martes, 1 de septiembre de 2015

Ucrania se estremece en su diversidad y Europa se convulsiona ante el drama de la migración


“La reforma constitucional en Ucrania es la única salida viable al conflicto con Rusia

"El olvidado conflicto en Ucrania ha vuelto trágicamente a ocupar el primer plano informativo en una Europa conmocionada por la crisis humanitaria de los refugiados. Respetado el alto el fuego tanto por el ejército de Kiev como por las milicias prorrusas, la tensión en el este del país ha disminuido en intensidad pero no ha desaparecido del todo. Prueba de ello son las manifestaciones a las puertas del Parlamento ucraniano que han dejado hasta el momento el balance de un muerto y 90 heridos. Los miles de manifestantes nacionalistas que se han enfrentado a la Policía a las puertas de la Cámara legislativa no están dispuestos a aceptar la reforma constitucional promovida por Poroshenko que prevé una descentralización territorial del país y la concesión de un régimen especial de autogobierno para las regiones de Donetsk y Lugansk.
Pero al presidente ucraniano no le quedaba otra salida para desbloquear una situación envenenada por la política de hechos consumados de Putin. Anexionada sin remedio la península de Crimea en la primavera de 2014, Poroshenko necesitó movilizar a la comunidad internacional para defender la integridad política del país. Los acuerdos de paz de Minsk auspiciados por la OSCE y firmados el pasado
mes de febrero por Ucrania, Rusia, Francia y Alemania contemplaban como condiciones del alto el fuego la recuperación por parte de Kiev del control sobre la frontera con Rusia a cambio de conceder la autonomía a las regiones del este, de mayoría rusoparlante. Para las fuerzas políticas que votaron ayer en contra de la reforma constitucional, ésta constituye en la práctica una disolución nacional y una primera cesión a las exigencias rusas que será interpretada como un signo de debilidad. Para los representantes de las provincias rebeldes y para Rusia, la reforma propuesta (que tendrá que someterse a una segunda votación antes de finales de año) no respeta lo acordado en la capital bielorrusa, porque no desarrolla en una ley ad hoc el estatus de ambas regiones.
Ninguna de las partes parece estar satisfecha, pero el mantenimiento de la paz exige cesiones irrevocables. Poroshenko tiene la obligación de implementar lo estipulado en Minsk y la comunidad internacional, con la UE y la OTAN a la cabeza, la de apoyar sus reformas y exigir a Rusia que cumpla su parte de los acuerdos.”
( “El Mundo”, editorial en 01/09/2015)
Acuerdos urgentes
Europa no puede permitirse un nuevo fracaso en la crisis de los refugiados
(El País 31 AGO 2015 )
“Después de un mes de agosto terrible, en el que hemos asistido a escenas que no se veían desde los éxodos masivos de las guerras mundiales, los líderes comunitarios parecen haber tomado conciencia de que la crisis de la llegada masiva de refugiados exige una respuesta urgente y duradera, que no sirva solo para salir del paso sino para encarar un fenómeno complejo y difícil que irá a más. Solo de Siria se estima que han salido ya más de cuatro millones de personas, la mayoría de las cuales están en Líbano o Turquía esperando seguir ruta hacia Europa a pesar de que el viaje, como se ha visto, entraña grandes peligros.
Desde el punto de vista humanitario, la situación es insostenible. Por eso hay que esperar que la cumbre de ministros de Justicia e Interior convocada de urgencia para el próximo día 14 permita dar el salto hacia una política de asilo común que ordene el flujo de refugiados y los reparta entre los 28 miembros de la Unión Europea por algún sistema equitativo. No hay que olvidar que los refugiados que llegan a las costas de Grecia o Italia no viajan a esos países, sino a Europa, y es Europa en su conjunto la que debe afrontar la situación. No será fácil aunar los diferentes intereses que cada país tiene, pero es de vital importancia que se consiga. De lo contrario, como ha advertido la canciller Angela Merkel, es mucho lo que está en peligro.
Para empezar, está en riesgo la Europa de Schengen. Y no solo porque Alemania, el país que más refugiados acoge, amenace con cuestionar la libre circulación de personas si no se afronta de forma solidaria el reparto de refugiados, sino porque la incapacidad de gestionar un problema común tan claro sería un nefasto indicador de falta de cohesión que se extendería a otros muchos asuntos.
En los últimos días se han sucedido los gestos de dirigentes de países como Alemania, Italia y Francia llamando a la responsabilidad de los Gobiernos para articular una respuesta solidaria. La propia Comisión Europea, con la visita de su vicepresidente al puerto de Calais, ha lanzado el mensaje de que otorga máxima prioridad a este problema. Hay que esperar que la movilización obtenga resultados más fructíferos que los que siguieron a la cumbre de jefes de Estado celebrada en abril. La propuesta más atrevida —repartir 40.000 inmigrantes por cuotas obligatorias— fracasó por la negativa de varios países, entre ellos Reino Unido y España.
No parece una estrategia acertada la que sigue el presidente Rajoy al presumir ante Merkel de buenos resultados económicos y mostrarse al mismo tiempo tan estricto a la hora de aceptar refugiados. Se pueden discutir los criterios del reparto, pero el Gobierno debería mostrarse más participativo, además de exigir —como hace— que se acelere el plan europeo de cooperación con África.
La crisis migratoria se nutría al principio de inmigrantes económicos. Ahora ha derivado hacia una crisis de refugiados. La mayoría de los que llegan al continente o perecen en el intento son personas —familias enteras con niños y ancianos— que huyen de las guerras en Siria, Irak o Afganistán. Antes que nada, requieren una respuesta solidaria. También de España.”

¡Vaya entrada en el mes de Septiembre!
Por una parte, Ucrania, ya bastante revuelta y asfixiada por una guerra contra el invisible pero real enemigo ruso, que saquea su economía y merma el ánimo de las gentes, entra en convulsiones por la aparición de las minorías de extrema derecha (quién sabe si también indirectamente agitadas desde Rusia), que se han alzado de forma violenta y antidemocrática contra las necesarias reformas constitucionales que la Verkhovna Rada (Parlamento) ha aprobado en cuanto a descentralización, y que resultaban imprescindibles no ya solamente para cumplir los acuerdos de paz (¿?) de Minsk, sino para distender en lo posible la situación y alcanzar alguna solución al secesionismo imperante en las regiones de Donetsk y Lugansk, antes de que fatalmente sean escindidas de la nación del Dniéper.
Comprendo que el pueblo ucraniano en general, tan adolescente en cuanto a independencia, querría que nada se suavizase ahora y que retornase al feudo nacional la Crimea robada “manu militari” por Putin, y que se venciese a los pro-rusos y a los rusos mismos en el conflicto del este.
Pero bajo las perspectivas de la democracia y de la realidad de los tiempos, la solución bélica nunca es deseable, y como se dice en la abogacía, “más vale un mal arreglo que un buen triunfo en un pleito”.
Y no otra cosa es lo que se está tratando de hacer en Ucrania: alcanzar soluciones posibles a una pérdida de vidas y a un hundimiento económico insoportables.
Por eso, aunque los de la derecha extrema reclamen con acciones de inspiraciones neo-fascistas toda la dureza, es de alabar la cordura de los bloques políticos moderados cuando han abierto vías de posible mitigación de los dramas bélicos en el este del país.
Sea como fuere, he de repetir una vez más aquello que, parafraseando la ópera “Evita”, ya escribí más de una vez: “¡Lloro por ti, Ucrania!
Y mis congojas son porque pese a la culta inteligencia de la mayoría de tus gentes, pese a la recta voluntad de tu población, no solamente las secuelas de la pertenencia a la oprobiosa Unión Soviética, sino las consecuencias de la oligarquía paralizante que sucedió a la independencia, han abocado al país hacia la corrupción, la pobreza, la amargura del fracaso, la indefensión ante la injusticia. Casi peor que en los tiempos de la hoz y el martillo.
Espero que la mayoría silenciosa del pueblo ucraniano sepa implantar la cordura que le es propia y proverbial y reconducir estos tiempos de conflicto bélico y ciudadano hacia rutas de auténtica democratización y progreso.
Y al filo de estos conflictos en Ucrania me asalta la honda preocupación por el brutal drama de la migración hacia Europa que viene generándose desde Asia y África, ante la incapacidad de la Unión Europea.
Tuve la desgracia de vivir los padecimientos de los ucranianos cuando pretendieron huir de su país para alcanzar el “paraíso” en España, y de cómo el freno a la inmigración posiblemente legal generó un enorme flujo de ilegales, que cruzaban las fronteras españolas casi tan hacinados como los sirios que están siendo sacrificados en camiones estancos, cual ganado.
Es cierto que la Europa del bienestar se ve asediada por la invasión incontenible de millares de desesperados demandantes de asilo y de vida, y que ello puede hacer tambalearse el estado del bienestar –ficticio y peligroso— instaurado en la Europa de las estrellas en la bandera azul.
Pero no menos cierto es que por encima de los criterios políticos y económicos han de privar los principios humanitarios, que solamente parecen existir cuando se trata de ayudar (en ocasiones de forma heroica) a los problemas lejanos y nunca en nuestras fronteras.
¿Qué pensar de esos empresarios, industriales, universitarios y profesionales de los países esquilmados, que huyen y vienen caminando miles de kilómetros, sin medios ni alimentos, con los hijos a hombros, unos pocos trastos en las manos, simplemente demandando no ser sacrificados y probablemente degollados por ese feroz extremismo islámico, que en buena parte alimentó Occidente cuando le dotó de medios y armas para combatir a los sátrapas del Oriente próximo y medio, sin parar mientes en que de aquellos polvos vendrían estos lodos de ahora?
Y unos países, como Hungría, colocan verjas hirientes (en España, Melilla, hicimos igual) y dejan al albur de los tiempos el cruzamiento de sus tierras en dirección a Austria, antesala de la “tierra prometida” alemana. Otros les dejan prácticamente abandonados.
En medio de esa inmensa tragedia surgen atrocidades como las de las mafias que solo buscan enriquecerse a costa de las vidas de los atribulados inmigrantes, o las de las autoridades que no quieren ni pueden facilitar ni un mendrugo de pan, o un sorbo de agua.
¿A dónde va a parar la Europa civilizada?
Por el momento solo alcanza a discutir si se acepta cuatro o seis mil (lo mismo da que sean cabezas de ganado que personas humanas) y si se les da asilo o refugio, o nada.
(Y habría que reparar en el ejemplo español de los Centros de Internamiento de Extranjeros indignos en su estructura, abandonados e insuficientes)
En fin, también hay que llorar por Europa, que no sabe ayudar a los débiles y a los necesitados; y especialmente por esos miserables migrantes, que solamente, y no es poco,  buscan seguir viviendo a cualquier precio.
Claro, que es mejor, más cómodo, lamentarse de las caídas de las bolsas mundiales, en las que la opulencia especula y amasa riquezas que solamente sirven para generar más desgracias y desigualdades.
¡Qué pena!
“Es curioso lo lejana que resulta una desgracia cuando no nos atañe personalmente" John Ernst Steinbeck (1902-1968) Escritor estadounidense.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

1 comentario:

  1. Estamos en la linea de la solución menos mala...y quizás la única viable para Ukraina.
    Buen articulo y como siempre mi simpatia porm ese pueblo tan maltratado por la propia Historia.

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