viernes, 18 de noviembre de 2011

A propósito del 20 de Noviembre: España “está en capilla”…

Estar en capilla”:“La locución alude a la estancia del condenado a muerte en cualquier pieza de la cárcel habilitada como capilla, desde que se le notifica la sentencia hasta su ejecución. Alude asimismo a quien espera el éxito de una pretensión o negocio de importancia. Proviene de una tradición de la antigua Universidad de Salamanca, en la que los doctorandos, el día antes de defender su tesis ante el tribunal, debían encerrarse durante un día entero en la capilla de Santa Bárbara de la vieja catedral salmantina para pedir la iluminación al Espíritu Santo. Allí debían prepararse en completa soledad, pues incluso la comida les era pasada por un pequeño ventanuco. En dicha capilla están los escaños de los profesores. En la cabecera de una tumba de mármol, con la figura yacente del obispo Juan Lucero en relieve, está la silla del doctorando. Es tradición, que para inspirarse, los estudiantes apoyaban sus pies en los de la estatua y así pasaban la noche meditando. Hoy día los pies de la figura yacente están desgastados por los de los centenares de estudiantes que así buscaron su inspiración. Finalmente entraba el tribunal examinador ante el que se debía mantener la tesis, resistiendo sus trincas o preguntas. Si el doctorando aprobaba, era sacado por la puerta principal de la capilla, de ahí la procedencia de otra locución, “salir por la puerta grande”, de donde la tomó la jerga taurina como apoteosis del triunfo. Si el doctorando suspendía, debía salir por una puerta pequeña que daba a la calle de los carros, de ahí el origen de una nueva locución, “salir por la puerta de los carros”, como sinónimo de fracasar. Tras ser sacado en hombros por sus amigos, al doctorando exitoso se le imponían el víctor, las ropas y el título de doctor, tras lo cual debía invitar al tribunal y al bedel a una comida. Como remate, ponían en los muros de la catedral un víctor con letras rojas y el nombre del nuevo doctor en negro. Aunque es opinión que esta antigua tradición universitaria es el origen del dicho "estar en capilla", hay autores que afirman que bien pudo ser el hecho de que Felipe II ordenó que todos los reos condenados a muerte debían pasar la noche anterior en una capilla, desde donde, tras confesar, oír misa y comulgar, se encaminaban a su ejecución y que nadie debía ser ejecutado sin cumplir la orden de pasar la noche antes orando en la capilla.” 
(De “Definicencia popular” y otras fuentes)

"Freemarket Corporate Intelligence ha publicado un informe muy preocupante sobre la economía española. Preocupante por lo severo de sus previsiones y sus recomendaciones y porque todo lo que dice está apegado a la realidad y se fundamenta en un análisis económico de primera. Se titula “España, en tiempo de descuento”.
El informe, a cargo de Lorenzo Bernaldo de Quirós, considera que España está en “una situación límite”. Y que “a la vista de los últimos datos de Contabilidad Nacional, la cuestión no es la consolidación de un largo período de bajo crecimiento, sino la entrada en una dilatada fase de recesión-estancamiento”. Considera que “la coyuntura española puede derivar hacia una peligrosa espiral deuda-deflación”, en que se produzcan liquidaciones masivas por parte de empresas y entidades financieras, lo que haría caer a plomo el valor de sus activos. Curiosamente, en una segunda ronda, esta caída en los activos, según señala el informe, podría no ayudar a reducir el endeudamiento.
Ahora bien, cabe pensar que la caída de los activos sí sería una depreciación del tipo de cambio real vía la reducción de los costes internos, del modo como se haría con un sistema de patrón oro o con la unión monetaria latina. Esa evolución es necesaria, porque contribuiría a hacer nuestra economía más competitiva internacionalmente. Porque uno de los graves problemas que tiene nuestro país es que ha crecido muy rápido, pero no ha financiado ese crecimiento con ahorros propios: “Esta situación deudora ha sido el resultado de la acumulación de déficits corrientes no respaldados por un ahorro nacional para financiarlos, lo que se tradujo en una apelación constante y creciente al endeudamiento externo”. Esto se manifestaba en un déficit por cuenta corriente que llegó a ser del diez por ciento. Se ha moderado, pero “esa mejoría del saldo de la cuenta corriente es de una extraordinaria mediocridad. Su consolidación en valores alrededor del 4 por 100 del PIB”, cuando lo que tenemos que lograr es un superávit durante al menos cinco años, apunta el informe.
Para ello es necesario que caigan los costes productivos, y para eso es fundamental mejorar la competitividad. Rebajar los costes, y mejorar la productividad. Y para lograr todo eso es necesario reformar la regulación para acercarla más a un mercado libre. Esto permitiría un ajuste más rápido y una recuperación más temprana de la competitividad internacional. Especialmente importante es la reforma, urgentísima, del mercado laboral. Ello permitiría que los sueldos bajasen y, por otro lado, que se redujese el desempleo. Según los economistas de Credit Suisse, los trabajadores españoles tendrán que reducir su sueldo real medio un 11 por ciento en cinco años.
Pero esas reformas, aunque imprescindibles, tardarían en hacer efecto. Y el crecimiento se verá condicionado por una evolución negativa anterior: “La economía internacional se ralentizará en 2012 tras una frágil y modesta recuperación experimentada del bienio 2010-11. Esta recaída, con riesgos de desembocar en una recesión en EE.UU. y en la Eurozona, era inevitable”. Y concluye: “Así pues, la evolución de la economía internacional no ayudará a “tirar” de la española a lo largo del año próximo”.
Esto por lo que se refiere al ciclo de deflación-depreciación-endeudamiento exterior-competitividad-crecimiento. España, según recoge el informe, tiene una deuda exterior de 1.263 miles de millones de euros, cuatro veces el endeudamiento exterior de Grecia o Francia, y tres veces el de Italia o Reino Unido.
Otro de los problemas es que tiene que hacer un servicio de su deuda de casi 400.000 millones de euros en 2012. No puede financiarlos con ahorro nacional, de modo que tendrá que acudir a la financiación exterior. Y necesita recuperar credibilidad. Es decir, crédito.
Otra de las vetas de la deuda es la del sector público. Es claro que no vamos a cumplir con el 6,0 por ciento de déficit a que se ha comprometido el Gobierno. Pero Bernaldo de Quirós apunta a que el déficit estará cerca del 8 por ciento, por encima de otras previsiones consideradas pesimistas. Reducirlo del 8 al 4,4 por ciento “exigirá un esfuerzo titánico”.
¿Qué se puede hacer? “Es problemático, ineficaz y contraproducente congelar o recortar todos los años el salario de los funcionarios, las pensiones, por citar dos ejemplos”. Ahora bien, “es posible y deseable conseguir ahorros en capítulos como el de los gastos de personal de las Administraciones Públicas”.
Pero, eso sí, nada de dejar intacto el llamado Estado de Bienestar: “En este marco, poner freno al coste del gasto en sanidad es una cuestión esencial. La introducción del copago, la imposición por ley a las autoridades sanitarias de la imposibilidad de gastar más de lo presupuestado y la reducción de la cartera de servicios sanitarios o la introducción de competencia en el modelo de salud pública contribuirían a frenar la expansión del gasto en sanidad”.
Pero de nuevo, estamos en tiempo de descuento. “Así pues, no cabe el gradualismo. Es imprescindible aplicar una terapia de choque para generar credibilidad y ganar la confianza de los agentes económicos privados y públicos, de dentro y de fuera del país”. ¿Llegaremos a tiempo?”
(José Carlos Rodríguez, en “El Imparcial”, 16-11-2011)

“¿Dónde está el dinero? (Por César Coca / “ABC”, Madrid ,18/11/2011)

Hace algo más de tres años había tanto dinero en España que literalmente no se sabía qué hacer con él. Los bancos llamaban a sus clientes ofreciéndoles unos créditos que no necesitaban, las Administraciones construían aeropuertos donde no hacían falta, las empresas organizaban lujosos encuentros de directivos cuya utilidad real nadie veía y los ciudadanos de a pie se daban caprichos caros con cierta frecuencia. España parecía Jauja y los perros se ataban con longanizas.
Hoy, los bancos apenas dan créditos, las Administraciones tienen dificultades enormes para pagar la nómina de sus empleados, las empresas controlan hasta el último céntimo y plantean recortes salariales y los ciudadanos se lo piensan tres o cuatro veces antes de hacer una compra que se pueda aplazar. ¿Dónde está entonces el dinero? ¿Cómo es posible que desaparezca? ¿O es que en realidad no ha desaparecido?
La pregunta se la hacen también en muchos otros países donde, con diferencias más de forma que de fondo, ha sucedido lo mismo. Pues bien, aunque parezca paradójico, en la actualidad hay en el mundo casi un 50% más de dinero que al comienzo de la crisis. Al menos, dinero físico, o fiduciario -por utilizar el término preciso en el lenguaje económico-; es decir, billetes y monedas. En el verano de 2008, circulaban por el planeta aproximadamente 3,6 billones de dólares (cambiadas todas las monedas a la divisa estadounidense). A día de hoy, se superan ampliamente los 5 billones. De esa suma, casi 1 billón son dólares, otro tanto yenes japoneses y algo menos, alrededor de 0,9 billones, euros. Lo que queda es el resto de las divisas mundiales.
Hay casi un 50% más de dinero que al comienzo de la crisis
Si hay más dinero, ¿por qué entonces escasea? La respuesta para muchos países es doble: escasea en algunas regiones del mundo, no en todas; y, por otra parte, esos 5 billones largos solo son una pequeña parte del dinero total. Alrededor del 10%, porque los expertos estiman que por cada euro (o dólar, yen o cualquier otra moneda de amplio uso) hay otros nueve en forma de ‘dinero bancario’ o unidades de cuenta.
En el caso español, aún hay otra explicación: el dinero fiduciario también ha descendido. Según el Banco de España, la suma de los billetes y monedas en circulación ha pasado de algo más de 87.000 millones en el verano de 2008 -cuando muchos mortales aún creían en el mito de la prosperidad ilimitada- a poco más de 73.000 a día de hoy. Es decir, una parte no menor del dinero, tanto físico como bancario, ha abandonado el territorio español atemorizado por la crisis y la falta de confianza.
Un cuento muy real
Hay otro problema adicional, el aún existente apenas se mueve. Y la circulación del dinero es tan importante como su abundancia. Lo resumimos con un cuento: un hotel de un pequeño pueblo recibe la visita de un cliente que se interesa por una habitación con buenas vistas. El hostelero le ofrece una de la última planta y el cliente potencial le pide verla para comprobar si le convence. Para que no desconfíe de su interés, deja 100 euros en depósito. Mientras el visitante contempla el paisaje, el hostelero decide saldar su deuda con el carnicero con esos 100 euros. El carnicero, que no esperaba recibir tan pronto esa suma, recuerda que a su vez debe 100 euros al pintor que adecentó su local.
La circulación del dinero es tan importante como su abundanciaEl pintor usa el billete para pagar al transportista al que contrató la semana pasada. Y este recuerda que hace unos días alojó en el hotel a unos familiares que llegaron de otra ciudad, y satisface su deuda con el dueño del establecimiento. Justo cuando acaba de pagarle, el visitante baja a la recepción y decepcionado dice que no le gustan las vistas. El hostelero le devuelve los 100 euros y se va. ¿Efecto de todo ello? Que el billete sigue en el bolsillo del visitante y en cambio hay cinco negocios que han cobrado deudas pendientes y saneado sus cuentas.
¿Qué está pasando ahora? Que en mitad de esa cadena, uno de los agentes deposita su dinero en un banco y este, en vez de ponerlo de nuevo en circulación en forma de crédito, lo mete en la caja fuerte para reforzar su solvencia. "Ha disminuido mucho la velocidad de circulación del dinero porque los bancos están necesitados de liquidez y eso hace que no fluya el crédito", explica Manuel Romera, director del Sector Financiero de IE Business School. Y aporta un dato que no requiere de más explicaciones: en el año 2007, bancos y cajas españoles concedían nueve de cada diez créditos solicitados; hoy es solo uno de cada cuatro.
Es decir, que es la pérdida de confianza y la necesidad de recapitalizar la banca lo que está detrás de la contracción del dinero no fiduciario. "El incremento de capital de las entidades financieras, exigido por las autoridades monetarias, tiene el efecto de reducir la capacidad de crédito", reconoce Miguel Cardoso, economista jefe en España de BBVA Research, quien añade que los recelos sobre la banca nacional no se deben a la deuda soberana sino más bien "a lo que costará arreglar la crisis de las cajas".
Un problema de origen conocido: la disponibilidad de dinero en grandes sumas y a muy bajo precio llevó a familias, empresas y administraciones a un endeudamiento excesivo, que reventó con la crisis inmobiliaria. Ahora hay que devolver los créditos y buena parte del dinero que puedan captar las entidades financieras -a un alto precio, dada la 'prima de riesgo'- debe destinarse a atender esos compromisos. Otra cifra que por sí sola es muy explicativa: en los próximos seis meses, España debe refinanciar 84.000 millones de euros.
Moderación europea
Si el dinero escasea, ¿solucionaría algo poner más billetes en circulación? El Banco Central Europeo lo ha hecho con moderación, "pero no ha sido suficiente para recuperar el crédito", a juicio de Cardoso.
«Cuando la crisis termine habrá que hacer frente a la inflación»
La Reserva Federal de EE UU, en cambio, ha puesto a funcionar a buen ritmo la máquina de producir billetes, de manera que hay muchos más dólares en el mundo ahora que hace tres años. Ello, advierte Romera, tiene un peligro: cuando la crisis termine habrá que hacer frente a un problema distinto, la inflación. Y no solo en EE UU sino en todo el mundo, porque dos de cada tres dólares están fuera del país.
Pero eso es como pensar en el riesgo de llegar a tener colesterol alto si apenas prueba la comida. No parece un problema que hoy por hoy agobie a nadie. Es imposible preocuparse por un hipotético horizonte, donde de nuevo no sepamos qué hacer con demasiado dinero, cuando la realidad es que la caja está vacía. Hay quien se lo ha llevado a otro sitio y el resto prefiere no darle salida... por lo que pueda pasar.
“Las elecciones del miedo” (por Daniel Capó, en “Levante EMV”, 18/11/2011)


“Es triste que la única esperanza para nuestro país sea pensar que ambos candidatos mienten y que ellos —Alfredo Pérez Rubalcaba y Mariano Rajoy— lo saben. El resto forma parte del mundo de la farándula, del travestismo que convierte la demagogia en la sustancia de cualquier debate político. La paradoja es que, al parecer, la verdad no dañaría las expectativas electorales de nadie y, en cambio, sería beneficiosa para el país. Cuenta Ezra Vogel, en su monumental y fascinante biografía de Deng Xiaoping, que cuando éste alcanzó el poder no culpó a Mao de la ruinosa situación china, sino que se limitó a afirmar: «Aquí somos todos culpables.» De España cabría decir lo mismo, aunque es más fácil lo contrario: no pensar, caer en dogmatismos y rigideces —cuando la falta de flexibilidad sólo denota ignorancia— y llenarse la boca con una palabrería de sobremesa. La mentira consiste en mantener que hay un único culpable, da igual quién —la banca, Aznar, Zapatero, los funcionarios, qué sé yo— o que saldremos de la crisis sin tener que ejecutar una dolorosa batería de medidas estructurales.
Podemos soñar con preservar el Estado del Bienestar —y soy su primer defensor—, pero, como ha señalado el economista Tyler Cowen, el actual crash prueba que no todos los sistemas de protección del bienestar gozan de la misma fortuna y que el modelo mediterráneo —frente al nórdico, el germano o el canadiense— «con su ristra de regulaciones ineficaces, el uso del endeudamiento masivo y la protección corporativa de los intereses profesionales no se ha mostrado especialmente resistente ni robusto». Podemos soñar con recuperar el pleno empleo —o algo que se le aproxime—, si bien no será en el plazo de cuatro o cinco años, ya que el crédito y la construcción seguirán en el invernadero durante mucho tiempo. Podemos confiar en que el futuro de España pase por mejorar su capital humano —todos estaríamos de acuerdo en este punto— y, sin embargo, la experiencia internacional demuestra que primero debemos liberar al sistema educativo de la burocracia y de la ideología que lo atenazan.

La realidad de España es la de un país cuyo futuro requiere que se diga adiós a la santísima trinidad de la burbuja inmobiliaria, el endeudamiento masivo y la rigidez estructural de la economía. No me cabe duda de que tanto Rajoy como Rubalcaba lo saben y que la diferencia entre ambos es cuestión de matices, quizá de sensibilidades. No sé si además son conscientes de la urgencia de las reformas. Al contrario que la Alemania de Schroeder, España ha dilapidado su ingreso en el euro, abandonándose a una ensoñación de nouveau riche. Podríamos haber sido el alumno aplicado del sur, pero no hemos sabido dar ejemplo. Pasado el 20N —con los mercados en máxima tensión y el Banco Central Europeo comprando deuda soberana—, los plazos se acortarán sin que la ciudadanía disponga de una cartografía definida acerca de su futuro. España teme el paro y los recortes, la pobreza y la incertidumbre. Por eso mismo, éstas son las elecciones del miedo. Confiemos en que sean también las de la esperanza.”
Pues sí. España y los españoles “estamos en capilla”.
No se trata, ni mucho menos, de que nos haya acometido un repentino e impensado fervor religioso que nos haya impulsado a visitar de forma asidua las capillas, iglesias, oratorios, parroquias, basílicas o catedrales o cualesquiera lugares de culto. Nada de eso.
Se trata de que, como significa la expresión “estamos en capilla”, nos hallamos tal vez prontos a ser “ejecutados” por la especulación atrabiliaria de los mercados financieros, propiciada no sin complacencia por los gobernantes de Alemania y Francia, que observan cómo obtienen mucho dinero y a muy bajo precio, mientras los países del sur de Europa (España entre ellos, claro), han de pagar intereses imposibles para una financiación de su deuda pública, que más bien va a resultar la defenestración de sus erarios públicos.
¡Vaya riesgo que estamos corriendo en manos del capitalismo internacional más duro y de los países con ancestrales ansias de poder y control del orbe!
Pero con ser ello mucho, en España (aquí somos muy proclives al “todo o nada”) también estamos “en capilla”, porque pasado mañana se van a celebrar unas elecciones generales, en medio de la crisis de dinero y de ideas, y parece que el partido en el poder va a llevarse una espectacular bofetada electoral, o al menos eso es lo que vaticinan las encuestas.
¡Menudo peligro que entrañan unas elecciones generales!
Dígase lo que se diga, si se mantiene el actual “statu quo” y siguen “desgobernando” los del puño y la rosa, acabaremos mordiéndonos los puños por falta de vida económica y nos comeremos la rosa, si es que alimenta algo. Y si ganan los de la gaviota con azul, tal vez, solamente tal vez (“se calhar”, en portugués; “maybe” o “perhaps” en inglés; “peut être”, en francés; “vosmoshna”, en ruso) pueda reordenarse la economía, pero solamente a base de una enorme austeridad y un “apretarse el cinturón” por parte del sufrido pueblo (¿también los políticos?), que, entre parados y “mal subsidiados” pronto pasará de los seis millones.
“En capilla”, sí; estamos en capilla, porque todavía seguimos oyendo promesas vanas y absurdas, como que se pedirá a la Unión Europea que nos “aplace” los deberes de la reordenación económica; o que no se bajará ninguna prestación ni se subirán los impuestos.
Promesas, vanas promesas, cual se repiten al condenado a muerte que está “en capilla”, haciéndole anhelar que hasta última hora pueda llegarle la gracia del indulto.
Aquí, en materia económica no nos indulta nadie y en materia social cada vez cuesta más mantener el ficticio y excesivo estado de bienestar que nos implantaron y permitieron unos y otros gobernantes en connivencia con los siempre peligrosos “dueños” del dinero; y, al fin y a la postre, nuestras congojas parece que van para largo.
Yo sugiero que, ya que “estamos en capilla” por tantos motivos, al menos se nos ocurra rezar una plegaria, según cualquiera de las religiones y creencias.
Y no sería mala idea repetir, y rogar, como aquel enfermo que acudió a Lourdes en busca de su curación, “que me quede como estoy…”
“Con el dinero sucede lo mismo que con el papel higiénico; cuando se necesita, se necesita urgentemente”.- Upton Sinclair (1878-1968) Novelista y escritor estadounidense.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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