martes, 27 de marzo de 2012

España: la anunciada huelga general ¿servirá para algo?


Huelga

La huelga o paro es la suspensión colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores con el fin de reivindicar mejoras en las condiciones de trabajo o manifestarse contra recortes en los derechos sociales; según la Organización Internacional del Trabajo, es uno de los medios legítimos fundamentales de que disponen los ciudadanos y específicamente los trabajadores (a través del movimiento sindical y las organizaciones sindicales) para la promoción y defensa de sus intereses económicos y sociales.

Tipos de huelga

La huelga, como modo de protesta y reivindicación, puede clasificarse del siguiente modo:

Tipos de huelga laboral

La huelga laboral, dependiendo de sus características puede ser:

  • Huelga general, cuando una huelga laboral se extiende a todas las actividades laborales, afecta al conjunto de trabajadores e incluso a otros estamentos sociales (estudiantes, jubilados, etc.). La huelga general se considera convocada de manera general para toda la población trabajadora.
  • Huelga de celo, cuando se aplica con meticulosidad las disposiciones reglamentarias y se realizan con gran lentitud el trabajo para que descienda el rendimiento y se retrasen los servicios.
  • Huelga a la japonesa, cuando trabajadores aumentan su rendimiento y productividad para crear a la empresa un excedente de producción.
  • Huelga de brazos caídos, reivindicativa o de protesta que se practica en el puesto habitual de trabajo permaneciendo inactivo.

Terminología en algunos países

En algunos países como Argentina, Chile y Ecuador, se le denomina comúnmente paro. Este término se refiere generalmente al abandono de tareas laborales, aunque también comúnmente se llama paro a toda movilización, protesta, manifestación, reclamo público, abandono de tareas o actuación de piquetes.

Orígenes de la huelga

La primera huelga fue en el Antiguo Egipto, durante el reinado de Ramses III, en el año 1166 a.C.
La huelga está asociada a la demanda de mejores condiciones de trabajo, al desarrollo del movimiento sindical y a la expansión del sindicalismo internacional y, en general, a la lucha de clases. Aunque sus orígenes se remontan a la Revolución francesa de 1789 su pleno desarrollo se produce con la Revolución industrial y la generalización del trabajo asalariado a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
El origen de la huelga unido al movimiento sindical. Las primeros movimientos obreros se sitúan en Inglaterra. Allí apareció el ludismo conducido por Ned Ludd y conocido como el movimiento de los rompedores de máquinas (1810-1811). En años posteriores, 1830, aparecen las primeras organizaciones obreras de carácter sectorial (trabajadores por oficio). En Inglaterra tomaron el nombre de trade-unions (literalmente «uniones de oficios») o simplemente unions.
A los movimientos sindicales de distinto signo (anarquismo, comunismo, socialismo) van también asociados al desarrollo teórico de la existencia de una clase trabajadora obligada a desarrollar una lucha de clases para el reconocimiento de valor como fuerza de trabajo en en la creación de riqueza. La práctica de la huelga es considerada como una herramienta para reivindicar mejoras en las condiciones de trabajo. El derecho de huelga es otra de la reivindicaciones del movimiento sindical. En este sentido las Combination Acts (leyes inglesas que prohibían los sindicatos) no fueron derogadas hasta 1824.
El inicio del desarrollo teórico se produce básicamente por Karl Marx y Engels en el «Manifiesto Comunista» y el posterior desarrollo en libros como El Capital en el que se propugna, para alcanzar objetivos de la clase trabajadora, una revolución.

Derecho de huelga

El desarrollo de la socialdemocracia en el siglo XX contribuyó a que la huelga laboral dejara de estar severamente penada. Fue entonces cuando el derecho de huelga fue reconocido internacionalmente como un derecho esencial de los trabajadores constitutivo de la libertad sindical. Se trata de uno de los derechos de segunda generación, que se reconoce en la actualidad en la mayoría de los ordenamientos internos y en tratados internacionales de alcance universal como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Huelga general  

Una huelga general o paro general es una huelga que afecta simultáneamente a todas las actividades laborales.
La huelga general es convocada por el movimiento sindical -sindicatos y centrales obreras- y dirigida al conjunto de trabajadores. La convocatoria y participación en la huelga general puede dirigirse exclusivamente a la clase trabajadora o ser más amplia y afectar a otros sectores y organizaciones sociales como estudiantes, parados o desempleados, jubilados, pudiendo recibir apoyo de sectores no tradicionales del movimiento obrero cuando las reivindicaciones afectan a todo el conjunto social: reconversiones económicas, reconversión industrial, deslocalización de empresas, depresiones, crisis económicas y financieras.

Notas históricas

A finales del siglo XIX, los movimientos obreros internacionales, de creciente influencia, defendieron la huelga general con fines industriales y políticos.
El dúo sindicalista
Por lo general en Europa, durante el siglo XIX, la huelga general se usó para demandar derechos políticos (sufragio universal) o sociales (legislación social y la reconocimiento legal de las organizaciones obreras). Dentro de la izquierda política la huelga general era también considera como el elemento que iniciaría la revolución social, al paralizar la actividad del Estado e implementar el control obrero de la producción y la administración estatal. Georges Sorel fue el principal teórico de esta forma de acción. En Reflexiones sobre la violencia (1908), señalando que el mito de la huelga general sirve para reforzar la solidaridad, la conciencia de clase y el espíritu revolucionario en la clase trabajadora.
Durante los dos primeros siglos de la Revolución industrial, sin embargo, la huelga laboral estuvo severamente penada, y no fue hasta la difusión de la socialdemocracia a comienzos del siglo XX cuando el derecho de huelga fue reconocido internacionalmente como un derecho esencial de los trabajadores constitutivo de la libertad sindical. Se trata de uno de los derechos de segunda generación, que se reconoce en la actualidad en la mayoría de los ordenamientos internos y en tratados internacionales de alcance universal como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.
(De Wikipedia y otras fuentes)
Huelga irresponsable
(Ignacio Sánchez Cámara, en “El Imparcial”, 23-03-2012)
La huelga general convocada por Comisiones Obreras y UGT constituye un acto de irresponsabilidad cívica y quizá algo aún peor. Creo que, en principio, toda huelga general es una acción antidemocrática, pues, al ser general, no se dirige contra algún abuso laboral concreto, sino contra la política general del Gobierno. Ciertamente los sindicatos pueden oponerse a ella, pero una huelga general constituye un acto de fuerza. Los trabajadores se encuentran representados políticamente en el Parlamento. Los sindicatos son sólo órganos de defensa de sus intereses. Su ámbito propio es el de los conflictos con los empresarios, pero no el del conflicto con el Gobierno. El artículo 37.2 de la Constitución establece: “Se reconoce el derecho de los trabajadores y empresarios a adoptar medidas de conflicto colectivo. La ley que regule el ejercicio de este derecho, sin perjuicio de las limitaciones que pueda establecer, incluirá las garantías precisas para asegurar el funcionamiento de los servicios esenciales de la comunidad”. Los trabajadores y los empresarios pueden adoptar medidas de conflicto. Esto incluye el derecho a la huelga. Pero una huelga general dirigida contra la política del Gobierno rebasa, a mi juicio, estos límites. No obstante, aunque la Constitución amparara el derecho a la huelga general, en virtud del carácter expansivo de los derechos y restrictivo de las limitaciones a ellos, aún me parecería la huelga general una extravagancia antidemocrática y un caso palmario de acción directa. La política económica, social y laboral es competencia del Gobierno y no de los sindicatos, ni de los empresarios. La representatividad de los sindicatos, por lo demás muy escasa, está limitada al ámbito laboral, pero no puede extenderse al ámbito político general. Son los diputados y senadores, y no los sindicalistas, quienes representan políticamente a los trabajadores.
Ortega y Gasset, entre otros pensadores liberales, criticó la acción directa como método antidemocrático de actuación política. Era el propio del bolchevismo, el fascismo y el sindicalismo. Y constituía un atentado contra la democracia y el liberalismo. Es el método propio de quienes no aspiran a dar razón ni a tener razón sino a imponerse por la vía de hecho, incluso mediante la violencia. En el Parlamento hay partidos y grupos que defienden la posición de los sindicatos. Allí es donde deben hacerlo. Pero pretender lograr con la fuerza lo que no se consigue con la razón es propio de fracasados y resentidos. Además de antidemócratas. No niego su derecho a oponerse. Niego su derecho a coaccionar. Creo, pues, que, en general, una huelga general es, en sí, un acto antidemocrático. No en vano solía añadírsele el adjetivo de revolucionaria. Toda huelga general tiene un tufillo revolucionario.
Un piquete
Pero además en el caso actual es aún más irresponsable e injustificada. Se dirige contra la reforma laboral del Gobierno, de un Gobierno que no lleva tres meses en el poder. No creo que haya precedentes de huelga general tan madrugadora. En realidad, las protestas sindicales en la legislatura de Zapatero no iban dirigidas contra él sino contra la oposición. Esta ha sido una de las mayores aportaciones del sindicalismo español a la historia de los movimientos sociales: movilizarse contra la oposición y no contra el Gobierno. Si a los dos sindicatos convocantes les importaran los parados, habrían dirigido su ira justiciera contra el Gobierno que ha batido todas las marcas en la fabricación de parados. Pero no. Prefieren dirigir su anatema contra quien, con mayor o menor acierto, habrá que esperar, aspira a corregir el desmán. Podrían aguardar, en un ejercicio de moderación y cordura, a la producción de algunos resultados. Pero no, no es eso lo que les importa. Ni siquiera se trata de soberbia arrogante. Es puro interés ideológico, y quizá también de otro más mercantil, el que les mueve. Se trata de acosar al Gobierno legítimo porque no es de “los nuestros”. Es la segunda vez que sucede lo que la izquierda radical no puede soportar: que la derecha obtenga mayoría absoluta. La “calle” no puede soportarlo y se agita contra las urnas. Ésta es la cuestión: algarada violenta contra legitimidad democrática. Y es que para la izquierda radical española, la legitimidad es ella. Lo demás es derecha extrema y fascismo.
Y, por si esto fuera poco, la convocatoria de una huelga general, ante una situación dramática, de la que el Gobierno socialista ha sido principal responsable, junto a los factores externos, constituye un atentado contra la economía española y contra nuestro, ya menguado, prestigio exterior. Debería ser desconvocada y, en el caso de no ser así, lo mejor para España sería su fracaso absoluto. Huelga general: fracaso general.”
No quiero, ni voy a hacerlo, polemizar sobre el derecho de huelga y su deficiente regulación en esta España nuestra.
Desde los tiempos de la transición democrática, ningún gobierno se ha atrevido a “hincar el diente “ a este importante –en democracia—tema, de forma que cada vez hay que plantearse cuáles son los límites de la huelga y qué hacer para preservar los derechos de los ciudadanos: de los que quieren la huelga y de los que quieren trabajar.
Se entra así en otra ardua cuestión: la referida a los sindicatos en España.
Sí, porque frente a los usos y abusos de la patronal y del empresariado, se ha ido generando, y en cierta manera protegiendo por algunos gobiernos, la acción sindical, que en la mayoría de ocasiones implica un desproporcionado abuso de “horas sindicales”, de amenazas de paros, de “piquetes informativos” (que realmente son patrullas de coacción), de acciones con claro trasfondo e inspiración política, todo ello por parte de los dos sindicatos predominantes que, además, se alimentan de las subvenciones del gobierno, en vez de sobrevivir por las cuotas de sus afiliados trabajadores.
Es decir, las subvenciones y ayudas oficiales (incluyendo los fondos para cursos de “formación” ¿destinados a dicho fin?) alimentan las centrales sindicales, quienes, organizan protestas, reivindicaciones y huelgas en contra del ejecutivo.
No quiero decir con ello que no haya lugar a las huelgas, ni que sean inmotivadas, pero sí poner de manifiesto que los paros se generan aparentemente contra “la mano que les da de comer”.
Pero, con ser paradójico lo anterior, lo que resulta inadmisible es que, declarada la huelga general, se trate de imponer ésta a quienes no desean secundarla.
Ello es lo que ocurre cuando se estrangulan los transportes públicos, se controla con piquetes “informativos” el acceso a polígonos industriales, se impide la apertura de establecimientos, inutilizando sus cerraduras, y un sinfín más de actos incívicos –por no decir salvajes y delictivos-- de este tipo. que nadie, y menos los sindicatos, asume.
Así, el ciudadano que quiere trabajar (porque no quiere perder su salario, o porque no está de acuerdo con la huelga) ve muy mermado su derecho al trabajo y su posibilidad, lo que debieran proteger los sindicatos y no hacen.
En nuestro caso, la inminente huelga general está prevista para cuando se cumplen los cien días del actual gobierno, y fue anunciada por los sindicatos hace ya casi dos meses, como reacción a los recortes e incrementos de impuestos acordados por el nuevo gobierno salido de las urnas el 20 de Noviembre pasado.
¿Por qué? En primer lugar, porque los sindicatos son por esencia de “efluvios” izquierdistas, y habían de reaccionar frente a lo que ellos han considerado “abusos de la derecha”; en segundo lugar, porque “algo” habían de hacer las centrales para disimular su “colaboracionismo” con el poder (incluso en tiempos del anterior gobierno organizaron una huelga general “light”); y, por último, porque las organizaciones sindicales mantienen el criterio de que los derechos de los trabajadores son tan inalienables como los derechos de la persona humana. Siempre, claro está, que favorezcan los intereses de esos sindicatos…
A todo esto, la crisis galopa entre nosotros, y el desempleo avanza a ojos vistas, sin que se atisbe más solución que una gran remodelación del sistema laboral, fiscal y económico de nuestro país.
¿Que hay crisis económica? Pues ahí va una huelga más, para que todo empeore…
¿Que hay gente que quiere trabajar? Pues que lo intente, porque los transportes públicos y las coacciones mediante piquetes aparecerán…
Así, habrá huelga, pero dejará peor sabor de boca que el que han dejado los llamados “recortes laborales”, porque ¡estamos precisamente para perder horas de trabajo!
Sí, ya sé que se argüirá que el capitalismo oprobioso vulnera descaradamente los derechos de los pobres trabajadores, convirtiendo las relaciones laborales en casi “relaciones basura”; y que el capital siempre gana.
Mas ¿ofrecen los sindicatos convocantes alguna alternativa razonable? Solamente tratan de mantener el actual “statu quo”…
Espero y deseo que ese día de huelga sea pacífico y lo menos “coactivo” posible, y especialmente hago votos para que se vaya instaurando la cordura en la relaciones patronal-sindicatos, lejos y con independencia de las ansias revanchistas que en las gentes de izquierdas despertó la estrepitosa derrota socialista en las pasadas elecciones generales, fruto, entre otros muchos motivos, del bochornoso “contubernio” entre un gobierno inepto que se decía progresista y no lo era, y unos sindicatos que se protegían a sí mismos, mediante dotar de escandalosas retribuciones a sus miembros que “conquistaban” algún consejo de administración de alguna empresa, y otros cuantos abusos más.
Al final, como decía el borracho, “nos han subido el vino…”.
Y yo añado: Al final, todos más pobres en estos tiempos de carencia. ¿Y por qué no hacer una huelga “a lo japonés”? Seguro que el país salía ganando…

“El derecho del obrero no puede ser nunca el odio al capital; es la armonía, la conciliación, el acercamiento común de uno y del otro”.- José Martí (1853-1895) Político y escritor cubano.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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