lunes, 3 de noviembre de 2014

En el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín: Los otros “muros” ...


“¿Qué perdimos con la caída del Muro? Después del 9 de noviembre de 1989, ¿se hizo mejor el Este y peor el Oeste?
Bienestar y malestar
Por Ignacio Vidal-Folch

A propósito del espía Philby, el poeta Joseph Brodsky escribió unas páginas muy agudas y ácidas sobre la simpatía de ciertos occidentales por los países sometidos al comunismo. A cierto tipo de ciudadano inglés, dice, le encanta Rusia, la Rusia de la Guerra Fría: "Asiente con satisfacción al ver un ascensor averiado" y "reconoce la torpeza y la chapuza igual que uno reconoce a sus parientes. Se reconoce en un desconchado, una barandilla insegura, las sábanas húmedas de una habitación de hotel, unos árboles esmirriados vistos a través de una ventana sucia… Las trabas burocráticas", etcétera. La letanía es larga y exacta y dibuja con plasticidad la atmósfera del mundo tras el telón de acero. El sistema económico floreció en ese paisaje físico y moral que ha desaparecido de Europa hace 25 años. Con un poco de folclorismo cínico puede agregarse a la lista de Brodsky que los occidentales hemos perdido, con la caída del Muro, un continente exótico y cercano de ciudades sin publicidad, sin ruido de tráfico, donde el tiempo se extendía con elasticidad, pues había poco que hacer; de multitudes grises y de aspecto abatido, de mentira oficial sistemática tan clamorosa que parecía que pringaba; de oficinas donde la malcarada secretaria, en zapatillas y con calcetines, te traía con el café turco una copita de vodka; reinaba un cierto malestar; era un mundo más bien triste que no conocía el estrés pues había
conquistado el "derecho a la pereza" que reclamaba Lafargue, y nadie daba palo al agua. Todo estaba "cerrado por inventario". No podía durar. Lo que perdió Portugal con su imperio colonial no es nada comparado con lo que los europeos occidentales hemos perdido con la implosión del comunismo: nada menos que el "Estado de bienestar" que el "Estado de malestar" de aquellos países garantizaba.
¿Hay alguien ahí fuera?
Por Berna González Harbour
¿Acaso hay alguna duda? Con la caída del Muro perdimos la tiranía, la división, ganamos la libertad. Fin de la respuesta corta.

Pero es tentador pensárselo un poco más y buscar las grietas por
donde se cuelan los matices, al menos antes de liberar a los ángeles de Wim Wenders que aún velan por nosotros desde el cielo (sobre Berlín). Buscar una un poco más larga, en fin.

La rutina al otro lado del Muro consistía en sortear los socavones en el asfalto abandonado y, con suerte, reír los chistes sobre los agentes secretos que vivían ahí abajo. Se trataba de tocar la guitarra en las cocinas de casa y de susurrar poemas, chistes anticomunistas o de pasarse copias de Solzhenitsin imposibles de hallar en una tienda. De saborear el vodka burlado en algún economato sectorial. De aguardar colas de horas sin saber siquiera para qué. Por un rumor. A los que íbamos de paso nos dio un espectáculo divertido, sí, de telas sintéticas, chapkas y privilegiados acaparando chocolate en el Sóviet Supremo. De cafeterías donde había que agruparse aunque reinara el vacío. De teatros, tanques, veteranos de guerra y espías más vulgares que los que surgieron del frío. La caída del Muro nos libró de ese espectáculo y a ellos, sus víctimas, de sus penosos guionistas. Pronto las cocinas se llenaron de yogures de sabores, de folletos de lavadoras, de hambre de acciones y de un festival de bolsas de plástico relucientes que arrinconaron de
un plumazo las viejas de tela descolorida. Pero también la guitarra. En Rusia, los discursos imperiales desplazaron pronto los susurros de poesía. Con el muro de Berlín cayó también el de contención, hizo mejor el Este y peor el Oeste. Por ello apetece en ocasiones renovar la contrata con los ángeles de Wenders, y hacerlo con un toque de humor de Billy Wilder y este fondo musical de Pink Floyd: Is there anybody out there? Fin de la respuesta larga.”
(De “El País”, 3/11/2014)
“Rusia respeta los resultados de las elecciones separatistas en Ucrania

(INTERNACIONAL Elecciones en la zona rebelde

Alexander Ermochenko, EFE Moscú 03/11/2014)

Rusia manifestó hoy su respeto a los resultados de las elecciones separatistas celebradas el domingo en las zonas controladas por los rebeldes pro-rusos de las regiones ucranianas de Donetsk y Lugansk.

"Respetamos la voluntad popular de los habitantes del sureste (de Ucrania). Las elecciones en Donetsk y Lugansk transcurrieron en general de manera organizada y registraron una alta participación", informó la Cancillería rusa en un comunicado.

En opinión de Moscú, "los representantes elegidos han recibido un mandato (...) para el restablecimiento de una vida normal en sus regiones".

Ahora, añade, "es muy importante dar pasos para entablar un diálogo entre las autoridades centrales y los representantes del Donbass (cuenca hullera de Donetsk y Lugansk) sobre la base de los acuerdos alcanzados en Minsk".

Además, Rusia se muestra "dispuesta a cooperar constructivamente" con la comunidad internacional "para el arreglo de la crisis en Ucrania".

Mientras Rusia mantuvo desde un principio que las elecciones en las zonas rebeldes permitirán a los insurgentes elegir democráticamente a sus interlocutores en las negociaciones con el Gobierno central de Kiev.

Kiev considera que la ley de autogobierno que concede a los insurgentes tres años de autonomía ya contemplaba esa posibilidad al convocar elecciones locales en las zonas rebeldes para el 7 de diciembre.

Por su parte, Occidente considera que las elecciones separatistas ponen en peligro la aplicación de los acuerdos de Minsk, que contemplan, entre otras cosas, una declaración de alto el fuego y la creación de una zona desmilitarizada.
Las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Lugansk convocaron elecciones para elegir a sus líderes y a los integrantes de
sus legislativos (Soviet Supremos).

Según los primeros datos, en los comicios del domingo han salido reelegidos los actuales líderes separatistas de Donetsk, Alexandr Zajárchenko, y de Lugansk, Ígor Plotnitski.

En cuanto a la participación, ésta ha superado el millón de votantes, cuando la población de ambas regiones antes de la guerra superaba los 7 millones de habitantes.

Y es que, a diferencia de los referendos separatistas de mayo, ahora, tras cuatro meses de guerra, los rebeldes únicamente controlan un tercio del territorio de ambas regiones.”



Un día de estos se cumple el 25 aniversario de la caída del Muro de Berlín, una efemérides que se calificó como esencial y determinante del fin de la llamada “guerra fría”, y que en efecto así pareció propiciarse, hasta que el avieso Putin consideró que su poder no era todo lo esplendente que deseaba, y aprovechó los escarceos pro-europeístas de la población de Ucrania, para reavivar el fuego de la confrontación con Occidente, USA comprendida, mediante la anexión “manu militari” de Crimea y el auxilio y apoyo a la rebelión en las regiones orientales de Ucrania de Donetsk y Lugansk.

Quien esto escribe no puede olvidar la enorme emoción que experimentó cuando el muro de Berlín pasó de ser un símbolo de opresión a ser un recuerdo de la lucha por la libertad, especialmente cuando tuvo la ocasión de re-visitarlo y recorrerlo por sus ambos lados, el oriental ex comunista y el occidental.

Bien cierto es que a la caída del muro sucedió una época de plácida convivencia internacional, en la que las grandes potencias parecieron entenderse, organizando maniobras de defensa conjuntas y estableciendo sistemas comerciales armonizados, pero una vez más la voracidad y avaricia de los sistemas capitalistas occidentales y del autoritarismo ruso fueron pariendo el ansia de mayor control o dominio, que se manifestó en el conflicto de Siria, o en la inacabable
lucha entre Israel y los palestinos, o en las alternativas absolutistas de países como Kazajistan, o similares.

De esta manera, cuando surgió la llamada crisis de Ucrania, el zorro Putin comprobó que las uvas de la parra estaban ya maduras para él, y así engulló Crimea ante la impotencia del gobierno de Kiev y la indignante inacción de la Unión Europea y Estados Unidos, y comenzó la excitación de un proceso independentista pro-ruso en las regiones ucranianas del este, a las que con total impunidad y absoluto descaro suministró armas y brindó apoyos.

De todo ello resulta que el muro de Berlín cayó (mejor dicho, fue derribado por las ansias de libertad del pueblo, como ya he escrito en otra entrada de este blog) pero se han levantado otros muros tal vez no físicos pero sí bélicos, de los que la historia más reciente nos ofrece el paradigma del conflicto ucraniano.

Berlín fue, y es, un símbolo de la voluntad democrática del pueblo alemán, pero no ha servido de ejemplo ni de motor para excitar que ese mismo pueblo alemán haya reaccionado frente a los expolios de Rusia, porque ya se ha alcanzado un estado de bienestar que lastra hacia el inmovilismo, y es mejor seguir viviendo así que entrar en los riesgos de una confrontación armada.

Y el mundo sigue en virulencia, tal vez mayor que en tiempos precedentes, porque a las ansias imperialistas de Putin se ha unido el islamismo ciego y feroz, que degüella a quien se le opone, y se extiende, cual ébola, por Asia y África, raptando, matando, atemorizando, y rompiendo todo en invocación a un Mahoma que fue precisamente lo contrario: un pacifista.

Y en España, esta España nuestra faldicorta y zaragata, ahora nos rodea la porquería de la corrupción, que solamente sirve para que los partidos políticos se peguen unos con los otros, incapaces de arreglar lo que todos han ensuciado, y permitiendo que el pestuzo de lo innoble e inmoral deje aflorar algo tan falso y peligroso como esa falaz moralina de un grupo izquierdoso e iconoclasta como P(j)odemos, que arrastra a la juventud harta y desilusionada y que amenaza en convertir en mustio collado este país tan esquilmado.

En verdad la humanidad civilizada está clamando por que surja otro muro: el que ponga coto a la injusticia, a la inmoralidad, al abuso de
poder, al materialismo… y de paso a la vida…y desaparezcan los hirientes e inaceptables muros que sojuzgan las libertades y los derechos humanos en el mundo.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.- Miguel de Cervantes (1547-1616) Escritor español.      

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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