lunes, 30 de abril de 2012

En los umbrales del mes de Mayo: Todo es según el color del cristal con que se mira

Esta frase viene de unos versos de Ramón de Campoamor (1817-1901) incluidos en su poema de 1846 "Las dos linternas" (Perteneciente a su obra "Doloras"):

I
De Diógenes compré un día
la linterna a un mercader;
distan la suya y la mía
cuanto hay de ser a no ser.
Blanca la mía parece;
la suya parece negra;
la de él todo lo entristece;
la mía todo lo alegra.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira.

II
- Con mi linterna - él decía-
no hallo un hombre entre los seres-.
¡Y yo que hallo con la mía
hombres hasta en las mujeres!
él llamó, siempre implacable,
fe y virtud teniendo en poco,
a Alejandro, un miserable,
y al gran Sócrates, un loco.
Y yo ¡crédulo! entretanto,
cuando mi linterna empleo,
miro aquí, y encuentro un santo,
miro allá, y un mártir veo.
¡Sí! mientras la multitud
sacrifica con paciencia
la dicha por la virtud
y por la fe la existencia,
para él virtud fue simpleza,
el más puro amor escoria,
vana ilusión la grandeza,
y una necedad la gloria.
¡Diógenes! Mientras tu celo
sólo encuentra sin fortuna,
en Esparta algún chicuelo
y hombres en parte ninguna,
yo te juro por mi nombre
que, con sufrir al nacer,
es un héroe cualquier hombre,
y un ángel toda mujer.

III
Como al revés contemplamos
yo y él las obras de Dios,
Diógenes o yo engañamos.
¿Cuál mentirá de los dos?
¿Quién es en pintar más fiel
las obras que Dios creó?
El cinismo dirá que él;
la virtud dirá que yo.
Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira:
todo es según el color
del cristal con que se mira.

(Poema extraído de la web Poemas y Relatos)
“Tempus fugit”, (el tiempo huye o se escapa), así reza una pequeña placa inserta en uno de los varios relojes de sobremesa que he tenido en mi vida.
No deja de ser una verdad obvia, porque, en cuanto se sobrepasan los –otrora para mí— felices años de la veintena, las horas, los días, los meses, los años, se nos escapan de las manos; y así, cuando uno se da cuenta, las piernas ya no caminan como antaño, la vista requiere ayudas, los cabellos han mudado de color (si es que aún pueblan la cabeza) y, en fin, parece como que la vida –la parte de la vida que se nos antoja más atractiva, por aquello de la juventud— se nos está marchando.
Calendario azteca
Me perdonará el lector que, sin personalizar en exceso, indique que en actualidad no estoy demasiado de acuerdo con lo anterior, porque, superados con creces los “tres veces veinte”, he descubierto nuevas variantes de juventud desde la vida ya ampliamente “vivida”.
Valga la anterior larga disquisición para comentar que, sin darnos cuenta, se nos ha ido una tercera parte del año, que mayo nos llama a la puerta y que cuando nos percatemos el verano nos recordará con sus calores que la anualidad ya va venciéndose hacia otro nuevo.
Y bien. Me hallaba yo pensando en que con el mayo que nos llega, se celebrará ese día tan comercial, cual es el llamado Día de la Madre, en el que, explotando con habilidad los sentimientos siempre excelsos que nos despiertan las madres, las organizaciones comerciales han urdido un casi inevitable entramado que conduce a la compra de regalos y detalles cariñosos.
La maternidad, de Bouguerau
Qué duda cabe de que nuestras madres, las que aún están en este mundo de los vivos, y las que (como es mi caso) ya alcanzaron la plenitud de los tiempos, merecen lo mejor, y tratamos de dárselo como buenos hijos, bien gastándonos unos billetitos en la compra de algún presente para las mamás vivas, bien teniendo un hondo recuerdo de amor hacia las que nos miran y cuidan desde las estrellas.
Pero, ¿por qué reducir a un solo día el agasajo y el reconocimiento a esa mujer que nos dio la vida y que nos enseñó a vivir? ¿Por qué no tener en el recuerdo perenne a las madres? Sencillamente, porque de lo que se trata por quienes pretenden obtener beneficios materiales de la conmemoración, es de concentrar en un solo día las ansias de agasajo y de concretar en un objeto material el agradecimiento infinito por lo recibido de la madre.
Éste de la “motivación comercial” es otro “cristal” con el que mirar con el alma a nuestras progenitoras. Y no está mal, porque al menos ese día las gentes saben reconocer el papel insustituible de esa mujer en nuestra vida.
Mas como todo depende del cristal con que se mire, según reza el poema –por cierto, de rima en ocasiones no demasiado afortunada, de Ramón de Campoamor--, no me puedo sustraer a la reflexión sobre el actual momento crítico que está sufriendo nuestra amada nación, llamada (mal que pese a algún que otro “elemento” autonómico) España.
Después de un cambio de gobierno fruto de una hartura total respecto del partido político que fue el anterior gobernante, el ejecutivo actual se ha sentido tan fuerte por haber alcanzado la mayoría parlamentaria absoluta, que se lo ha creído; y ha comenzado a hacer los “deberes”, arduos deberes sin duda, que le había dejado la catastrófica gestión precedente.
Bien está lo de corregir las monstruosas cifras de déficit público, y el despilfarro por parte de las diferentes administraciones, y la falta de ética en la política; pero no hasta tal extremo de producir un absoluto estreñimiento económico y social, que va camino de acontecer, y que permite a los falaces y deslenguados predecesores criticar sin sonrojo los remedios de austeridad que ellos dijeron imponer y que fueron incapaces de aplicar.
Resulta sorprendente que quienes fueron falsos hasta encubrir cifras de déficit, hasta anunciar brotes verdes cuando solamente se vislumbraba arbustos secos, lleguen ahora a alentar algaradas callejeras y protestas sin razón por dicho motivo.
¿Y qué decir de ese conjunto de sinvergüenzas (yo, al menos, no he vislumbrado si conocen la “idem”) que viene chupando de la “teta” de los presupuestos del estado por  vía de una denominada “acción sindical”, y que en cuanto se les recorta ese absurdo donativo se rebelan contra las decisiones gubernamentales so pretexto de defender unos derechos laborales que ellos mismos conculcan cuando aplican la misma legislación que vituperan?
Como apreciará el lector, “todo es según el color del cristal con que se mira”…
Y por salirnos de nuestro país, he tenido muy puesta la vista en ese país que tanto y por tantos motivos amo, que es Ucrania, y que, en vísperas de un acontecimiento tan relevante para su posible integración en la “verdadera” Europa, como la Eurocopa de fútbol 2012, está sufriendo bárbaros atentados con bombas en la importante ciudad de Dnipropetrovsk, que, curiosamente y “por casualidad” es la cuna de una política ucraniana actualmente en horas de zozobra, cual Yulia Tymoshenko, quien ha sido atropellada de la forma más innoble que concebirse pueda por ese sátrapa (candidato al calificativo de “stalinista”) llamado Víktor Yanukóvich, convicto delincuente años antes de su entrada en política y que ha alcanzado la presidencia de la república a base de corrupción y actuaciones mafiosas y que no ha parado mientes en “neutralizar” a su adversaria comprando a la judicatura, para condenar a la que se anunciaba como su competidora por supuestos “abusos de poder”.
Y cuando la Tymoshenko (que como política es de la misma raza canina que su captor, siquiera que con diferente collar, y que también intrigó y abusó lo que pudo para favorecerse y favorecer a su “mafia” particular) está en prisión, malamente tratada, indignamente cuidada, permite Yanukóvich por medio de sus secuaces que hasta de obra se llene de moratones a esa mujer que, si como política ya merecía algún respeto, como mujer, y porque fue primera ministra, requería mayor delicadeza de trato.
Pero no. Yanukóvich y los suyos están tan imbuidos de que “Ukraina nasha” (en ruso, Ucrania es nuestra”) que solamente aquello que les conviene para mantener el control, cuidado y provecho de su propio “huerto” es lo que hacen.
“Todo es según el color del cristal con que se mira”
Y hablando de “huerto propio”, ¿qué no decir del “corralito” que esa demagoga manipulada de la noble nación argentina, la “viuda alegre” Cristina Kirchner, ha montado con la ayuda de su “rasputín” Kicillof, y de su “nenito” Máximo Kirchner?
¿Quién se cree que las medidas de la llamada expropiación de una compañía petrolífera no son sino una forma de expolio, para provecho propio?
¿Quién puede creerse que ello se haya realizado invocando la memoria de su fallecido esposo Néstor Kirchner, con quien solamente mantenía una relación aparente, aunque ahora presuma de “viuda” doliente,  pues cada uno de ellos tenía su “propia” y separada vida?
Kicilloff, el "rasputín" argentino
El sufrido pueblo argentino está callando porque no tiene más remedio, y porque se le ha puesto una venda en los ojos con soflamas demagógicas que encubren la podredumbre económica y social de un país al mismo tiempo tan rico y tan pobre, mientras que le insinúa la “mordaza” de una represión real si no bate palmas ante las patrióticas acciones de la “dama del botox petroleado”.
Claro, que “todo es según el color del cristal con que se mira”, y más de uno me tachará de insensato al así expresarme.
Conclusión: dejemos que llegue mayo, que al menos es el mes de las flores; que llegue el día de las madres; que sigamos sufriendo el paro; que cada vez el dinero nos llegue para menos; que el fútbol palíe las decepciones; que los políticos dejen de insultarse y se pongan de acuerdo para convenir lo mejor para sus países; que las cárceles se vacíen de represaliados políticos –y no me refiero, quede claro, a los terroristas vascos--; que el petróleo no solamente baje de precio, sino que no sea pretexto con música de tango para enturbiar realidades nacionales complejas en las tierras de Martin Fierro…; y que, al menos en nuestros espíritus, aunque todo pueda ser “del color del cristal con que se mira”,  perviva un ánimo transparente y limpio de vivir bien la vida y de permitir que los demás gocen lo propio.
¡Que en este mundo traidor nada es verdad ni es mentira!...

“Cuando veas un gigante, examina antes la posición del sol; no vaya a ser la sombra de un pigmeo”.- Novalis (1772-1801) Friedrich von Hardenberg. Poeta y filósofo alemán

SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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