martes, 28 de septiembre de 2010

A propósito de la huelga general: Los sindicatos programan, el gobierno secunda y los ciudadanos siguen sufriendo… (o los “lacayos del poder”)

Del Diccionario de la Real Academia Española: Lacayo: Servil, rastrero; Criado de librea cuya principal ocupación era acompañar a su amo a pie, a caballo o en coche;. espolique (el mozo que camina delante de la caballería de su amo).
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“Los sindicatos responsables de la huelga general del próximo 29 de septiembre se han apropiado de una de las expresiones más utilizadas por el presidente del Gobierno: "Como sea". Y así es como piensan conseguir el éxito de una convocatoria que los españoles no tenemos ni la más mínima intención de secundar.
Dos de los "jefes" de los lacayos
Tan evidente es que los trabajadores no vamos a contribuir al lavado de cara sindical después de su impresentable olvido de los trabajadores desempleados durante demasiados meses y de su "seguidismo" de las desastrosas políticas económicas del Gobierno, que CCOO y UGT acaban de lanzar su órdago al país. Tras los vídeos zafios que ya ni nos indignan, ha llegado el intento de paralizar España y obligar a todos a faltar al puesto de trabajo por el viejo método de dejar sin transporte público a los ciudadanos. Y este es el "como sea" sindical, tras la campaña soez y el reconocimiento de la "gran putada".
El Ministerio de Fomento ha "contraprogramado" la propuesta de Méndez y Toxo, y quiere que los vuelos internacionales operen al 25 por ciento -los sindicatos querían dejarlos en el cero absoluto- y al 20 por ciento los trenes de largo recorrido. La polémica está servida y de la negociación saldrá el éxito o el fracaso de la huelga. También se retratará la capacidad y la voluntad del Gobierno para garantizar los derechos de los españoles, todos los derechos y no sólo el de huelga sino también el de trabajo y el de libertad de movimiento.
Hasta que, con acuerdo o sin él, llegue la orden ministerial que establezca los servicios mínimos hay que estar pendiente de cualquier movimiento de CCOO y UGT porque, instalados en el "como sea" y viendo en lo que se han convertido, todo cabe esperar.
A estos sindicatos poco les importa que, si logran parar España por dejarnos sin transporte público, las pérdidas económicas se cuenten por miles de millones de euros. Sólo buscan un golpe de efecto en beneficio propio con el que sacudirse el desprestigio, el descrédito y el rechazo social que les cubre hasta las cejas”
(ALEJANDRA RUIZ-HERMOSILLA en “El Imparcial”, 28/09/2010)
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Como la “historia de la antigua farsa”, el gobierno y los sindicatos han vuelto a presentar la pantomima de su enfrentamiento para justificar una huelga general que no es sino la reivindicación de las uniones sindicales para salvar el poco prestigio que les resta frente al pueblo, y que el gobierno, débil, debilísimo, sin argumentos y agarrado al salvavidas de pactos espúreos con el PNV, para aparentar un talante democrático va “pactando” servicios mínimos con motivo de la huelga.

Reclamo huelguístico típico

Toda esa farsa no se la cree ninguno de los dos, y lo que busca es salir del atolladero como se pueda, y de paso cargar a las comunidades autónomas que no son de su “cuerda”, el desprestigio de unos servicios mínimos incumplidos, por falta de acuerdos.
El ciudadano de a pie rebosa hartura, porque el desempleo sigue, el coste de la vida se incrementa, el gobierno no da soluciones y vienen los sindicatos a provocar el despilfarro de un dineral con la huelga que convocan, y apoyarán –seguro— con piquetes nada informativos que traten de colapsar los transportes, para así imponer a los trabajadores la imposibilidad de acudir a sus puestos laborales.
Ya veremos cómo acaba la jornada de mañana, pero no hay que ser muy preclaro para anticipar el vaticinio de que se tratará de colapsar Madrid, y las principales capitales, por vía de dejar inactivos los transportes públicos, y así decir que la huelga ha sido un éxito.
Yo me atrevo a proponer una huelga, pero de ciudadanos, sin sindicatos, ni gobierno, que consista en que ni nos afiliemos a sindicatos, ni paguemos impuestos, ni votemos al partido en el poder.
Bonito decirlo, pero casi imposible de obtener, salvo en las urnas.
Y mientras tanto, los sindicatos se arrastran a los pies del gobierno, del que son lacayos, son serviles, y a quien amenazan de palabra, aunque le piden “sotto voce” siga subvencionándoles, porque ellos, los sindicatos, son incapaces de ni siquiera sobrevivir con cuotas de afiliados, que menguan cada vez más.
Mi única duda es si los sindicatos son los “espoliques” del gobierno, o éste lo es de los sindicatos. Tanto monta, monta tanto…
Así que mañana, miércoles 29 de septiembre, como probablemente me afectará la huelga, espero tener un ratito para seguir escribiendo al respecto.
“¿A dónde podrá ir el que hasta aquí llegó, si más allá sólo fueron los muertos?” Thomas Jefferson (1743-1826) Político Estadounidense
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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