jueves, 3 de septiembre de 2009

PERIPLO POR EUROPA 2009: DE VALENCIA A KIEV, PASANDO POR BERLÍN Y VARSOVIA 5.- De Varsovia a Ivano-Frankivsk (Ucrania), frontera incluida

Ivano-Frankivsk (en ucraniano Іва́но-Франкі́вськ, en polaco Stanisławów) es el centro administrativo del Óblast de Ivano-Frankivsk. Es un importante centro de cultura y de economía de Ucrania.
Ivano-Frankivsk la fundó en 1662 (con el nombre Stanislavov) una familia de la nobleza de Polonia - Potocki y la ciudad recibió el Derecho de Magdeburgo. También fundó como fortaleza contra irrupción de los tártaros un punto de apoyo de los magnates Potocki en Galicia (Europa Central).
La fortaleza ha resistido muchas veces la presión de las tropas de
Turquía y Rusia. Stanislavov ha comenzado de la Placa de Mercado y de Ayuntamiento, cuales existen hasta hoy (aunque en apariencia cambiada). En siguiente fomento de Ivano-Frankivsk hay reflejo de ideas de Renacimiento, cuales han plasmado en construcción del centro de la ciudad, en sus calles y iglesias. Por originalidad de arquitectura a veces Ivano-Frankivsk llaman «Lviv Pequeño». En los siglos XVІІІ - XІX era un centro de artesanos y de comercio de Polonia, desde 1804 del Imperio Austrohúngaro y desde 1867 - del Galicia (Europa Central). A fomento de la industria y cultura de la ciudad han hecho un gran aportación, además de los polacos, ucranianos, hebreos y armenios, porque sus comunidades nacionales en Ivano-Frankivsk eran bastante numerosas. Pero la revolución del año 1848 ha cambiado la vida de los habitantes. En la ciudad era formado Soviet Ruso (junto al Soviet Polaco), han formado grupo de la Guardia Nacional, y ha visto la luz primer periódico. En la segunda parte del siglo XIX ha traído progreso en la industria y creación de las empresas industriales. Todavía existen y funcionan la fábrica de reparación de locomotoras y la fábrica de alcohol.
Durante de
Primera Guerra Mundial, 1915 - 1916 la ciudad ha sufrido mucho. Han destruido parte de históricas construcciones y han reconstruido en formas nuevas. Después de la caída del Imperio Austrohúngaro en el año 1918 - han fundado Occidente-Ucraniana Republica Nacional y Stanislavov durante del enero-mayo era su capital. Desde septiembre 1939 hasta junio 1941 - Stanislavov era parte de Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.
En el año
1962 la ciudad celebró 300 años. Le han dado otro nombre y desde ese tiempo se la llama Ivano-Frankivsk (en honor de Ivan Franko - escritor ucraniano y persona pública, quien muchas veces estuvo en la ciudad, ha escrito allí y ha leído sus obras literarias).
(De Wikipedia)
...
Al salir de Varsovia y disponer en el navegador el destino pretendido, que no era otro que Ivano-Frankivsk, la capital de Precarpatia, en Ucrania (que viene siendo una de mis habituales paradas en los últimos años, por mor de las buenas amistades y relaciones profesionales que en su momento comentaré), pues, como decía, al disponer el navegador, ya me encontré el primer indicio de que nos dirigíamos a “otro mundo”, ya que el GPS no admitía más que un solo destino en Ucrania, Kiev, la capital.
Aún así, después de estudiar el mapa de Polonia con cierto detenimiento, decidí dirigirme hacia la frontera Polonia-Ucrania, a través de Lublin, hasta llegar a Ucrania por Hrebenne, que era una frontera desconocida, pero más próxima que la cruzada el pasado año: Krakovets.
Y ahí comenzó el ejercicio de paciencia, porque la carretera, casi siempre bien asfaltada, tenía un tránsito abundante, con las ya conocidas limitaciones y radares en cada pueblo, en cada paso de peatones de las innúmeras poblaciones que se alcanzan. Y al final, ya en las proximidades de Ucrania, unas obras de mucha envergadura, transformando la carretera (que no autopista), todavía demoraron más nuestro viaje, de manera que los 230 kilómetros desde Varsovia a la frontera, significaron casi cinco horas de conducción.
Y llegamos a la frontera de Polonia con Ucrania. En la parte polaca había pocos automóviles, de manera que los trámites nos demoraron unos quince minutos (y abandonábamos territorio Schengen, y mi esposa y mi hija son todavía de nacionalidad ucraniana).
Nos las prometíamos muy felices en el lado ucraniano, porque apenas si había diez coches para tramitar el paso.
El control de pasaportes de los ucranianos, fue por una vez rápido, incluso con la simpatía de un policía que inquirió acerca de nuestro automóvil (que desconocía por aquello de que es un modelo híbrido, de batería y motor a gasolina), pero ¡cómo no! hubo de aparecer “el gran general comandante en jefe de la aduana” (un oficialillo con peo canosillo), quien al tramitar la comprobación de los datos del vehículo, algo rutinario, comenzó a poner inconvenientes por ser un coche español y figurar a nombre de una ucraniana. Fue una sarta de despropósitos, más para lucir su “jefatura”, que otra cosa, aunque al final, con un extraño invento de mi esposa (experimentada ucraniana en sus muchos años de “lidia” con los funcionarios de estilo “soviético”) entró el vehículo en Ucrania, en tránsito ¡hacia Moscú! (lo único que admitió el estúpido agente).
Pero, bueno, ya habíamos perdido media hora más en la tonta discusión, y nos comenzabamos a percatar que de nuevo estábamos en Ucrania: la carretera (nacional y desde frontera) era más un barranco, llena no de baches, sin de agujeros (los conocidos “pot hole” ingleses), los coches ucranianos adelantaban con o sin línea continua, en cambios de rasante, en curvas… Y los camiones “perfumaban” el ambiente con una humareda de gasóleo mal quemado…
La llegada hasta Lviv (la capital de Transcarpatia) fue tan laboriosa como incómoda, y más aún la circunvalación de esta ciudad, que más semeja un laberinto y una pista de “gymkhana” que una ruta para automóviles.
Después, desde Lviv hasta Ivano-Frankivsk, unos 140 kilómetros, pues, más de lo mismo (¡y aún nos quejábamos de Polonia!), hasta que hacia el final de la tarde, llegamos –más cansados que si hubiéramos recorrido 2.000 kilómetros- a Ivano-Frankivsk, al precioso complejo hotelero de nuestro buen amigo Yaroslav, en el que ya nos esperaba el también gran amigo Gennadiy Mikitka.
Después de descansar un rato, nos reunimos en amigable cena (de la generosa abundancia que ofrece siempre el hotel de Yaroslav ya hay muestras gráficas y relatos en este blog), con la sorpresa de encontrarnos con la distinguida abogada franco-italiana, Solange Pavlik, llegada desde Terme (no lejos de Roma), para temas de integración entre Ivano-Frankivsk e Italia.
La cena lo compensó todo, y la abundancia de vodka allanó los multilenguajes (español, italiano, francés, ucraniano y ruso) que rigieron la conversación.
De nuestros amigos Yaroslav y esposa, y Gennadiy, ¿qué más decir?: Que es un lujo tenerles como tales.
Así, los sinsabores del “general” aduanero, de las horribles carreteras, de los locos conductores ucranianos, quedaron sumidos en un baño de amistad, buena comida, y vodka, que nos permitieron irnos a la cama con una placentera sensación.
Como siempre, y pese a todo, estar en Ucrania también valía la pena…
Seguiré escibiendo sobre más vivencias en Ucrania.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

1 comentario:

  1. Seguimos su itinerario con mucha atencion, en especial por Ucrania. No se olviden de pasar en lo posible por Kolomyia por el museo de la pysanka. Como esta el tiempo? Un gran abrazo!!! Cristina

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