domingo, 22 de diciembre de 2013

A Tamara

"Elige una mujer de la cual puedas decir: Yo hubiera podido buscarla más bella pero no mejor".- Pitágoras de Samos (582 AC-497 AC) Filósofo y matemático griego.
El veintidós de diciembre es el día más corto del año. Comienza el invierno.
Ese día la noche es la más larga del año, y lo es por un motivo especial: Así lucen más las estrellas, y singularmente una de ellas, una que se prodiga entre el cielo y la tierra.
En ese veintidós de diciembre, en el centro de Ucrania, a orillas del río Dniéper, en Kriukov, cerca de Kremenchuk,  oblast o distrito de Poltava; sí, en Ucrania (en aquel tiempo importante república de la extinta URSS), nació una mujer que andando el tiempo se ha convertido en señuelo y ejemplo para las ucranianas y también para las españolas.
Preclara estudiante, eminente doctora en medicina, difundió su saber en su patria de origen y en la actual, que es España.
Esposa ejemplar, madre adorable, amiga valorada y querida por todos, profesional eminente, esta fémina sin igual se llama Tamara.
El nombre de Thamar, que en hebreo significa el dátil, el fruto de la palmera, patronímico que ya lució la hija del rey David, y encumbró la sabia y poderosa reina de Georgia (Tamara) en el siglo XIII, entraña la dulzura, la bondad personal combinada con la sabiduría y la prudencia.
Y a fe que esta Tamara a la que gloso en el día de hoy reúne todas esas cualidades, y muchas más que omito divulgar aquí y ahora, para referírselas en la intimidad, que por algo gozo del privilegio de ser su esposo.
Gracias, Tamara, por tu existencia, y por la belleza vital que a diario comunicas a los tuyos y a todos los que te conocen.
Y recibe nuestra felicitación, tú, la dulce, la preclara, tú, la estrella de Kremenchuk, lucero de Valencia, que eres tiempo ha la reina de nuestros corazones.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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