martes, 23 de marzo de 2010

El lobo y la cigüeña: De la ingratitud y otras correspondencias...

“Poco bueno habrá hecho en su vida el que no sepa de ingratitudes”.- Jacinto Benavente (1866-1954) Dramaturgo español

La definición de diferentes diccionarios de la lengua española acerca de la palabra ingratitud es coincidente y su significado es: "Olvido o desprecio de los beneficios recibidos".
Cuántas veces nos topamos con personas ingratas que pueden ser de la familia o extraños a los que consideramos amigos o a los que simplemente por "causalidad" debimos de hacer algo por ellos dando todo con el "corazón en la mano".
Y es preocupante: hoy en día es muy común tropezarse con mil y una ingratitudes de la gente, de las que tal vez ya hemos sufrido algunas; nos preguntaremos ¿en que fallé? Y no encontraremos la respuesta; y no la encontraremos ya que no fue culpa nuestra sino del que olvidó los favores hechos
"A cierto lobo glotón se le atravesó un hueso en la garganta mientras comía. Viéndose en semejante apuro, rogó con mil promesas a una cigüeña que se lo extrajera”, decía la fábula.
“Oye -le dijo- tú que tienes un pico tan largo, bien podrías quitarme este hueso que me ahoga. Hazlo por favor, que yo recompensaré tu servicio. Enternecida la cigüeña por los ruegos del lobo y confiada en sus promesas, le sacó el hueso con suma habilidad; y luego, terminada la operación, le pidió el pago de sus servicios, a lo cual, el lobo mostrándole los dientes contestó:¡Cuán necia eres! Después de que he tenido tu cabeza entre mis dientes ¿Aún me pides premio mayor que el perdonarte la vida y dejarte libre para contar que pusiste tu vida entre mis dientes? Ante la insólita respuesta, para evitar mayores desengaños, se marchó la cigüeña sin decir nada"
Está claro.
La ingratitud es la insensibilidad a los favores recibidos. Es la amnesia del corazón. Es inútil esperar bien de los malvados, inmaduros o insensibles, porque ellos difícilmente corresponden a los favores, atenciones y cuidados recibidos. Por más miel y leche que se diera a las víboras, veneno solamente escupirán, que es lo que tienen en sí mismas, porque aunque ellas se sientan inmaculadas, si es que algo se sienten, no son sino esos venenosos reptiles.
¿Quién no ha sido pagado con ingratitud? El que no sepa de ingratitudes poco bien habrá hecho en la vida.
Se preguntará más de uno, ¿qué importa la ingratitud de los hombres?.
No le faltará razón, porque al fin y al cabo, al servir, uno solo trata de hacer el bien y no de colocar fondos ni de recibir recompensas. Es preferible crear ingratos que dejar de hacer el bien. Además, el mal pago añade mérito a las buenas obras. Quien sirve y sabe dar ayuda... conocerá a veces la ingratitud pero también la emoción de dar. Y siempre se encontrará gente noble y agradecida.
Se sabe que no todos corresponderán mal, al estilo isabelino, porque también hay mucha gente que agradece y valora los esfuerzos y los premia de diversas maneras; eso hace que el corazón se sienta complacido, experimente la satisfacción de haber ayudado a alguien cuando más lo necesitaba y eso es algo que se debe llevar siempre consigo. Trae alegría, regocijo y paz al interior de uno mismo.
En definitiva, quien pretenda eludir las gratitudes, quien olvide las ayudas, quien se constituya en sobrada prepotencia, víctima y reo será de su misma insensibilidad.
Porque las neutralidades, las excusas interesadas con base en aquello de “yo no quiero intervenir” no son sino tibiezas, sino romances pro-isabelinos, amparados en consejos de apariencia inmaculada, en posturas que ya desde el Apocalipsis fueron rechazadas.
“Mientras esperamos únicamente lo que nos conviene. ¡qué poco sabemos de la verdad!” (Libro “Así”, de SPB)
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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