martes, 11 de marzo de 2014

Ucrania: La difícil reconstrucción de un país débil e indefenso.- El lobo va devorando las ovejas y el antiguo pastor le ayuda…



“Errores por ambos bandos.- La UE no puede construir su proyecto contra Rusia.- Moscú se equivocó con la invasión de Crimea. No la necesitaba
(Álvaro Gil-Robles en “El Pais”, 10 MAR 2014)
La crisis desencadenada en Ucrania nos tiene que llevar a una seria reflexión sobre sus causas. Todos los actores implicados han de reconocer los fallos y errores cometidos por unos y otros y que han conducido a esta situación para que no vuelva a repetirse.

Aparentemente todo se desencadena a raíz de la puesta en práctica de la política de vecindad de la Unión Europea plasmada en un acuerdo de colaboración con varios países de la ex Unión Soviética y que Ucrania se niega a firmar por presiones de Rusia. Este país potencia un acuerdo aduanero entre sus exrepúblicas. Pero también recela que esta aproximación a la Unión Europea tendrá trascendencia negativa para la población de origen ruso y la garantía de sus intereses geoestratégicos y bases militares de Crimea. Sirva de ejemplo que la firma de este acuerdo por Bielorrusia, no suscita ningún recelo en Rusia.

Pero hablar de Ucrania y especialmente de Crimea es cosa distinta para los rusos y su Gobierno. Como recientemente recordaba la investigadora Emmanuelle Armandon en el periódico Libération: “para los rusos Crimea es Catalina II, es el poderío naval del Imperio ruso, es Yalta, los palacios imperiales, los poemas de Pushkin y las novelas de Chéjov”.

Esta política de la Unión Europea se ha planificado y desarrollado mal, al entender Bruselas que no tenía nada que hablar al respecto con Rusia, ignorando las sensibilidades e intereses en juego, cuando lo que tenía que haber hecho era más bien llevar el proyecto adelante después de haber negociado con Rusia, disipando sus temores, garantizándole que no se trataba de una “OPA hostil”.

Todo cuanto ha sucedido desde la fallida firma no ha facilitado un tratamiento consensuado del problema. Sublevación de una parte de la población que quiere abrirse a Europa, toma de la dirección de la revuelta por grupos armados de extrema derecha, muertos, derrocamiento del presidente y su régimen corrupto e instauración de un Gobierno que nace de la aclamación de la calle, donde reside realmente el poder. De ese mismo clamor popular surgen signos inequívocamente antirrusos y se produce la alarma en la otra parte de la población ucrania, que habla ruso y se siente rusa.

Es verdad que este sector de la población étnicamente ruso se siente amenazado en cuanto a su autonomía, lengua, cultura, etc. aunque dudo mucho que desde Kiev se hubiese desarrollado realmente una política tan agresiva hacia esta minoría.

Es el momento en que Rusia aprovecha para invadir la península de Crimea, cometiendo un grave error. No necesitaba tal despliegue militar puesto que ya tenía in situ fuerzas e influencia más que suficiente para garantizar sus intereses y seguridad. No había ninguna amenaza inminente de fuerzas armadas ucranias que fuesen a actuar allí, entre otras cosas porque prácticamente no existen.

Es un gesto de fuerza hacia Occidente. De decir basta. En nuestra
área de influencia geoestratégica no admitimos formas de proceder que pretendan excluirnos o desplazarnos. Y también de garantizarse que la futura resolución de la crisis ucrania tendrá que hacerse contando con Rusia y sus intereses. Protegiendo los legítimos derechos de las minorías, especialmente la rusa para que no vuelva a pasar lo que ocurrió con la independencia de Estonia y Letonia.

La confrontación hoy planteada con toda crudeza entre Rusia y Occidente ha estado larvada desde hace mucho tiempo. Las espadas de la guerra fría nunca se han llegado a envainar totalmente.

En Rusia existe el sentimiento de que cuando se derrumbó la Unión Soviética no se les ayudó realmente a reconstruir su economía. El sentimiento es que Occidente prefería una Rusia débil e incapaz de volver a ser una potencia. Sin embargo, Rusia es hoy de nuevo una potencia económica, militar y política y una gran mayoría del pueblo ruso atribuye el mérito de haberles devuelto su orgullo nacional al presidente Putin.

En los últimos años Rusia ha sido continuamente cuestionada, y en ocasiones con razón, por su forma de tratar sus problemas internos en materia de terrorismo, o ejercicio de las libertades públicas.

Pero también sabe que Occidente ha sido capaz de incurrir en violaciones similares en la lucha antiterrorista y ese doble lenguaje le irrita y no facilita el entendimiento. Pero también está claro que en el caso de Ucrania no habrá guerra, porque ninguna de las partes implicadas lo desea.

Es el momento de la diplomacia, pero no contra Rusia, sino con Rusia. Ese camino debe emprenderse cuanto antes y creo que el papel del Consejo de Europa puede ser determinante para llegar a una solución eficaz y duradera. Rusia y Ucrania, como todos los países de la Unión Europea forman parte de dicho organismo y en ese foro se pueden buscar las fórmulas más adecuadas que contemplen el respeto de todos los intereses en juego, garantizando la unidad de Ucrania, unas elecciones libres y la elaboración de una Constitución democrática, con una posible formula federal que facilite el encaje y convivencia pacífica de unos y otros.

La Unión Europea debe cambiar radicalmente el enfoque de sus relaciones con Rusia. No se puede seguir construyendo Europa sin o contra Rusia. Es un disparate mayúsculo. Por el éxito del proyecto europeo y la futura seguridad de todos, es necesario evitar que Rusia se aleje cada vez más de Europa hacia sueños imperiales propios. Para ello el diálogo continuo, los intercambios económicos, y la colaboración diplomática, como ha ocurrido con Irán y Siria, nos marcan el norte.

Ese nuevo tono de las relaciones con Rusia, no solo impedirá futuros errores de bulto como el que ahora analizamos, sino que facilitara el desarrollo interno de una sociedad rusa que asuma y viva plenamente los valores democráticos que a todos nos unen en el resto de Europa y se puedan consolidar en aquel gran país nuevos espacios de participación y ejercicio de derechos y libertades fundamentales. Pienso en el magnífico signo de este deshielo que sería la puesta en marcha de un proyecto Erasmus entre la Unión Europea y Rusia. Ojalá las futuras elecciones europeas, permitan caminar por esta senda.”


Operación limpieza en Kiev

El nuevo Gobierno, las ONG y la sociedad civil reaccionan contra el derroche y la corrupción de la era Yanukóvich con varias iniciativas para purgar el sistema

Silvia Blanco (enviada especial), en “El País”, Kiev 10 MAR 2014 )

Decenas voluntarios recomponen unos documentos encontrados en ña residencia de Víctor Yanukóvich. / AFP

En uno de los documentos hallados en la casa de campo de Víctor Yanukóvich en Mezehyria, a las afueras de Kiev, se ven pequeñas
fotos de lámparas. Al lado de cada una figura una cantidad de dinero. La más cara cuesta ocho millones. Se adquirieron 32 unidades por 30,6 millones de euros. Ese papel es una mínima muestra de la delirante cantidad de dinero que ha podido llegar a apilar un presidente que hubiera necesitado un año entero, con su sueldo oficial, para comprar los 100.000 euros que costaba la lámpara más barata. El archivo es uno de los miles que flotaban en un lago junto al embarcadero de la mansión, almacenados en 170 carpetas que alguien tiró a toda prisa el día en que Yanukóvich lo perdió todo.

Ese 22 de febrero se empezó a gestar el afán de limpieza de la vida pública que impregna el discurso de las nuevas autoridades, refuerza el de los activistas y parte de la prensa y ha arraigado en muchos ciudadanos, entre indignados y alucinados por la magnitud de la corrupción y la riqueza que manejaban los que estaban en el poder.

La casa de Yanukóvich empezó a llenarse de gente que quería husmear en el lujo que se adivinaba en las fotos que llegaban. Varios buzos rescataron el material y llamaron a un grupo de periodistas, que hicieron fotografías de los papeles mojados para que no se perdiera nada. En pocas horas llegaron secadoras, escáneres. Yanukovychleaks.org nació ese día, y ya tiene 6.523 documentos que cualquiera puede consultar. “No son nuestros. No buscamos historias exclusivas”, explica Natalie Sedletska, una reportera de 26 años especializada en investigar casos de corrupción que ha estado día y noche durante una semana en la mansión junto a otros 11 informadores para documentar el material.

Ahora trabajan en darle sentido, en unir las piezas del gigantesco tesoro de pruebas. “Una vez que está en la red, ya no se puede ocultar”, cuenta Sedletska en inglés en su apartamento de Kiev. Quieren que la página sirva para “mostrar a todos los que lleguen al poder que esto les puede pasar a ellos, que no importa lo alto que construyan sus muros”.

Similar entusiasmo hacia su labor muestra Oleh Makhnitskyi, el nuevo fiscal general. Pertenece al partido de extrema derecha Svoboda, con representación parlamentaria y muy nacionalista. “La gente quiere una fiscalía con una nueva cara, por eso hacen falta reformas drásticas”, dijo la semana pasada. Enseguida emprendió la caza del apestado Yanukóvich y de los millones que él y sus colaboradores tienen circulando porque, según el nuevo primer ministro, son robados. Nada más ser nombrado, Arseni Yatseniuk acusó al expresidente de saquear Ucrania. Dijo que se habían esfumado 37.000 millones de dólares (26.700 millones de euros) en créditos recibidos, y que otros 70.000 habían volado a cuentas en el
extranjero. A petición de las autoridades ucranias, Suiza, Austria y Liechtenstein publicaron listas de personas —todas del círculo de Yanukóvich— a las que se les han bloqueado las cuentas. La UE tomó la medida la semana pasada contra ese grupo por malversación.

También estos días acaba de nacer el Comité para la Lustración de Ucrania, dirigido por el periodista y activista Yehor Sobolev. Aunque en España no se emplea, es una palabra repetida tras la caída de Yanukóvich. En los países excomunistas tiene que ver con la purga de miembros del antiguo régimen. En Kiev se usa más para limpiar el sistema de corruptos, en principio con límites: “Estoy absolutamente en contra de que el comité para la lustración se convierta en el NKVD [la policía secreta soviética] desde el primer día”, aseguró a la agencia Interfax Ucrania el director, que busca primero establecer un consenso nacional sobre los criterios para depurar. Sin embargo, no se sabe aún cuánto poder tendrá este comité.

En un viejo edificio del centro está la oficina-piso donde trabajan los activistas de otra web, Yanukovich.info. Muchos son abogados. Llevan desde 2012 recopilando información basada en hechos que ellos han verificado o publicado con pruebas en la prensa para presionar en el extranjero y que se bloqueen cuentas y bienes de los corruptos. Cuando empezaron las protestas en el Maidán —uno de cuyos motores fue la lucha contra la corrupción y todavía es uno de los ideales que persigue— decidieron publicar todo lo que habían ido averiguando y alojarlo en esa página, donde se puede leer, por ejemplo, cómo el hijo del expresidente, Olexander, pasó de tener siete millones de dólares a 510 en tres años. “Tenemos que presionarlos [a las autoridades] para que doten al sistema de instrumentos para combatir la corrupción”, comenta en un salón destartalado Daryna Kaleniuk, una de las responsables de la ONG que promueve la web. “La sociedad civil tiene que controlar cada paso que dé el nuevo Gobierno”, opina. Otra de sus iniciativas busca que se purgue a los fiscales que, sostiene, “encubrieron la corrupción”.

En la calle también hay esa sensación de que las élites ya no son intocables. Antes de las protestas, parte de la prensa también destapaba escándalos, pero nunca ocurría nada. Como explica uno de los periodistas más conocidos, Vitaly Sych, “en Ucrania nunca había ocurrido que los que roban sean investigados o castigados”. Ahora se tiene la impresión de que eso puede cambiar, y las iniciativas para combatir la corrupción “son una señal”.


Mientras Yanukovich sigue apareciendo en conferencias de prensa (en las que no permite preguntas de los periodistas), desde su “refugio” ruso de Rostov-on-Don, siguen apareciendo informaciones de sus desmanes y de los atropellos que su autoritarismo dictatorial permitió a Rusia.

La verdad es que Ucrania y su gobierno están actualmente casi a la deriva, sin una estructura política consolidada, sin recursos económicos y con la invasión de parte de su territorio por la vecina y antigua “dueña” Rusia.

Pero también es cierto que antes de la defenestración del anterior presidente ya se vislumbraba (léaseme en este mismo blog) el enorme riesgo de división de Ucrania y del apoderamiento por parte del “amo” ruso.

Así ha acontecido, en parte porque era lo más normal en el estado de cosas que existía, y en la principal parte porque los activistas y demás gentes ahora en el poder en Ucrania pecaron de bisoñez cuando se dejaron embaucar por los cantos de sirena que les llegaban de Occidente, especialmente de la Unión Europea y de los Estados Unidos de América, en cuanto a apoyos.

Es claro que Ucrania precisaba la desaparición de Yanukóvich y de todo el entramado de corrupción y megalomanía que entrañaba, pero no es menos cierto que la forma adoptada, mediante el encabezamiento de la revuelta por movimientos bien orquestados y con tufo de ultraderecha, no ha sido la mejor manera de “vestir” la
justa causa de la reacción.

Y he indicado “bisoñez”, porque todavía no se ha enterado el pueblo ucraniano (y los líderes que ahora tratan de encabezar el actual control de la nación no han intentado ni quiera decirlo) que ni la Unión Europea es la panacea frente a  todas las carencias, ni dicha Unión y los estadounidenses americanos iban y van a arriesgar ni una moneda embarcándose en una confrontación bélica contra Rusia.

Ahí ha entrado el “zorro” Putin, quien mientras se discutía sobre si se trataba de “galgos o podencos”, se metió en el “gallinero” de Crimea, controló el territorio de forma tan descarada como exenta de riesgos, mediante tropas de élite “malcamufladas”, sembró de minas una frontera con el resto de Ucrania, e inspiró una secesión que de hecho ya existía, al menos en la forma de sentir, de vivir y de hablar.

Ahora bien, el drama de Ucrania es que actualmente es como un barquito de papel en las procelosas aguas de la realidad internacional, cuyo barquito espera soplos de impulso desde Occidente y recibe en cambio oleaje amenazante desde todos los demás puntos cardinales.

Lo que ya raya la comedia grotesca y burlesca es el papel de Yanukovich, apareciendo en conferencia de prensa para proclamar de nuevo que sigue siendo el presidente y solicitando la intervención de Rusia, él que robó, estafó, dilapidó y propició la destrucción de un país que proclamaba como suyo y del que pretendió ser el primer mandatario.

Muy arduo se presenta el camino que va a tener que recorrer la Ucrania actual, y bien difícil resulta vaticinar en qué y junto a quién terminará, pero debe reflexionarse mucho sobre la tibieza real del apoyo de la Unión Europea y la falta de “punch” del “amigo americano”.

Por el momento, con la huida de Yanukovich parece haberse evitado que el “imperio” de él mismo y los suyos se haya seguido incrementando a costa del sufrido pueblo llano de Ucrania, que simplemente desea la paz, el bienestar y el progreso y que está sufriendo las consecuencias de una descomposición social fruto de un régimen soviético que estalló en mil pedazos.

"Aquellas personas que no están dispuestas a pequeñas reformas, no estarán nunca en las filas de los hombres que apuestan a cambios trascendentales." Mahatma Gandhi (1869-1948) Político y pensador indio.

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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