miércoles, 5 de marzo de 2008

La cuesta de enero

Todos los años, cuando pasan las fiestas –inacabables— de Navidad y Reyes (en España), surge y se comenta la tópica “cuesta de enero”.
Se entiende comúnmente que es el período de estrecheces y privaciones que sigue a las festividades y celebraciones, con sus abusos en alimentación y en gastos, que conducen a la necesidad de pagar un mes después los costes de aquellos excesos.
Paradógicamente, en el inicio de la cuesta de enero comienzan las rebajas, lo que constituye un nuevo estímulo compulsivo al gasto.
Y así, año tras año, en España, especialmente, las gentes merman en enero su disposición económica y gasto, para compensar los costes extras del período navideño.
Pienso que en Europa – incluida Ucrania— la “cuesta” es menos “empinada”, no solamente porque los días festivos son menos que en España, sino porque existe un hábito de mayor control y moderación en la celebración y en el gasto.
En Ucrania, he vivido personalmente ese tiempo de navidades y enero bastantes veces y he comprobado que el comedimiento (impuesto en tiempos pasados por la limitación de recursos económicos) era la pauta dominante.
Pero has otras “cuestas de enero”: Las políticas, por ejemplo.
En España, estamos en el arranque de la contienda electoral, llena de auto-elogios y diatribas contra el oponente, de sondeos falsos y perturbadores y de manipulaciones informativas.
No menos “cuesta” hay en Ucrania, con un gobierno recién nacido, con un “aterrizaje” de la clase política gobernante y opositora ante un nuevo estilo de mando, y esperamos que de gobierno.
¿Qué hacer en las cuestas de enero, en la social y económica y en la política?
Lo ineludible: Apretarse el cinturón, trabajar con la mayor eficacia, aprovechar los recursos disponibles, contener el malgasto de economías y energías.
Y, sobre todo, no perder el humor: “Para las cuestas arriba quiero mi burro, que las cuestas abajo, yo me las subo…”
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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