jueves, 5 de junio de 2008

JOSEP VICENT MARQUES: CUANDO UN AMIGO SE VA…

Acabo de enterarme por la prensa escrita de que ayer falleció José Vicente Marqués González.
Conocí a José Vicente el año 1959, cuando juntos comenzamos los estudios en la Facultad de Derecho de valencia.
Él era hijo de un distinguido gestor y apoderado de un Corredor de Comercio de Valencia.
José Vicente (desde hace años Josep Vicent) era tan joven como destacado estudiante.
Su brillantez mental resultaba casi insultante, pues a su enorme memoria unía una gran capacidad de raciocinio.
Sus primeros años de carrera fueron brillantísimos. Acaparaba matrículas de honor por doquier.
No sé por qué razón sus últimos tiempos de facultad ya no fueron acordes con los precedentes.
Creo recordar que se matriculó en la Facultad de Filosofía y Letras (en Valencia, las facultades de Derecho y Filosofía y Letras ocupaban, respectivamente, las plantas baja y alta del vetusto y tradicional edificio sito en pleno centro, en la calle de la Nave, cerca de la plaza del Patriarca) y comenzó un idilio o amorío con una mocita “del piso de arriba”, que me parece acabó en matrimonio.
Pero ya en esos tiempos el José Vicente esplendoroso había empezado a convertirse en un brillante pensador lleno de anarquías mentales y políticas, y fue implicándose cada vez más en movimientos valencianistas algo más que revolucionarios.
Aunque la memoria no me es absolutamente fiable, creo recordar que José Vicente, al acabar la carrera de Derecho, no se dedicó a ella, sino que derivó hacia la sociología, que a lo largo de su vida sería su auténtica vocación.
Nos distanciamos al terminar los estudios, lógicamente por frecuentar ambientes muy distintos, y fui sabiendo de José Vicente solamente por encuentros ocasionales, ya que inclusive él no asistía a las conmemoraciones o aniversarios de nuestra promoción que organizaban los compañeros de Facultad.
Después de mucho tiempo sin noticias, me tropecé con José Vicente hace unos seis o siete años, en el autobús.
Le encontré enormemente desmejorado, delgadísimo (él, que había llegado a lucir una oronda barriga) y me confesó con bastante resignación que estaba atravesando una grave dolencia hepática, que prácticamente le había retirado de cualquier actividad.
Confieso que me sentí dolido y un poco estremecido (José Vicente tenía mi misma edad), y a lo largo del tiempo, según me lo encontraba, acuné una real pena por comprobar que el querido amigo y compañero había perdido la alegría vitalista y el criticismo inteligente que le adornaban.
La última ocasión en que nos hallamos, hará un año más o menos, le vi algo recuperado, y charlamos un ratito sobre lo que nos pasa en la vida, ya que cuando nos damos cuenta se nos ha ido…
En fin, quien se ha ido ahora es José Vicente, a quien siempre aprecié como amigo y compañero (nunca fuimos íntimos, pero siempre nos tratamos con franco afecto) y a quien, siendo tan lejano a mí en ideas y forma de vida, siempre respeté, porque representaba para mí lo que tal vez yo no había logrado ser: genuinamente auténtico conmigo mismo, iconoclasta, crítico y comprensivo al mismo tiempo.
No es José Vicente el único amigo y compañero que se ha marchado de aquella nuestra promoción de la vetusta Facultad de Derecho valenciana. Han sido varios, demasiados… todos recordados.
Pero hoy y ahora debo recodar a José Vicente, y lo hago rememorando la celebración de las Bodas de Plata de nuestra promoción, en la que, sentados todos los compañeros en la antigua Aula Magna de la antigua Facultad de Derecho, el José Vicente brillante, mordaz, cáustico a veces, generoso en ideas y amigo de los amigos, pronunció en un delicioso latín festivo un panegírico de nuestra vida universitaria.
Prefiero recordarte así, José Vicente, porque aquellas fueron vivencias e imágenes de tu más genuina esencia, y porque aquel día –como yo siempre- todos nos sentimos orgullosos de ser tus compañeros.
Pienso que a estas confidencias les viene como anillo al dedo esta frase de Rabindranath Tagore (filósofo y escritor indio, 1861-1941):
La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido” 
Y, cual diría José Vicente, Josep Vicent: “Cuanto más se conoce uno a sí mismo, menos se enmienda. No hay mayor orgullo íntimo que el que se basa en los propios defectos” (1)
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA
(1) Del opúsculo “Así”, de LBJ

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