la izquierda, el PP más cavernícola boicotearía lo divino y lo humano con tal de sobrevivir.
¿Qué hacer, por tanto?
Quien lo sepa y atine, llevará premio.
Pero sin mostrar deseo de recompensa, aquí y ahora me siento obligado a proclamar que ya veremos en qué acaba este lío, si es que termina.
No puedo olvidar la admonición de un sagaz analista político de que “ahora se trata de los mismos perros con diferentes collares”.
Gran verdad que entraña gran paradoja.
Que, mande quien mande, gobierne quien gobierne, en esta España nuestra el lío está servido.
Y aunque “imposible la dejaron para ellos y para
nosotros”, esperemos que la doña Inés de la sensatez política redima a tanto don Juan advenedizo.
Eso es lo que espero en este tiempo de Navidad, en el que las sospechas maliciosas se tornan esperanzas bienintencionadas.
¡Que Dios ha nacido en la Navidad para algo, caramba!
“Escojo a mis amigos por su buena apariencia, a mis conocidos por su carácter y a mis enemigos por su razón”.- Oscar Wilde (1854-1900) Dramaturgo y novelista irlandés
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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