miércoles, 5 de marzo de 2008

Reflexiones vituales

Has de perdonarme, amigo Igor, la –quizás- excesiva correspondencia que estoy manteniendo contigo en los últimos tiempos.
El propósito de las “Cartas desde España” era remitirte una por semana, y estoy mandándote casi una diaria.
Pero ello es debido a que la realidad, la actualidad de Ucrania y los ucranianos, aparece cada vez con más asiduidad, y este humilde plumífero no tiene otra solución más que plasmártelo por escrito.
Hoy, en vísperas de elecciones legislativas (acontecimiento en cualquier democracia y mucho más en la joven nación de Ucrania), he de hablarte de algo en apariencia muy distinto, pero al propio tiempo tan real como las votaciones que van a tener lugar.
Me explico:
Andaba yo ayer dando uno de mis habituales paseos virtuales por la realidad virtual que es Internet, cuando, buscando sin ton ni son, pensando en la galaxia virtual que ya existe entre ucranianos y españoles (tal vez preámbulo de un deseado entendimiento y una deseada colaboración -- hasta hoy inexistentes—entre España y Ucrania) cuando hallé una web denominada “Nothing is impossible”
Confieso que me sedujo el título, especialmente porque en su versión española (“Todo es posible”) forma parte de mis criterios de actuación en la vida.
En el diario quehacer, tal vez haya cosas, objetivos, afanes, que se antojen imposibles. Mas en la realidad virtual, todo es posible, si nosotros queremos, si nos loo proponemos.
“Soñad, que os quedaréis cortos”
Gran verdad, que en la realidad virtual permite asistir al nacimiento de una nueva estrella que se integra en la galaxia, en nuestra peculiar galaxia virtual.
¡Y la naciente estrella lo sabe, porque en su presentación reconoce que al situarse en el firmamento virtual, vuelve a nacer!
Pues ésta es la noticia: Ha nacido una estrella virtual, que es el mayor paradigma de la deseable simbiosis, de la ansiada integración, entre los españoles y los ucranianos.
Es el ejemplo del carácter limpio, sincero, honesto, alegre, trabajador, responsable, luchador, estudioso, ambicioso, cálido, sensible, amoroso en fin, de la mujer ucraniana, que echó sus raíces junto al Dniéper y extiende su tallo, su aroma juvenil, su creatividad comunicativa, hasta el mar Mediterráneo, junto a las feraces huertas de azahar y aromas valencianos.
Y, puesto a pensar sobre esta nueva estrella virtual, me he sentido trasladado –a la estrella se lo debo— a las orillas del Dniéper, bajo la sombra de los abedules que hacen bosque desde Volodymir el Bautizado, hasta el río, y allí, sereno en la umbría de mil recuerdos, he vislumbrado que Ucrania tendrá nuevo parlamento, nuevo gobierno, más entendimiento entre políticos, mayor prosperidad, menor corrupción, más vida en fin.
Y esa nueva Ucrania deberá su nueva e importante esencia a tantas y tantas estrellas como esa Kateryna, cuyo web me ha inspirado esta –pienso yo— “carta virtual”.
Perdonarás, amigo Igor, que tal vez desborde en este texto mi entusiasmo, mi admiración y mi satisfacción ante la nueva estrella.
¡Se trata de mi hija!
Un abrazo amigo,
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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