jueves, 6 de marzo de 2008

¿El definitivo adiós de Fidel Castro?

“LA HABANA MADRID.- El líder cubano, Fidel Castro, ha anunciado, a sus 81 años, en un escrito al diario oficial 'Gramma' que no aspirará ni aceptará el cargo de presidente del Consejo de Estado y de comandante en jefe, cargo que ostenta desde sus días de guerrillero en Sierra Maestra.
Ni EE.UU., su mayor obsesión, ni sus enemigos internos, ni siquiera la caída de la URSS hace casi tres décadas, pudieron apartarle del poder durante más de 49 años. Hoy, una larga enfermedad y su "conciencia" le han obligado a decir adiós.”
(EL MUNDO DIGITAL, 19 Febrero 2008)

Es noticia, gran noticia sin duda, que Fidel Castro anuncie que no será Presidente del Consejo de Estado de Cuba ni Comandante en Jefe de la Revolución Cubana.
No anuncia Fidel que renuncie a continuar siendo el primer secretario del partido comunista de Cuba, por lo que intuyo que este cargo podrá retenerlo (bueno, en terminología castrista, aceptará continuar desempeñándolo por bien de la patria).
No voy a extenderme en un pormenorizado análisis de las razones que impulsan al dictador Fidel a apartarse de la vida política cubana ni sus consecuencias (que analistas, y mejor cualificados que el firmante existen) sino simplemente glosar algunos aspectos que me resultan interesantes.
Muy mal de salud debió de estar Fidel para renunciar hace más de veinte meses a apartarse del liderazgo de “su” revolución, y utilizo el posesivo “su” porque si en un inicio pudo parecer que era una revolución contra el capitalismo imperialista americano (que se creía dueño de la isla caribeña) y en beneficio del pueblo, la realidad de muchas décadas al frente del poder ha demostrado que el pueblo salió de “Cuba-mala” para entrar en “cuba-peor”.
Sí; aconteció lo que siempre pasa en las revoluciones que perpetúan líderes, y más si estos conservan el mando militar: que de la revolución y de las perspectivas de mejoras sociales y democráticas se pasa a la dictadura que implica el mantenimiento de una misma persona (por “aclamación”) al frente de un país.
Y así, la bella Cuba, la amada Cuba, la deliciosa isla cubana (que comunica más sensualidad y ambiente de fiesta que laboriosidad) se tornaron en un fortín, en una prisión casi tan inexpugnable como Alcatraz, desde que se tuvo Fidel que refugiar bajo la protección de la URSS, y tuvo que aplicar los sistemas y métodos comunistas.
Solamente la ineptitud de los sucesivos gobiernos norteamericanos (desde Kennedy hasta nuestros días) programando invasiones de tebeo y proclamando condena a la dictadura, para por detrás mantener toda la especulación comercial posible, ya ha servido como abono para mantener viva una revolución que languidecía al tiempo que se extinguía el sistema comunista soviético.
Algo hay que reconocerle, sin embargo, a Fidel: Su terquedad y su indomable espíritu de lucha frente al bloqueo que todo el mundo le sometió, si exceptuamos al indio venezolano Chávez y a algunos pocos politicastros de pacotilla; su tozudez en proclamar y convencerse que él era y seguía siendo el líder carismático, gracias a lo cual, algunos cubanos tenían ollas para preparar comida cuando el sistema lo programaba y tenían derecho a respirar cuando el gobierno no lo prohibía.
Y, bueno, como le decía el rey de España, Fidel era y es un castizo. Un inadmisible demagogo que ha ejercido de todo menos de demócrata.
Ahora, muy malito debe de estar Fidel para que pase a su hermano (el nepotismo existe en Cuba tanto como su revolución) el férreo control del país.
Hay gentes y comentaristas que esperan bastantes cosas de Raúl Castro. Yo, personalmente, nada, porque si en más de cuarenta años ha permanecido a la sombra de su hermanito consintiéndoselo todo, ahora no va a tomar iniciativas radicalmente opuestas a la trayectoria seguida mientras existe la vigilante mirada del “Comandante”.
Recuerdo que en Ucrania y Rusia, la gente de cierta edad que sabía hablar español, había estado en Cuba, bien trabajando, bien estudiando, bien de turismo, y recordaban con placer los deliciosos paisajes y ambientes caribeños y la grata compañía de los cubanos.
Inclusive, en algunos manuales de lengua rusa, todavía aparecen en los ejercicios frases a traducir o a analizar como “Mi padre estuvo trabajando de ingeniero en Cuba” o “Fui de vacaciones con mi familia a Cuba”.
¡Vaya! Por lo menos Fidel ha servido un poco de nexo de unión entre la cultura latina –de Cuba, pero heredada de España— y la eslava, ucraniana y rusa.
Al menos Fidel hizo comprensible el español a los rusos y ucranianos, como a los españoles nos hizo comprender que por encima de las nostalgias y efluvios provinientes del Caribe, solo los esnobistas podían elogiar el sistema y la cultura cubana bajo el férreo control de Fidel Castro.
Me planteaba al principio de esta “Carta” si se trata del definitivo adiós de Fidel, y creo que más bien se trata de una desaparición de escena, pero manteniendo bien sujetos en sus manos todos los hilos que manejan el guiñol.
Ese guiñol que los países democráticos de Occidente se han sentido incapaces de desmontar.
A lo mejor, es que Fidel, viéndose ya mayor, ha remirado en su conciencia y se ha percatado en que ha de permitir el paso a los más jóvenes, que para algo su hermano Raúl es tres o cuatro años menor que él.
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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