miércoles, 5 de marzo de 2008

¿Año Nuevo, Vida nueva?

Pues si, ya estamos en el Año 2008.
Ya ha pasado, al menos en España, toda esa vorágine de fiestas, encuentros, celebraciones, comidas, cenas, compras, regalos, y la innumerable parafernalia en que nuestra sociedad de consumo española ha convertido el tiempo de Navidad.
En Ucrania, por el contrario, con el Año Nuevo comenzó la celebración navideña, que culmina precisamente en el día de hoy, 7 de Enero, aunque la “prolongación” mediante “acueducto” cuasi oficial, la extenderá hasta el día 14 de enero, como ya escribí y comente en una de mis anteriores “Cartas desde España”.
El fin en España de todo ese cúmulo de celebraciones mueve a la reflexión y a la conclusión de la enorme excesividad en el festejo y el imparable consumismo en que la sociedad española se ha sumergido.
Ya antes de las Navidades, abundaron las cenas de empresa, y después, la Nochebuena, la Navidad, el segundo y tercer día de Navidad, la Nochevieja, el Año Nuevo, los Reyes…
Una barbaridad de gasto, de excesos alimentarios, de compras por encima de las propias posibilidades.
Y llegó el tiempo normal, de trabajo, de apretarse el cinturón, porque hay que proveer de fondos la cuenta bancaria a fin de atender los excesos en el uso de la tarjeta de crédito.
Personalmente, en esta ocasión me he tratado de sustraer a la agobiante sucesión de fiestas, celebraciones y gastos y he optado por irme con mi familia a “dar una vuelta por Europa”, concentrándome especialmente en el Norte y Centro de Italia, con visitas algo fugaces a tan deliciosas urbes como Verona, Padova, Venecia, Bologna, Firenze, Siena, Pisa…, lo que me ha permitido vivir en familia los días navideños, no sustraerme del todo al ambiente de los días de Navidad, que en otros países también se celebra, pero con más limitación.
Así recibir el Año Nuevo en la Piazza dei Signori, de Firenze, pareció algo más “descafeinado” aún que la eclosión injustificada del pase del año en nuestra ciudades españolas, por que en efecto, los florentinos tiraron algunos petardos y se dedicaron al sonar las campanadas a abrir botellas de Spumante (su champagne nacional), más para mojar las ropas de los vecinos que para beberlas.
Y una hora después de la medianoche, salvo los borrachotes habituales, las calles estaban desiertas.
Por cierto, se me ocurrió reservar para mi familia una mesa en un afamado restaurante de Florencia (Una Ostería) y acabamos cenando, a un precio escandaloso, unos macarrones, un solomillo al vinagre y unas gambas con tomate. Y sin ningún ambiente.
Bien. Ni tanto como en España ni tan poco y limitado como en Italia.
Recuerdo, por el contrario, con agrado, los Años Nuevos que pasé en Ucrania, especialmente en Kiev, con los grandes amigos ucranianos, en unas inolvidables cenas en las que cada uno aportó algo y colaboró en algo más; en casa de alguno de los amigos, con buena comida y mejor bebida, con la recepción del “Noviy God” ruso y del “Noviy Rok” ucraniano, al que añadimos el Año Nuevo español.; la entrega de regalos del “Abuelo Hielo” y la posterior salida a la calle, a varios grados bajo cero, para llegar hasta la Avenida Kreschyatik, y la Maidan Nezalechnosti (Plaza de la Independencia), donde actuaban orquestas y la gente aún consumía las últimas botellas del champagne ucraniano.
Me parecieron y me siguen pareciendo, más entrañables los fines de Años de Ucrania, en los que el único “pero” era el mucho frío en la calle, que se compensaba bien con unos tragos de vodka (cuando la hipertensión aún me permitía beberlo y abusarlo).
Pero los tiempos cambian y aquellos cambios de año a la ucraniana han quedado en el maravilloso recuerdo.
Pensando en todo ello, y sobre el tópico de “Año Nuevo, Vida Nueva”, me inclino a decir que el año nuevo nos ofrece perspectivas nuevas que de nosotros depende transformarlas en vida nueva o en nuevas vivencias, si bien la tendencia es a repetirlo todo.
Sin embargo, por esta vez, en España, el Año Nuevo, nos presenta ya una campaña electoral, en la que los partidos lograrán hartarnos a los españoles, con tanta promesa mentirosa y tanta agresividad; y una crisis económica que nos va a obligar a apretarnos el cinturón muy mucho.
En Ucrania, el Año Nuevo, presenta el gobierno nuevo, prácticamente inédito, que tiene ante sí la casi imposible tarea de transformar Ucrania en un país moderno, a lo occidental, mejorar la economía, eliminar el fraude y la corrupción, y conservar, pese a todo, ese alma ucraniana, que tanto subyuga y seduce a quienes la conocimos y aún la experimentamos a diario en nuestra vidas.
Feliz Año deseo a todos y Vida Nueva y más próspera también para todos.
(Incluyendo a mi aparentemente desaparecido corresponsal Igor Barrios, de quien alguien me ha dicho que ha emprendido una vida absolutamente nueva…)
SALVADOR DE PEDRO BUENDÍA

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