jueves, 17 de octubre de 2013

¡Hoy hablamos del gobierno! Cuando la inacción se disfraza de prudencia.- Los unos por los otros y la casa por barrer…


“DURAN ADVIERTE A RAJOY

Duran Lleida puede ser el mediador eficaz entre el Gobierno de Rajoy y la Generalidad de Junqueras y su marioneta Arturo Mas. El líder popular no puede seguir creyendo que la política del Ejecutivo catalán es solo una finta para obtener más dinero, para beneficiarse en el intercambio de cromos.

No es así. Durán Lleida lo ha dicho con claridad: “Si Rajoy no actúa habrá declaración unilateral de la independencia”. Mariano Rajoy es un hombre de buen sentido, un político constructivo y capaz. No puede seguir dominado por su eminencia gris y aceptar como dogma la táctica tórpida de Pedro Arriola: no ver nada, no oír nada, no decir nada. José María Aznar le recordó hace unos días en San Sebastián el error de esa política. Duran Lleida se lo ha repetido hoy en el Congreso de los Diputados: “Cuanto más tiempo pase sin hacer nada más se encoge la solución”.

Tiene razón Duran Lleida al reclamar a Rajoy “una respuesta de Estado”. El presidente del Gobierno debe coger el toro por los pitones astifinos de la secesión y lidiar la situación con ambas manos. Tras ponerse de acuerdo con CiU en el asunto arisco de la financiación, Mariano Rajoy tendrá que concordar con el PSOE, y en la medida de lo posible con el resto de los partidos, la reforma constitucional. En primer lugar porque es la única fórmula de incorporar al sistema a las nuevas generaciones, divorciadas del espíritu de la Transición. En segundo lugar porque, conforme al artículo 168 de la Carta Magna, la reforma constitucional termina en un referéndum. Los catalanes dispondrán así del derecho a decidir, como debe ser, junto al resto de los españoles pues, tras 500 años de historia unida, cualquier cuestión que afecte a la unidad de España corresponde decidirla al conjunto de los ciudadanos, conforme al espíritu y la letra de la Constitución.”

(Luis María ANSON,  de la Real Academia Española,en “El Imparcial”, 17/10/2013)
Las cuentas no le salen al PP: su parálisis barrunta una gran derrota
Llega el punto en el que las cosas en política ya no admiten más demoras
Por Antonio Martín Beaumont / “El Periodista Digital”, 17 de octubre de 2013
“Según los sondeos más proclives, el PP aún ganaría las elecciones pese a haber mandado a la abstención al 30% de sus votantes de 2011.

Tal premio es la consecuencia de tener enfrente un PSOE que no ha terminado de purgar sus culpas de la crisis y que, además, desorientado, demasiadas veces radicaliza en exceso su mensaje.

De todos modos, la actual victoria demoscópica -lo sabe bien Mariano Rajoy por propia experiencia- está llena de dudas. Porque en España nadie gana las elecciones, sino que se pierden. Y, en este sentido, las cosas pintan mal para los intereses populares.

Al ritmo actual, el Partido Popular no sólo no tendría en 2015 mayoría
suficiente para gobernar, sino que en las elecciones europeas de 2014 el socialismo de Alfredo Pérez Rubalcaba ya le superaría en votos incluso cayendo.

Con todo, el Gobierno de Rajoy debería estar agradecido, viendo que a pesar de cómo han ido las cosas en estos dos años, casi el 70% de quienes les dieron la confianza en las urnas son fieles aún. No lo pone fácil, desde luego.

Porque han sido meses de aguantar medidas amargas y noticias impopulares -incomprensibles muchas veces-, de tragar saliva ante los bandazos y ante el enigmático olvido de las ideas que forman parte del ADN del votante del PP.

Han sido años de comprobar que quienes desembarcaron en Normandía no desfilaron en París: peor todavía, se les ha fusilado al amanecer para que ni siquiera pudiesen estar presentes en las celebraciones de la capital gala.

Aunque todo tiene un límite. Y llega el punto en el que las cosas en política ya no admiten más demoras: o el PP arregla España o España arregla el PP... por la vía cruel, la de la sanción democrática. Fíjense si saben bien esto los barones regionales, que han empezado a maniobrar para resguardarse de la escabechina que producen las políticas de La Moncloa.

Los españoles tenemos que ver, ¡ya!, que la economía real se pone
en marcha, que los bancos dan crédito a empresas y familias, que el desempleo baja, que acaban las medicinas intragables que siempre afectan más a quienes tienen menos cada día... Los tiempos de la fe del carbonero han pasado.

Por no hablar de otros asuntos, como el desafío nacionalista, donde el ciudadano de a pie querría encontrarse con políticos que sean arquitectos sociales, y no con la trivialidad capaz de jactarse ante micrófonos estar tan desesperada que se comería un treintañero por los pies.

O el Partido Popular, como suele decirse, se pone inmediatamente las pilas, o en pocos meses el Gobierno de Rajoy va a entrar por una senda de descrédito parecida a la que se llevó por delante a José Luis
Rodríguez Zapatero. ¿Imposible? Ya, ya.

El que avisa no es traidor. Por eso nadie en Génova 13 debería rasgarse las vestiduras al escuchar al presidente de honor, José María Aznar, decir lo que dice en público y en privado.”


Como lo prometido es deuda, según el refranero popular, pues he de referirme al gobierno que “sufrimos” actualmente en España, después de haber “martilleado” repetidamente a los elementos de la oposición (¿democrática?).

Hora es ya de que comencemos a poner “los puntos sobre las íes” en lo referente al gobierno que encabeza Mariano Rajoy.

Antes de comenzar este comentario reparé en pensar que cuando un gallego asume determinadas responsabilidades, o hay que ser tan gallego como él, o difícilmente se alcanza a medir sus acciones y vaticinar el alcance de sus decisiones.

Me precio de conocer bastante bien a las gentes de Galicia, entrañables y deliciosas por más, pero sabias en su aparente cortedad, ya que saben usar muy bien las dimensiones y los efectos
del tiempo en la vida.

Y no puede olvidarse que Mariano Rajoy Brey es un gallego por los cuatro costados, forjado en esa deliciosa región y dotado de una sabiduría que le viene de sus ancestros.

Ahora bien, aunque ya se sabe que en la vida los gallegos suelen tener encima de su mesa ideal dos carpetas, denominadas, una, “asuntos que el tiempo resuelve” y la otra, “asuntos que ni el tiempo resuelve”, no todo es así, ni puede estereotiparse la formación de criterio y la forma de decidir de esas buenas gentes.

Y si nos trasladamos al ámbito de la política, en la que casi todo, por no decir que todo, vale, pues habría que recordar el refrán de “siéntate a la puerta de tu casa, y verás pasar el cadáver de tu enemigo”.

Bien, disquisiciones aparte, nadie puede negar al gobierno de Mariano Rajoy la resignada valentía con la que se vio forzado a acometer el saneamiento de la economía española, que había quedado hecha un erial después de que el partido predecesor en el gobierno ni sembrara ni recogiera esos brotes verdes que tanto anunció y que no tuvo
recato en proclamar para engañifar a la ciudadanía y dejar al siguiente ejecutivo la patata caliente de una crisis galopante y casi irresoluble.

 Hay que reconocer que, con ascética política espartana, el gobierno no lo hizo demasiado mal en lo económico, y de esta manera se ha comenzado a cesar en la recesión, y tal vez pronto vuelva el desarrollo económico; y hasta ahí, por mucho que haya gritado la oposición, cabría aplicar la frase de Don Quijote de “ladran Sancho, luego cabalgamos”.

Pero el peligro de la mayoría absoluta de que goza el ejecutivo en nuestro país, es que al final se utiliza de forma arrolladora, olvidando la esencia de la democracia, que es el pacto y la negociación. En ese contexto, está claro que a Rajoy y a su gobierno les viene faltando cintura política, ya que, aun oponiéndose a insensateces tan clamorosas como esa independencia de Cataluña que solamente al lunático de Artur Mas se le ocurre, mejor se pudo negociar sobre la reforma indudablemente necesaria de la educación, y de otra forma se pudo graduar la presión fiscal, de la que el inmisericorde ministro Montoro ha hecho “martillo de ciudadanos”, especialmente por la
salvajada de la subida del IVA.

Y en lo atinente a otros temas, hasta el propio gobierno no ha sabido zafarse de la presión de los opositores, más habituados a la “reyerta navajera”, sobre la corrupción que indudablemente ha contaminado al Partido Popular, aunque de ella no se han librado ni mucho menos los de la izquierda, que en Andalucía tienen una ensalada de excrementos malolientes en la cuestión de los ERES, y que han contaminado hasta los sindicatos (tan dignos y reivindicativos ellos, ¿¿¿???), pero sobre lo cual casi los miembros del gobierno y del partido que lo sustenta casi han tenido vergüenza de entrar.

La frase del Apocalipsis de que “porque no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”, podría aplicarse a la ligereza del gobierno, a la hora de acometer
las decisiones esenciales que España requiere, y que debían pasar por la negociación de un estilo y cauce común de consenso, al estilo del que Adolfo Suárez y Fernando Abril Martorell lograron instalar en nuestro país mediante los llamados Pactos de la Moncloa.

Cierto es que a Suárez todo ello, y la transición misma, le costó su carrera política, pero no puede olvidarse que el gobierno que lo hace mirando solamente el horizonte de su continuidad, cae presa de su propia cortedad de miras y de su falta de generosidad.

Si hay que arreglar un país, aunque cueste la no reelección, hágase, que el bien común está muy por encima de las intríguelas partidistas.

Pero, claro está que es más fácil predicar que dar trigo y estos populares de ahora ni se atreven a tomar por  decisiones, a costa de lo que sea.

!Cinco lobitos tiene la loba...!
Bien sabemos que cuando se encuentra a un gallego en una escalera nunca se sabe si sube o si baja, pero España demanda, requiere, exige, que el que gobierne lo haga con la generosidad y sacrificio que parece que con el estado de bienestar se nos han esfumado.

¿Tal vez Artur Mas, que solo va a la suya, podría dar lecciones de cómo empecinarse en algo y conseguirlo?

Como dicen los gallegos, en fin, “fazemos o que podemos”.

Conclusión: Los unos por los otros y nuestra casa nacional sigue sin barrer.

¡Que el Apóstol Santiago nos ampare! 

“Hay algunos obsesos de prudencia, que a fuerza de querer evitar todos los pequeños errores, hacen de su vida entera un solo error” Arturo Graf (1848-1913) Escritor y poeta italiano.

 SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA 

No hay comentarios:

Publicar un comentario