jueves, 23 de septiembre de 2010

ZAPATERO, CUAL ESAÚ, SE HA VENDIDO POR UN PLATO DE LENTEJAS…

“Amo la traición, pero odio al traidor”.- Julio César (100 AC-44 AC) Emperador romano.
La historia de Esaú y Jacob.-
Nacimiento de Esaú y Jacob - Isaac rogó a Yahvé por su esposa que era estéril. Yahvé le escuchó y Rebeca quedó encinta. Como los mellizos chocaban en su seno, ella se amargó y fue a consultar a Yahvé. Yahvé le dijo: "Dos naciones hay en tu seno; dos pueblos se separarán desde tus entrañas; uno será más fuerte que el otro y el mayor servirá al menor". Cuando llegó el día del nacimiento vio que había dos mellizos en su seno. El primero que nació era rojizo y tan peludo que parecía un abrigo de pieles y por eso lo llamaron Esaú. En seguida salió su hermano, que agarraba con su mano el talón de Esaú y lo llamaron Jacob. Isaac entonces tenía sesenta años.
Crecieron los dos varones. Esaú llegó a ser un experto cazador y hombre de campo mientras Jacob era un hombre muy sencillo y vivía en tiendas. Isaac prefería a Esaú, pues le gustaba la caza, pero Rebeca prefería a Jacob. Cierta vez estaba Jacob cocinando cuando su hermano llegó del campo, muy agotado. pidiéndole del plato de lentejas que preparaba, pues venía hambriento (por eso lo llamaron Edom o sea, rojizo). Jacob le respondió: "Véndeme ahora mismo tus derechos de primogénito". Esaú le respondió: "Estoy muriéndome de hambre. ¿Qué me importan mis derechos de primogénito?" . Jacob insistió: "Júramelo ahora mismo". Este lo juró, vendiéndole sus derechos. Jacob entonces dio a su hermano pan y un plato de lentejas. Este comió y bebió y luego se marchó. No hizo mayor caso de sus derechos de primogénito. (...)
Jacob roba la bendición.- Siendo Isaac ya viejo sus ojos se debilitaron tanto que no veía nada, llamó entonces a Esaú. su hijo mayor, y le dijo: "Hijo mío", y éste le contestó: "Sí, aquí estoy'; y prosiguió: "Ya estoy viejo e ignoro el día de mi muerte. Así pues, toma tus armas, tu arco y la caja de las flechas y anda al campo a cazarme algo. Luego me prepararás un guiso como a mí me gusta y me lo traes para servírmelo. Después te bendeciré antes de morir".
Rebeca escuchó la conversación de Isaac con Esaú. Cuando éste salió al campo. en busca de caza, Rebeca llamó a Jacob y le dijo: "Escuché a tu padre hablar con tu hermano Esaú, le dijo que fuera de caza y le preparara un guiso porque después de comer lo iba a bendecir ante Yavé, antes de morir. Ahora, pues, hijo, fíjate bien y sigue mi consejo. Anda al corral y tráeme dos cabritos de los más bonitos que haya; con ellos haré un guiso como le gusta a tu padre. Después tú se lo presentarás a tu padre para que lo coma y te bendiga antes de su muerte .
Pero Jacob respondió a Rebeca: "Mi padre sabe que soy lampiño y mi hermano muy velludo. Si me toca se dará cuenta de mi engaño y recibiré una maldición en lugar de una bendición". Su madre le replicó: "Tomo para mí la maldición. Hazme caso y anda a buscar lo que te dije". Fue, pues a buscar eso y se lo pasó a su madre, que le preparó a su padre uno de sus platos preferidos. Después, tomando las mejores ropas de Esaú, su hijo mayor, que ella tenía en casa, se las paso a Jacob, su hijo menor. Con las pieles de los cabritos cubrió sus manos y parte de su cuello; en seguida le entregó el guiso y el pan que había preparado.
 Jacob entró donde estaba su Padre y se presentó diciendo: "Padre mío". Este le preguntó: "¿Quién eres tú, hijo mío?" El contestó: "Soy Esaú, tu primogénito. Ya hice lo que me mandaste. Levántate de tu cama, siéntate y come de lo que cacé. Después me bendecirás." Dijo su padre: " ¡Qué pronto lo has traído!" "Sí - le contestó -, es que Yahvé tu Dios me ha ayudado a encontrarlo".
Isaac le dijo: "Acércate para que yo compruebe si eres o no mi hijo Esaú". Jacob se acercó a su padre Isaac quien lo palpó y dijo: "La voz es la de Jacob, pero las manos son las de Esaú". No lo reconoció, ya que sus manos eran velludas como las de su hermano, y lo bendijo. Volvió a preguntarle: "¿Eres tú mi hijo Esaú?" "Sí", contestó Jacob. Luego continuó: 'Acércame lo que me preparaste para que yo coma de tu caza antes de bendecirte".
Jacob sirvió a su padre para que comiera. También le ofreció vino para que bebiera. Después Isaac agregó: "Acércate y bésame, hijo". Al hacerlo, su padre sintió el olor de su ropa y le bendijo así: "¡Oh!, el olor de mi hijo es como el olor de un campo fértil que Yahvé ha bendecido. Dios te dé el rocío del cielo y la fertilidad de la tierra, y abundancia de trigos y mostos. Que te sirvan pueblos y naciones y se inclinen ante ti. Sé el señor de tus hermanos que los hijos de tu madre se inclinen ante ti. Sea maldito quien te maldiga y bendito quien te bendiga.".
 Acababa Isaac de bendecir a Jacob y éste había salido de la pieza de su padre, cuando llegó Esaú su hermano con el producto de su caza. Preparó también el ganso y lo llevó a su padre, diciendo: Levántate y come de lo que te ha traído tu hijo para que me bendigas".
Pero Isaac le dijo: '"¿Quién eres tú?" A lo que respondió: "Soy Esaú, tu primogénito". Al escuchar esto Isaac comenzó a tiritar muy fuerte y dijo: "Pues entonces, ¿quién es el que cazó y me trajo de su caza? Porque en realidad comí y antes que tú llegaras lo bendije y está bendito". Al oír Esaú lo que decía su padre, se puso a gritar muy amargamente, y dijo a su padre: "Bendíceme a mí también padre". Isaac respondió: "Tu hermano ha venido, me ha engañado y se ha tomado la bendición". Esaú declaró "Merece su nombre de Jacob, pues por segunda vez me ha suplantado; ya me quitó los derechos de primogénito y ahora me ha quitado la bendición que me correspondía''. Después pregunto a su padre: "¿ No me has reservado una bendición?"
Respondió Isaac: "Lo he hecho tu señor, y señor de todos sus hermanos y le he abastecido de trigo y vino. Después de esto, ¿que quieres que haga por tí, hijo mío?" A su vez Esaú pregunto: "¿Acaso tu bendición es única? bendíceme a mí también" . Y Esaú se puso a llorar. Entonces Isaac, su padre, respondió: "Mira, vivirás lejos de las tierras fértiles y lejos del rocío del cielo. De tu espada vivirás y a tu hermano servirás, pero cuando lo decidas así quitarás su yugo de tu cuello".
(Libro del Génesis. Cap. 25: Vers.- 19-16 y Cap. 27: Vers.- 1-46)

“He reiterado tantas veces en esta sección lo que iba a ocurrir que a los lectores de El Imparcial no les ha podido sorprender la desfachatez zapateresca al comprar el PNV. El presidente dadivoso necesitaba los seis escaños nacionalistas para aprobar los Presupuestos Generales del Estado y, con el dinero de todos, recaudado a través de un sistema feroz de impuestos, ha destinado casi 500 millones de euros para asegurarse que los diputados del PNV votarán los Presupuestos confeccionados por Elena Salgado. Cerca de 100 millones de euros ha costado cada voto; 500 millones de euros, números redondos, han tenido que pagar los españoles para que Zapatero continúe en su madriguera de Moncloa tejiendo despropósitos económicos a través de su marioneta Elena Salgado. La caja única ha sido quebrada, tal vez de forma irreversible. Su administración nacional ya es en el País Vasco administración foral. Por otra parte, Zapatero ha establecido la desigualdad. La Comunidad Autónoma vasca cobrará, a partir de ahora, 3.744 euros por cada uno de sus parados; la valenciana, 617, la murciana, 640.
El escándalo es mayúsculo. Sobre todo si se añaden al dinero impuro y duro, las concesiones políticas en varias instancias públicas del País Vasco. Ah, y las que no sabemos, las que se han negociado bajo cuerda a espaldas de Patxi López, al que Zapatero ha dado vejatorio tratamiento de títere. La degradación de la vida política española está alcanzando cotas tan altas que la repugnancia popular hacia los partidos políticos se acentúa día a día, como reflejan las encuestas más solventes.”
(Luis María ANSON, de la Real Academia Española, en “El Imparcial”, 23/09/2010)
…
“El poder a cualquier precio”, es lo que distingue a Zapatero y a sus secuaces, a quienes le siguen, que no de otra forma puede denominarse esa pandilla de cómplices, sumisos y reverentes con un jefe que enlaza despropósitos uno tras otro.
Sí, ese individuo que hemos de padecer en el gobierno de España, tan carece de principios que con tal de mantenerse en el estrellato sacrifica a sus propios fieles (¿cuánto durará Patxi López como lehendakari en Euskadi?) y a sus propios súbditos, los sufridos españoles, que ven mermados sus ingresos por impuestos a troche y moche, mientras su jefe del gobierno derrocha en ministerios inútiles y regala dineros a los vascos que no están en el poder, y a los catalanes que piden siempre, estén o no en el poder…

(Las lentejas del poder y el arroz de la glotonería del mando)
Me ha venido a la mente el pasaje bíblico de Esaú y Jacob, y por eso lo he insertado al principio, pues aunque Jacob fue un pillín, más peligroso resultó ser Esaú, quien dilapidó y vendió sus principios y su primogenitura, para luego querer recuperarla. Así le fue en el relato bíblico…
Claro, que Jacob también puso de manifiesto quién era: oportunista, que estaba a “verlas venir”, como estamos comprobando en quienes dicen ejercer oposición en nuestro país, cuando realmente lo que hacen es “espera”… a que el gobierno se caiga solo…
¿Y qué decir de ese Zapatero cuyo gobierno pacta la huelga y los servicios durante ella con los sindicatos? Sí, todo muy constitucional, pero ¿qué pasará cuando los ciudadanos que quieran trabajar para no ver reducidos sus ingresos se encuentren con que los piquetes “informativos” ( más bien “amenazativos”) de huelguistas, les impiden acudir a su trabajo o no hay transportes públicos?
Y, además, “Esaú” Zapatero dice que la culpa de todo es de la oposición…
Zapatero-Esaú y Jacob-Rajoy siguen brindándonos el triste espectáculo de prescindir del pueblo.
¿Cosa de locos, o quizás cosa de quienes no conocen o no practican la vergüenza...?
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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