viernes, 21 de septiembre de 2012

La independencia de Cataluña: ¡Vaya montón de especuladores paranoicos! O cómo marear la perdiz para sacar dinero…

“La independencia siempre fue mi deseo; la dependencia siempre fue mi destino”.- Paul Verlaine (1844-1895) Poeta francés. 

 

"La independencia de Cataluña arruinaría a los propios catalanes
El PIB de la comunidad autónoma caería como mínimo 50.000 millones de euros. Una Cataluña independiente tardaría al menos diez años en lograr integrarse en el Euro.  Una caída del Producto Interior Bruto (PIB) catalán de entre el 23 y el 50%; deslocalización de empresas; un incremento exponencial del déficit; la salida del euro... Estos serían, según diversos estudios, los efectos que provocaría la independencia de Cataluña en su economía, sin olvidar sus efectos letales para España.
Uno de los informes más completos sobre una teórica secesión catalana es el elaborado por el catedrático de Economía de la Universidad Complutense de Madrid, Mikel Buesa. Sus cálculos indican que el PIB catalán sufriría una caída de 50.580 millones de euros o del 23,4% si se independizara de España. En términos per cápita, se pasaría de los cerca de 29.500 euros a los 22.500, o lo que es lo mismo, “de ser una región más rica que la media española, pasaría a ser una nación más pobre que esa media” y sus ciudadanos “se empobrecerían hasta llegar a un nivel equivalente al que actualmente gozan los ciudadanos de Ceuta”, señala Buesa en su informe. 
Sus cálculos apuntan a que las importaciones catalanas retrocederían en una cifra equivalente al 8,8% del PIB de la región, mientras que su déficit exterior se dispararía hasta los 25.700 millones de euros, algo más del 15,3% del total de su economía, lo que convertiría al recién nacido Estado en “la nación más deficitaria del mundo”. 
Los cálculos de Buesa no son los únicos que apuntan a un drástico empobrecimiento de Cataluña si se separa del resto de España. El vicepresidente del Parlamento Europeo, Alejo Vidal-Quadras, ha afirmado en más de una ocasión que la independencia le costaría a Cataluña entre el 30 y el 50% de su PIB en pocos años. 
La incertidumbre, la posible hostilidad de los consumidores ante los productos catalanes, la desaparición de las ventajas de pertenecer a la zona euro y el consiguiente establecimiento de aranceles para comerciar con España (el 50% de su mercado) o la UE (el 30%), o la deslocalización de multinacionales que valoran la pertenencia del país a la unión monetaria son algunos de los argumentos que esgrimen los expertos para valorar el coste económico de la independencia. 
Uno de los efectos inmediatos de la secesión sería la salida del euro (en el mejor de los casos tardaría 10 años en conseguir acuñar sus euros) y la pérdida de ayudas comunitarias, que entre 1989 y 2013 dejarán en la región la no despreciable cifra de 10.392 millones de euros. 
Una Cataluña independiente tendría que contar con su propia moneda, su propio Banco Central y sus organismos reguladores y tendría que haber hecho frente sola, por ejemplo, a los costes del proceso de reestructuración de las cajas de ahorros, en el que varias entidades catalanas han resultado beneficiarias del FROB. 
La independencia no casa tampoco con el modelo de negocio de los máximos exponentes de la empresa catalana. La Caixa o Gas Natural tienen gran parte de su negocio y sus clientes en el resto de España. El 35% de los 20 millones de clientes de Gas Natural están en el resto del país y sólo el 10% en Cataluña. Mientras, siete de cada 10 sucursales de La Caixa se sitúan fuera de Cataluña. 
Los efectos adversos en la actividad de una eventual secesión se sumarían a la pérdida de peso que la economía catalana ha experimentado en el conjunto de España en los últimos años.
De más a menos 
Los datos de la Fundación de las cajas de ahorros (Funcas) indican que el PIB catalán cayó en 2009 por encima de la media española y constatan que su peso en el conjunto de la economía ha ido reduciendo paulatinamente hasta situarse en el 18,68% del total, superada por Madrid (18,71%). 
Cataluña ha sufrido más que otras regiones los envites de la crisis. Los datos del Banco de España correspondientes al primer trimestre del año indican que la región arrastra una deuda de 25.079 millones de euros, más de una cuarta parte del total de todas las autonomías españolas. El deterioro de las cuentas públicas catalanas se ha traducido también en una drástica rebaja de la calificación por parte de las agencias de rating. En diciembre de 2009, Moody’s bajó la calificación de la deuda catalana desde Aa3 a A1 con perspectiva negativa."
(De “La Gaceta”, 21/09/2012)


El día de la marmota en Cataluña
(Javier Cámara, en “El Imparcial”, 20-09-2012)
“Siempre es el mismo cuento. No sé quién mete tantas ideas peregrinas en la cabeza de los que se creen defensores de no sé tampoco qué patrias. Desconozco, además, por qué se dejan engañar los que piensan que sus dirigentes van a lograr esa ilusión independentista. Mal los que engañan y peor los que se dejan.
Zapatero hizo soñar a los catalanes que quisieron con promesas que no podía cumplir cuando les dijo que el Ejecutivo central daría por bueno el Estatuto que se aprobara en las Cortes catalanas. ¡Hala, barra libre! ¿Pero qué ingenuo se cree que el presidente de un Gobierno avalaría una ’carta a los Reyes’ llena de propósitos irrealizables?
El tiempo dejó ver que las fantasías son para el cine y ahora achacan a esos barros estos lodos. Justifican la grandísima movilización por la independencia —que lo fue— con la cruel traición. Pero las cosas son como son y de la misma forma que el Gobierno catalán no quiere oír ni hablar de la independencia del Valle de Arán, España no puede plantearse en modo alguno la separación de nadie, ni de Cataluña, ni del País Vasco, ni de la bella localidad jiennense de Torredonjimeno.
Cataluña forma parte de España porque así lo dice la Carta Magna y tan absurdo es ir a pedirle a Rajoy que rompa con su juramento de cumplir y hacer cumplir la Constitución como pensar que seguirá colando la misma cantinela de siempre para conseguir más dinero, que al final es lo único que quieren. ¿O quieren de verdad la independencia?
¿Cambiaría la independencia por dinero?
Lo cierto es que el presidente de los catalanes no termina de aclarar qué es lo que busca. “Pacto fiscal o independencia, un nuevo régimen fiscal o me separo, pero me quiero independizar de todas formas… pero con más dinero. No quiero a España, aunque necesito que me sufrague los gastos”. Artur Mas se ha metido él solo en un lío del que no sabe cómo va a salir. Al final, el más perjudicado por la multitudinaria manifestación fue él. Rajoy ya le ha dicho que ni una cosa ni la otra. Ni Pacto ni independencia.
Y digo yo: si al final Mas llama a los catalanes a las urnas ante la doble negativa gubernamental, ¿qué espera realmente obtener con esta consulta popular? ¿Busca más respaldo? ¿Quiere que le digan ya si hay que pasar de pedir más y más dinero a proponer un proyecto soberanista? ¿Volverá entonces con cara agria a hablar con Rajoy para decirle que quiere un Pacto Fiscal… o la independencia?
Mas se encuentra en la misma tesitura que el actor de ’Atrapado en el tiempo’, aquella película en la que se celebraba el ’Día de la marmota’ y en la que Bill Murray vivía una y otra vez el mismo día, siempre lo mismo, hasta el aburrimiento, hasta saber que iba a pasar exactamente en cada momento, hasta desesperarse. ¿Para qué va a celebrar las elecciones, para volver a pedir la independencia o más dinero, para que Rajoy le vuelva a decir que no? Qué despierte Mas y deje de engañarse. La independencia de Cataluña no es viable como no lo es que Punxsutawney se emancipe del estado de Pensilvania (EEUU), ni siquiera a pesar de la extraordinaria influencia de la marmota Phil.”
Pues nada queda por hacer.
Primero fue el lunático visionario de Ibarretxe, quien por enredar en  algo (se dice en el refrán que cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo), se sacó de su estrecha mollera aquello de la independencia soberana de Euskadi. Mareó a toda su autonomía, y hasta se plantó en Madrid, en el Congreso de los Diputados, para defender, cual Quijote, una independencia de su autonomía que solamente era admisible en mentes con estreñimiento total.
Y ahora nos aparece ese truhán/señor de Artur Mas, de un partido conservador (Convergencia i Unió) de Cataluña, quien, agobiado por deudas imposibles de pagar que le dejaron sus predecesores en el gobierno de Cataluña (aquél “tripartito” que elevó al cubo el endeudamiento y el derroche), en vez de aplicar soluciones de la teoría económica, se lanza a la aventura paranoico/independentista, pretendiendo iniciar los trámites de la creación de algo tan gaseoso como un estado independiente de Cataluña; eso sí, si no se le daba unos dineros que más que pedir exigía, mediante el que llamó “pacto fiscal”, que no consiste en otra cosa que aquello que “lo que Dios no no coge, es de los catalanes”, o, dicho de otra manera, lo generado en Cataluña es de los catalanes, y a nadie de fuera se va a ayudar.
¿Más doblez o más mentira?
Claro, que en llegando a esa cuestión del dinero, bien se puede sospechar que todo ese maremágnum montado por este Mas que es discípulo de otro “Más”, el pluricontorsionista político de Jordi Pujol, se debe, no solamente a que hace falta dinero por todas partes, sino a que hay por detrás situaciones de corrupción y de desvío de dinero tan graves, que solamente agitando el recipiente lleno de excrementos, se consigue mediante el hedor evitar que se penetre en la realidad del problema.
Y de esta manera, con escenificaciones absurdas, con palabras llenas de doblez, se está llegando a socavar no solamente los cimientos de Cataluña (donde la mayor parte de la población, pese a algarabías manipuladas de independentistas, desea todo, menos separarse de España), sino a prodigar al exterior una imagen de una España herida en sus esencias democráticas, organizativas y económicas, que es precisamente lo que quieren quienes, como buenos especuladores (no olvidemos a alemanes, holandeses y británicos), pescan muy bien a río revuelto.
¡Qué tamaña insensatez la de este Artur Mas, erigiéndose en visionario adalid de una independencia imposible!
¡Cuánta insolidaridad la de este líder, los de su partido, y todo ese montón de revolucionarios de pacotilla, que se vienen amparando en proclamas independentistas para apropiarse de lo propio y de lo ajeno en cuanto rozan un poquito de poder!
Diálogo de sordos...
A todo esto, el gobierno central, a quien le crecen los enanos de su circo, en el que ni los más avezados saben cómo parar el aluvión de crisis que les ha caído encima, titubea, repite lugares comunes, y defrauda a la ciudadanía, no solamente porque el problema económico no se resuelve, sino porque muestra su incapacidad para ofrecer fortaleza, claridad de ideas y rotundidad de oposición frente a los atentados contra la correcta convivencia democrática.
Pues sí; en Cataluña, ni con Mas ni sin él tienen las penas de los catalanes remedio. Y en España, Rajoy no “raja” la sandía de las soluciones, ni de los “guindos” cae nada que no sean tecnicismos e inseguridades; ni de los “montoros” resulta otra cosa que la teoría del escalador, que es “subir, subir y subir…”. Y cuando las aguas se calman un poco, sale el responsable de esa justicia que no camina ni como los cangrejos y montan un "gallardón"..
¡Pobre país, esta España nuestra! Lo que dijo Mariano José de Larra: !Miquelarena, qué país!
¿Por qué no enviamos de una vez por todas a las regiones que quieran independencia a vivir solitas y a apañarse ellas mismas?
¿Por qué no hacemos como aquel padre de familia que, harto de que un hijo le viniera reclamando independizarse (irse de casa) explotó y le dijo “vete, sí, pero ahora mismo, y con lo puesto”.
De esta guisa Mas, Pujol, Durán, Carod, y toda la serie de intrigantes y lucubrantes catalanes, quedarían “en cueros”, sin nada que orquestar y menos que“mangar” y sin corrupción que echarse al bolsillo; y en España, aún dolidos de que nos hubieran quitado el golfo de Roses y la Costa Brava, y l’Ampurdá, y el Maresme, y Montserrat, y la Vall d’Aran, y el Deltebre, al menos tendríamos el placer de exigir pasaporte y establecer un orden de visados (eso sí, pagando, que "la pela es la pela") a los oriundos de esas zonas, que acabarían haciendo como antaño los ciudadanos vascos: marchándose a lugares en los que luciera el sol de la concordia y de la sensatez, lejos de ambiciones locas y de independentismos de cloaca bajo el banco de España.
Con la esperanza (casi perdida) de que el “seny” catalán acabe enviando a escardar cebollinos o "calçots" (que bien deliciosos son) a tanto caradura y a tanto incompetente, me declaro ciudadano del mundo, que al menos de esta forma, aunque me amputen territorios de mi país, siempre me quedará algún trocito de tierra con el que identificar mis ideales y en el que guardar mis cenizas cuando tanto disgusto me consuma. !Ah, y además viajaré "al extranjero"!

“La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas”.- Napoleón I (1769-1821) Napoleón Bonaparte. Emperador francés

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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